ETNOGRAFÍA

CULTURA POPULAR

TRADICIONES

FOLKLORE

COSTUMBRISMO

                                      VIVA LOBEIRIÑA, VIVA

                                       CON TODOS OS ARREDORES

                                        TERRA DE BOAS CASTAÑAS

                                        ¡¡¡VIVAN OS APAÑADORES!!!

           

 

 

 

POBLADO MEDIEVAL DE A RAMALLOSA/A FRAGA

24 DE SEPTIEMBRE DE 2000

 
     

Hemos realizado una interesante excursión el día 24 de septiembre de 2000. Tratamos de localizar los restos del poblado medieval de A Ramallosa, en la parroquia lobeirense de A Fraga, ya estudiado por don Xoaquín Lorenzo en 1933. Nos sirvió de guía don Antonio Álvarez, experto conocedor del terreno e hijo del mítico "carteiro da Fraga" ya fallecido, y llamado asimismo Antonio Álvarez. En primer lugar, lo que nos sorprendió fue el que tomásemos el camino que va desde el pueblo de A Fraga hasta el llamado marco fronterizo "31", en el paraje conocido como "Grama do Corno Dourado", enclave legendario y que nos ha proporcionado un abundante folclore. Fuera ya de las relativamente cercanas escaramuzas carlistas, un somero examen del terreno nos permite vislumbrar la existencia de dos dólmenes, muy próximos entre si y en un admirable estado de conservación. A su vera creció la tan conocida leyenda de la "moura", que sorprendía al solitario viajero con una "trabe" (viga) de oro o de alquitrán. Asimismo, es de destacar que el marco 31 esta colocado encima de un tercer dolmen llamado "Mota de Meda" o "Cabeza de Meda", a 1.319 metros de altitud sobre el nivel del mar, en un sitio azotado por todos los vientos y en el que no es raro ver nieve incluso en el mes de junio. Es en este paraje donde se encuentra la famosa "Fonte do Saltón", donde se puede beber un agua tan fría, que todo insecto que cae en ella perece sin remedio e instantáneamente…Aquí entraban en contacto los pastores de A Fraga con sus vecinos portugueses de la aldea llamada Portos, braña de la feligresía lusitana de Castro Leboreiro. Las cantigas de desafío, mitad en broma, mitad en serio que se dedicaban unos a otros, todavía son recordadas por los habitantes de ambos lados de la raya fronteriza, valiendo realmente la pena el asistir a cualquiera de las pintorescas romerías de Castro Leboreiro, en las que hace poco tiempo hemos podido asistir a un auténtico duelo verbal y musical entre un "fragueiro" y una "castrexa". De lo que hablábamos en un principio, poco hemos podido ver. Aparte de una extraordinaria sensación de desolación y de aislamiento, los restos de las cabañas de pastores que aquí había están tan deteriorados que se hace difícil incluso con un gran esfuerzo de imaginación el poder recrear lo que allí en tiempos hubo. En la foto número uno podemos apreciar un montón de piedras que sugiere la existencia de una cabaña, pero haría falta como mínimo una excavadora y un equipo de especialistas para remover tal cantidad de material y alcanzar los cimientos de la misma para poder realizar un croquis. Lo que realmente nos llamó la atención es la calidad de la tierra que subyace bajo las ruinas de las antiguas cabañas. Ya don Xoaquín Lorenzo, estudiando otros refugios de pastores del Leboreiro, halló gran cantidad de estiércol bajo las losas de lo que parecían restos de construcciones medievales pastoriles. En la foto número 2, se nos ofrece una perspectiva del camino Fraga-Portos con el llamado "Corno Dourado" al fondo. Es de destacar la grandísima cantidad de piedras de todos los tamaños y formas posibles, repartidas por doquier, lo que nos hizo pensar en una paulatina destrucción del poblado de A Ramallosa, cuando este fue abandonado en detrimento de A Fraga. Respecto a la leyenda del abandono de ancianos en estos parajes cuando ya no fueren útiles a la sociedad, para morir de inanición y devorados por las alimañas, apenas los vecinos de A Fraga recuerdan algo al respecto; percibimos una cierta reticencia a comentar el tema, que hizo que nos echásemos atrás al preguntar acerca de esto. Don Fermín Bouza Brey, en su trabajo "Referencias a una eutanasia familiar primitiva en el folclore gallego-portugués", recoge muchas de estas leyendas. Ello nos hizo pensar en la persistencia y afloramiento constante del legado legendario indoeuropeo, que desde Indostán hasta la Isla de Man apenas ofrece variaciones importantes en su oferta mitológica. De todos modos, pocos caminos hemos conocido que en tan escasos kilómetros recorran cinco mil años de historia, de leyenda, de mito, de costumbres. La sensación que nos dio cuando estábamos sacando estas fotos es la de estar en lugar sagrado, de haber encontrado por fin el primitivo núcleo fundacional de A Fraga, aquel cenobio quizás pastoril, quizás eremítico, y dependiente del monasterio de Cabaleiros. Recordemos que la feligresía de A Fraga no alcanzó su independencia parroquial hasta 1893. En la foto número tres podemos ver a don Antonio Álvarez, que amablemente nos acompañó y quiso posar para nuestra galería antropológica. Gracias de nuevo, don Antonio. Por último, y sin una relación directa con este tema, en la foto número cuatro podemos ver a Nazaret García Rodríguez, nacida el 1 de septiembre de 2000; aparece aquí por ser la primera niña nacida en Lobeira en este año. Su sangre sueva y visigoda, kallaikoi y romana le hace mirar con cierto recelo el ordenador…Todo es cuestión de acostumbrarse.


