La fotografía
de aves esteparias*
Para
cualquiera de los que nos dedicamos a fotografiar temas de naturaleza,
siempre han existido ciertas especies emblemáticas casi intocables,
que en un primer momento representan un reto especial para nuestra actividad
dada su rareza o desconfianza. ¿Quién no ha soñado
alguna vez con un quebrantahuesos a quince metros del hide, o una imperial
posada a escasa distancia de nuestro escondite?...
Las aves esteparias
y más concretamente la avutarda, es una de estas especies ansiadas
por un gran número de fotógrafos que esperan el momento
decisivo de disparar sus cámaras sobre algún viejo macho
en celo.
Si existe algún
secreto para realizar este tipo de fotografías, éste es
sin duda el tesón, la paciencia, el irse en blanco para casa en
más de una ocasión después de una desesperante sesión
de diez o doce horas en el hide, para volver a repetir suerte al día
siguiente...
Los problemas
que se plantean son múltiples y variados: especies sumamente ariscas
y desconfiadas, amplísimas zonas de campeo y un medio físico
que ya de por sí resulta un inconveniente más a resolver
de cara a la necesidad de hacernos "invisibles" en un terreno
que se presenta absolutamente plano y desprovisto de vegetación
arbustiva.
E1 ingenio de
cada uno de nosotros a la hora de resolver este tipo de problemas, hace
de la fotografía de aves esteparias todo un desafío para
el fotógrafo de la naturaleza más avezado, que sin duda,
verá recompensado su trabajo cuando una de estas espectaculares
aves pase al fin por delante de su hide.
Equipo necesario
El
empleo de teleobjetivos de gran alcance se hace imprescindible en esta
ocasión, ya que la mayoría de las aves esteparias sienten
un recelo absoluto a todo aquello que rompe la monótona horizontalidad
de las amplias llanuras. Los teles de 500 mm, y mejor aún, de 600
mm, se hacen imprescindibles a la hora de fotografiar especies como avutardas,
sisones, aguiluchos, etc.
En cuanto a
la luminosidad de estos objetivos, si bien es cierto que cuanto más
luminosos más oportunidades tendremos de fotografiar a primeras
y últimas horas del día, debemos tener en cuenta las excelentes
condiciones de luz que suelen ofrecer las llanuras esteparias, donde con
una óptica medianamente luminosa, nunca nos faltará una
buena velocidad de obturación incluso con uno o dos diafragmas
cerrados. Yo por mi parte, suelo trabajar con un Nikon 600 mm f/4, y una
Nikon F3, equipo que aunque pueda resultar extremadamente pesado de transportar
en zonas de abrupta orografía (cerca de siete kilos), resulta muy
apropiado y fácil de trasladar desde el coche al hide dadas las
especiales condiciones de accesibilidad que nos brinda el medio estepario.
El uso de teleconvertidores
está especialmente recomendado en estas ocasiones siempre y cuando
éstos sean de la máxima calidad y estemos dispuestos a sacrificar
uno o dos diafragmas en aras de una mayor distancia focal.
El trípode
resulta otro de los elementos absolutamente imprescindibles, recomendándose
uno de gran solidez capaz de aguantar el peso de grandes teleobjetivos.
Por último,
queda la elección del tipo de película a utilizar. Generalmente
en casi todas las ocasiones tendremos suficiente con un 100 ISO, por lo
que siempre que la luminosidad de nuestro objetivo nos lo permita, deberíamos
tender a utilizar películas de grano algo más fino, como
las que nos proporcionan las películas de 64 o 50 ISO, que además
en el caso concreto de Velvia, no admite competencia alguna con cualquier
otra emulsión en cuanto a los resultados finales de calidad, grano,
definición y colorido.
Técnicas
de acercamiento
Para realizar
fotografías de fauna esteparia, resulta absolutamente imprescindible
conocer al dedillo todos y cada uno de los aspectos de la biología
y comportamiento de la especie que vamos a fotografiar.
Para ello será
necesario empaparnos antes de nada, de cuanta información acerca
de estas especies podamos recabar en libros y revistas especializadas.
Por otra parte,
el conocimiento del terreno en el que nos disponemos a trabajar también
nos resultará de gran ayuda de cara a determinar las querencias
de una u otra especie así como sus comederos, bebederos, zonas
de máxima actividad, etc.
