¿Qué
extraño placer experimenta el fotógrafo que oculto
en su hide desde primeras horas de la mañana y entumecido
por el frío, vuelve un día y otro al mismo lugar
para tratar de fotografiar a esa esquiva ave, que jornada tras
jornada no parece estar dispuesta a ponerse frente al objetivo?.
Quizá para la gran mayoría de las personas la
sola idea de permanecer varias horas inmóvil y acechante
en un espacio que generalmente no supera el metro cúbico,
roce en la estupidez o quizá vaya algo más allá
de la demencia. Unicamente el placer indescriptible de tener
durante unos instantes frente a frente a esa esquiva especie
que tanto nos a hecho sufrir, y más aún, el sonido
de la cámara al disparar ...