volver

volver

volver

volver Nazaret, con apenas veinte días de vida.

 

PARTIDA DE CARTAS EN LA ROMERÍA DO VISO

LOBEIRA, 3 DE JUNIO DE 2001

 

        Una de las cosas más interesantes que se puede estudiar desde el punto de vista antropológico en la vida cotidiana de los habitantes de las tierras de Lobeira es el uso del tiempo de ocio. Siempre nos ha llamado profundamente la atención el hecho de que la dicotomía existente entre ocio y trabajo se ve aquí diluida, sin que exista una frontera neta entre el mundo laboral y el meramente lúdico. Esto nos retrotrae a la noche de los tiempos, al lejano y a la vez cercano mundo del megalitismo, cuando una honda espiritualidad impregnaba todos los actos de las personas.

        Estábamos un grupo de personas descansado bajo un toldo después de la misa y de la comida campestre de la romería de O Viso, charlando de cosas aparentemente insustanciales, cuando nos percatamos de que un grupo formado por seis hombres estaba enfrascado en una partida de cartas, absolutamente ajeno a todo cuando le rodeaba, habida cuenta del bullicio propio de un día de fiesta. En estos tiempos de cultura "Light", como magistralmente señala el profesor Rojas, estas personas, impermeables a la tónica general de aculturación, mantienen con firmeza sus tradiciones sin dejarse influenciar por las pasajeras modas que convierten a los individuos en meros sujetos pasivos y consumidores de productos, aniquilando así su individualidad, su independencia, y, en suma, el ejercicio de sus libertades y destino vital.

        Se observa en el grupo (tras la imagen del que esto suscribe), a cuatro personas que son las que participan de un modo activo en la partida de cartas, sentados de modo perpendicular en la típica mesa de tablero de los bares ambulantes, iconos omnipresentes e imprescindibles en las fiestas y romerías de nuestra tierra. A su vez, cada grupo de contrincantes se ve "asesorado" por una persona, que sin participar directamente en la partida, si comenta expresivamente cada una de las jugadas de sus "asesorados". El hermano de uno de los jugadores, ajeno al desarrollo de la partida, aunque observándola a cierta distancia y unido momentáneamente a nuestro grupo nos comentó que llevaban jugando, absortos, unas cinco horas sin cambiar de postura tanto ellos como sus "asesores". Es de resaltar que el objetivo último del juego es lisa y llanamente el de vencer al contrario, pues si bien la pareja perdedora se ve obligada a pagar el importe de las bebidas consumidas en cada partida, este es generalmente de escaso valor, nada comparable al mérito y satisfacción de los ganadores que ven así reafirmado su sentido del honor. No hay que olvidar que el "tute" es un juego de naipes en el que la astucia, la inteligencia, la constancia y la atención y concentración continuadas son factores que influyen más en el resultado global que la mera fortuna. Estas cualidades, a nuestro entender, serían fundamentales y básicas para sobrevivir en esta tierra, en la que hasta hace pocos años se mantenía un frágil equilibrio entre el hombre y la naturaleza en medio de unas condiciones ambientales que cuando menos deberían de ser calificadas de durísimas.