En el caso de
no conocer a fondo el lugar donde pensamos fotografiar, resulta de gran
ayuda solicitar cuanta información les sea posible ofrecernos a
los agricultores, pastores y a cualquier persona que frecuente habitualmente
la zona, quienes en la mayoría de las ocasiones, nos desvelarán
más de algún dato sumamente interesante para el desarrollo
de nuestra actividad.
Las técnicas
de acercamiento hacia este tipo de aves son muchas y variadas, y admiten
un gran número de variaciones y cambios que la imaginación
del fotógrafo y la experiencia de éste, determinarán
como las mejores en cada caso. Todas estas técnicas se resumen
básicamente en dos grandes grupos o apartados: por una parte estarían
todas aquellas que tienen como fin el que el animal se acerque a nosotros,
y el resto, en las cuales el acercamiento corre enteramente a cargo del
fotógrafo.
Atrayendo
a las aves
En cuanto al
primer grupo, técnicas como la de el uso de cintas grabadas con
el canto de aves como puedan ser los diferentes tipos de aláudidos
o incluso el sisón, resultan de gran eficacia y garantía.
Pocos calandrias resistirán la tentación de posarse en una
piedra que previamente habremos colocado deliberadamente en medio de un
campo despejado y que a tan solo unos metros vigilaremos atentamente desde
el interior del hide. Más tarde, haremos sonar una y otra vez el
reclamo con ayuda de un pequeño radiocasete de altavoces orientables
hasta que nuestro "invitado" acuda al lugar deseado. A este
respecto conviene recordar que muchas grabaciones incluyen habitualmente
cantos de alarma, por lo que deberemos saber distinguir entre unos y otros
a fin de no dar al traste con nuestra sesión de fotos.
Dentro de este
mismo grupo de técnicas en las que intentamos atraer la atención
del animal a fotografiar, cabe reseñar el empleo de cimbeles, o
muñecos que representan con la máxima fidelidad el animal
al cual queremos fotografiar. En el caso de las avutardas y sisones, la
práctica de esta modalidad tiene sus ventajas e inconvenientes.
Sendos cimbeles
fabricados con madera y cartón fueron colocados cerca de las áreas
de campeo más querenciosas de un bando de avutardas. La reacción
de las aves fue la siguiente: en un primer momento éstas fueron
atraídas por el cimbel poderosamente, sin embargo a los pocos minutos
de descubrir el engaño, demostraron un recelo desmedido hacia su
congénere de madera, desapareciendo de los alrededores a los pocos
minutos.
En las jornadas
siguientes el uso de estos cimbeles no despertó atención
ninguna, es más, las avutardas mostraron un desprecio absoluto
hacia el área donde nos habíamos ubicado, disipándose
por tanto toda oportunidad de fotografiarlas.
La instalación
de escondites
En el segundo
de los grupos al que hacía mención anteriormente, consistente
en un acercamiento por nuestra parte al animal objeto de nuestro trabajo,
entran en juego una amplia variedad de técnicas de diversa índole,
desde el empleo de hides camuflados con pacas de paja, hides semienterrados,
redes de camuflaje, uso de maquinaria agrícola, etc.
Empezando por
el uso del hide tradicional, y más concretamente en el caso de
la fotografía de avutardas, resulta necesario observar minuciosamente
de antemano los desplazamientos diarios del bando a fin de determinar
el emplazamiento definitivo del escondite. Si fuese posible, su instalación
se realizará durante la noche con el fin de llamar la atención
lo menos posible. Resulta muy eficaz dejar montado el escondite durante
varios días en el mismo sitio, dando así tiempo a los animales
a familiarizarse con el nuevo elemento.
Las entradas
al hide se harán necesariamente antes del amanecer, ya que con
los primeros rayos del sol las avutardas comienzan su actividad cotidiana.
Igualmente, las salidas, deberán realizarse con la máxima
discreción, siendo ideal el que alguna persona nos fuera a buscar,
con lo que evitaremos que las aves nos vean salir del hide sorpresivamente.