        Los seis participantes son naturales todos ellos del municipio de Lobeira, más concretamente de los pueblos de Senderiz, Parada do Monte, A Fraga y Taboazas. Son lugares situados en la "raya" fronteriza con Portugal, y estrechamente vinculados desde el neolítico al pastoreo extensivo y al cultivo de cereales, especialmente el centeno. Este "modus vivendi" motivó allá por 1920 que el etnolingüista alemán Fritz Krüger, profundo conocedor de la zona, afirmase que "en los pueblos de la Baixa Limia se conservan formas culturales de gran antigüedad". Dichas formas culturales, entre las que no podemos evitar incluir aquellas como la utilización del tiempo de ocio, siguen vivas hoy en día, a pesar como antes se indicaba, del proceso general de forzosa homogeneización y aculturación que sufre Occidente, el gran universo indoeuropeo. Es por todo ello que estas personas, en una sencilla pero profundamente simbólica y significativa partida de cartas representan un monumento fiel a la forma de vida en la cual se educaron, resistiéndose a perder sus formas culturales, su identidad; en definitiva, su libertad.

 

 

GRABACIÓN DE LA PELÍCULA "EL HOMBRE Y EL CARRO"

FACÓS, LOBEIRA, 1940/1945

 

Este texto ha sido elaborado especialmente para esta página por don Emilio C. García Fernández, Catedrático de Historia del Cine de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, que aunque nacido en Ribadavia está vinculado familiarmente a Entrimo. Desde aquí queremos testimoniarle nuestro más profundo agradecimiento por este estudio acerca de la mítica película "O carro e o home", inédito hasta la fecha.

 

EL HOMBRE Y EL CARRO (1940-1945)

Sinopsis

[del texto del narrador]

He aquí la tierra de la Limia Baixa regada por el río del olvido, nuestro río Limia, en donde se va a seguir la vida de un ayudante de nuestro campesino, casi un familiar: el carro.

El carpintero especializado, el fragueiro, va a la búsqueda del árbol del que va a salir el nuevo carro. El carballo es necesario que esté bien crecido para que responda a los trabajos que se le van a exigir. Entran en juego el hacha y el tronzador, y el árbol cae.

Inmediatamente, se cortan las diversas partes perfectamente clasificadas y preparadas para su transporte. Los vecinos con sus carros acuden para trasladar los trozos del árbol al taller del fragueiro que dará comienzo a su trabajo. El traslado, que es gratuito, se recompensa con una comida que es casi una fiesta para los vecinos.

Mientras, en el taller van cortando las tablas y comienza el fragueiro su trabajo: Se explica con detalle el diseño y el equilibrio que debe existir en el trazado de cada cheda, cadea y el sillado con los que el carro toma cuerpo, en el que un buen fragueiro nunca utiliza clavos de hierro sino sólo tornos de madera con los que une cada una de las piezas. Después de construido pasa a marcar y preparar la rueda y a colocarle el aro.

Rematado el carro, comienza entonces su vida activa. Una mañana el campesino coloca el yugo a las vacas situadas estas junto al carro; salen del patio de la casa y comienza su rodar y su trabajo, su vida que será la que le lleve a su destino final, destino de todos los aparejos, pero que en el caso del carro como verdadero familiar del campesino tiene unas condiciones y un trato que no todas las herramientas rurales tienen.

El carro puede llevar de todo: leña, patatas o maíz, otras veces es abono para el campo o tojo que viene del monte para la cuadra.

La malla, fiesta y trabajo, tarea comunitaria, una de las más queridas por los campesinos. Cada hombre ayuda a su vecino a mallar el grano, el grano que sale de la mies que lleva el carro. La comida, los cantos y los cuentos, todos compiten para ver quien maneja mejor el mallo y quien saca mejor grano.

El carro puede ser manejado por cualquiera, hasta por un niño, pues las vacas tienen la mansedumbre y la fuerza de todo lo que es grande; un niño puede conducirlas sin ningún problema.

Con todo, la nota más característica de nuestro carro es que hace el mismo su camino. El monte no es para él obstáculo, no necesita caminos. Con cualquier carga, el carro circula por los montes, baja cuestas sin precisar un camino.

El carro se aligera de su carga: el heno, la paja, la leña se guarda.

Y mientras el hombre trabaja con el carro en sus tierras, las hijas, las vecinas trabajan también en el lino, tarea dura pero querida, como todas las faenas del campo.

La viejas hila rematando el trabajo de las jóvenes que después continúan en el telar tejiendo las telas que han de vestir a sus hijos y a su marido, siguiendo siempre el compás de la vida, el compás de los trabajos del campo.

Pero el tiempo pasa y las tareas comienzan a hacer mella en el carro. Un día el eje debilitado rompe. El fragueiro intenta arreglarlo provisionalmente para que todavía pueda rematar su camino.

Con estos apaños, el carro sigue trabajando hasta morir. Pero su muerte no es como la de otras herramientas del campo. De hecho conserva su armazón que colgado de la pared del patio, respetado por su dueño, queda a la espera de que el tiempo lo vaya deshaciendo poco a poco, hasta desaparecer.

Y el carro seguirá rodando dando aire a la queja de la tierra sometida y el canto de esperanza de un mañana quizás lejano, pero seguro... Y sigue rodando de cara al porvenir.

 

Comentario

El documentalismo español ofreció en los años cuarenta algunas muestras de indudable interés, recuperando las líneas desarrolladas en el primer lustro de los años treinta por directores como Carlos Velo y Fernando G. Mantilla, entre otros. El director orensano Antonio Román fue uno de los más activos y entre su producción destaca este trabajo, El hombre y el carro, que sin duda está muy vinculado a otro que el mismo director afrontó en 1935 con el título Canto de emigración. Romance en imágenes sobre motivos gallegos.

Hablar de El hombre y el carro supone recordar uno de esos ejemplos en los que además de realizar una obra cinematográfica cuidada se pretendió elaborar, a través de las imágenes, el documento etnográfico que permita entender las costumbres de un pueblo, de una región, plenamente integrada en el entorno que les ha visto crecer.

El hombre y el carro es, pues, un cortometraje documental de carácter etnográfico sobre la construcción de un carro, el carro gallego, medio necesario para la supervivencia de un pueblo. No es de extrañar que detrás del proyecto cinematográfico estuviera Joaquín Lorenzo "Xocas" porque, además de ser uno de los más importantes etnógrafos gallegos fue, quizá, el máximo especialista en el tema. Precisamente, y a partir de estos estudios, el etnógrafo Xesús Taboada Chivite en el capítulo "Cultura material y espiritual" recogido en el libro colectivo "Los gallegos" (Madrid: Istmo, 1976; Págs.. 149-218) apunta algunas ideas que permiten entender el mensaje de este documental. Señala el autor que el carro "constituye un eficiente auxilio en las tareas agrarias de Galicia. Suele ser de madera de roble o alcornoque, y el eje de fresno para su más ruidoso chirrido y por su materia dura. El canto del carro es alborozo musical del mundo campesino y las tonalidades de su vibrante tornillo sirve, incluso, para diferenciarlo entre los que en la aldea existen".

Desde el punto de vista cinematográfico cabe señalar el relato descriptivo que se dio a la historia, con el fin pedagógico de mostrar los vínculos que se establecen entre el hombre y el carro, la casa y el campo, y cómo la vida puede ser otra con la existencia de ese medio de transporte-trabajo y sentir su ausencia cuando el tiempo rompe la vitalidad de su eje. Desde la selección del árbol apropiado hasta ver cómo el esqueleto del carro -desde el cabezallo hasta o soallo- se va descomponiendo en la pared de la casa, en una vejez a la que se llega tras portar todo tipo de forraje por angostas corredoiras, bajo fría lluvia y sol abrasador, las imágenes evolucionan serenamente al ritmo que marca el carpintero, un especialista en dar forma y vida a la madera seleccionada para la ocasión, y el herrero, quien le complementa necesariamente.

El documental recoge los pormenores de un ritual en el que mucho tiene que ver el carácter vecinal de los gallegos, en la colaboración en la vida diaria de la aldea, en la visión que se tiene del hombre frente a las herramientas que utiliza para su supervivencia.

Antonio Román remarca puntualmente, con un tipo de planificación claramente influenciado por la vanguardia soviética de los veinte y también por los trabajos del maestro documentalista Robert Flaherty, el trayecto de la historia, acentuando aquellos gestos y momentos en los que convenía integrar al ser humano con la Naturaleza ejemplificada en la lucha del tronzador con el tronco recién cortado del que hay que extraer las tablas, el yugo colocado a las vacas, los mallos volando bajo un cielo azul, moviéndose al ritmo de un grupo de rostros que parecen pasarse el testigo de la historia, y las jóvenes que golpean con intensidad el lino y la anciana que hace girar en su rueca.