Generalmente los lugares más frecuentados por estas aves suelen
ser en primer lugar los comederos, seguidos inmediatamente por las áreas
donde realizan las ruedas, que coincidiendo con la época de celo,
se inician a mediados del mes de marzo y se prolongan hasta mayo.
En el caso de
las ortegas y las gangas, resulta sumamente eficaz realizar esperas cerca
de los bebederos que a primera y última hora del día son
visitados por estas espectaculares aves.
El recelo de
este tipo de animales hacia el ruido de las cámaras motorizadas
es total y absoluto, por lo que deberemos insonorizar nuestro equipo mediante
el uso de un material tan barato como realmente eficaz: la goma-espuma,
que o bien en bloques previamente vaciados a la medida de nuestra cámara,
o bien enrollando varias capas de este material alrededor del conjunto
cámara-objetivo, hará prácticamente inaudible hasta
el escandaloso motor de una F3.
El alcaraván,
otra de las reinas de la fauna esteparia resulta fácil de fotografiar
cerca del nido, siempre y cuando recurramos a la técnica de acercar
progresivamente el hide durante unos días antes de la primera sesión
de fotos.
Empezaremos
por colocar el escondite a una distancia que no suponga temor alguno para
la pareja, en torno a los ochenta metros, acercándolo paulatinamente
hasta lograr la distancia ideal.
Es imprescindible
montar un hide sólido que sea capaz de aguantar varios días
seguidos incluso la lluvia y el fuerte viento sin salir volando por los
aires. Para esto resulta ideal el empleo de pacas de paja, que además
componen una figura habitual en el paisaje frecuentado por estas aves,
logrando de esta manera un mayor grado de aceptación del nuevo
elemento por su parte.
La fotografía
de aláudidos en el nido es una modalidad totalmente desaconsejable
debido al riesgo que estas pequeñas aves corren de cara a evitar
la presencia de predadores como los zorros, que son atraídos involuntariamente
por nosotros mismos a través del olor casi imperceptible que dejamos
después de haber permanecido varias horas dentro del hide.
Como se puede
deducir viendo todo lo anterior, la paciencia y las largas horas de observación
resultan imprescindibles para lograr el éxito en este tipo de fotografía,
pero aún para el fotógrafo que no disponga de este tiempo,
existe la posibilidad, siempre interesante, de realizar fotografías
desde el tractor que algún agricultor nos pueda facilitar. Resulta
sorprendente observar el poco temor que muestra un bando de avutardas
ante la presencia de una de estas máquinas arando a pocos metros
del grueso del grupo, si bien es necesario puntualizar que estas distancias
no son igualables a las que podremos obtener con un poco más de
paciencia desde el interior de un hide.
Otros
métodos
Por último,
el uso del control remoto es una técnica que nos puede deparar
cierto éxito si centramos nuestro trabajo en los lugares habituales
en los que una determinada especie suela posarse, tales como los montones
de piedras, postes, etc.
Para llevar
a cabo este tipo de fotografía, conviene insonorizar la cámara
previamente, así como camuflar en la medida de lo posible el conjunto
del trípode-cámara y objetivo.
En cuanto a
la elección de perspectiva de las tomas, hay gustos para todos.
Hay quienes prefieren situar la cámara muy cerca del suelo, e incluso
llegan a enterrar el hide en un pequeño hoyo para lograr un efecto
diferente al que presentan las fotografías a una altura nE1mal.
El fondo con cielo o con algún paisaje desenfocado son otras de
las elecciones a tener en cuenta. Es necesario recordar la necesidad de
situar correctamente el trípode, con lo que evitaremos el típico
fallo que supone observar ciertas fotografías con la línea
del horizonte inclinada hacia una esquina.
Por último
cabe indicar que las poblaciones de casi todo este tipo de aves se encuentran
en franco proceso de recesión debido a muy diversos factores. Es
responsabilidad de cada uno de nosotros aplicar con el máximo rigor
el código deontológico marcado por nuestra propia asociación,
debiendo tener en cuenta que además, para fotografiar este tipo
de animales, es a menudo necesario contar con la pertinente autorización
de la comunidad en la que nos encontremos, y muy especialmente, si trabajamos
en alguna zona protegida como puedan ser los parques nacionales o las
reservas de caza.
*Publicado en
el número 3 (Verano de 1997) de la revista Iris
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