El detalle de los planos se ve compensado con gran equilibrio con el seguimiento en la distancia del grupo que transporta los trozos del árbol y carreta la cosecha hacia el pajar, conjugando la mirada diáfana con el contraluz proyectado en un horizonte recortado entre la tierra y el cielo.

Creemos conveniente detenernos, para finalizar este texto, en las imágenes relativas al grupo de mujeres que golpean el lino, la anciana que va enredando, elaborando el hilo en la rueca y los hombres que mallan el trigo. Creemos, tras el visionado de las imágenes de ambos trabajos, que el contacto de Román con el cine en los primeros años treinta, en los que como hemos señalado dirige el documental Canto de emigración. Romance en imágenes sobre motivos gallegos (1935), permite entender la similitud que se encuentra entre las imágenes de El hombre y el carro y las que Velo planificó en Finis Terra (Galicia) (1936), entre las que existen casi un calco en la propuesta visual de los planos de las mujeres, la anciana y el grupo de hombres que mallan, remarcando rostros, movimientos de manos, de mazas, de mallos, que, en cualquier caso, abundan en el interés por el ritmo de la historia y por la fuerza de la imagen, referencias ineludibles de los maestros soviéticos del cine mudo.

 

Datos complementarios

Conviene destacar la vinculación que se establece indirectamente entre Cecilio Paniagua y Román con las Misiones Pedagógicas, en las que ambos colaboraron (como también lo hizo Carlos Velo). Román quiso disponer de Paniagua para la fotografía del documental, pero no lo conseguiría hasta los siguientes cortometrajes.

La productora P.A.C.E., S.L. (Producción Asociada Cinematográfica Española, SL.) en los años cuarenta fue dirigida por Ricardo Morana Cueto y asumió el cargo de vicepresidente de la misma Carlos Serrano de Osma.

Según consta en los archivos del Ministerio de Cultura, la productora solicitó el permiso de rodaje correspondiente que le fue expedido el 31 de Julio de 1940.

En el mismo expediente consta que el rodaje tuvo lugar entre el 10 de agosto de 1940 y el 31 de agosto de 1945.

Pasa la correspondiente censura el 3 de septiembre de 1945.

Recibió un premio del Sindicato Nacional del Espectáculo.

En distribución llegaron a circular hasta seis copias: La quinta solicitada el 4 de octubre de 1948 por Balet y Blay SL. (que fue tirada en los laboratorios Cisae de Barcelona); la sexta fue tirada el 25 de enero de 1949 en los laboratorios Cinematiraje Riera.

 

Ficha técnico-artística

Producción: P.A.C.E.

Jefe de producción: Manuel Morana.

Director: Antonio Román.

Argumento y guión: Antonio Román y Xoaquín Lorenzo.

Fotografía: Antonio Román.

Montaje: Antonio Román, Carlos Serrano de Osma.

Ayudante de dirección: Carlos Serrano de Osma.

Narrador: Xoaquín Lorenzo.

Intérpretes: Vecinos de la zona de Lobeira.

Duración: 11,37 min.

Metraje: 317 metros.

Procedimiento: Blanco y Negro.

Laboratorios: Arroyo.

Distribución: P.A.C.E.

 

Bibliografía

COIRA, PEPE: *Antonio Román. Director de Cine. A Coruña. Xunta de Galicia. 1999.

FERNANDEZ COLORADO, Luis: *Cecilio Paniagua, arquitectura de la luz. Almería. Diputación de Almería 2000.

GARCIA FERNANDEZ, Emilio C.: *Historia del cine en Galicia. 1896-1984. La Coruña. La voz de Galicia. 1985.//*Historia Ilustrada del Cine Español. Madrid. Planeta. 1985.//*Diccionario Filmográfico de Galicia. Lugo. Coordenas. 1993//*A imaxen cinematográfica durante o franquismo (1940-1970), en Castro de Paz, J. L. (coord.).//*Historia do cine en Galicia. A Coruña. Vía Láctea. 1996.

 

 

 

 

 

TABOAZAS, NADAL DE 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNHA VIAXE INICIÁTICA:

DAS QUINTAS - Á FRAGA

11 DE NOVEMBRO DE 2001

         

              Domingo do mes de Santos. O viaxeiro sente a chamada da serra, a voz dos seus devanceiros; o "aire do lobo". Despois dunha suculenta comida, digna dun día de malla, o viaxeiro, ao que lle apetece dar un paseo, vai coller o coche, aparcado na Chaira do Santo, a vella praza das Quintas. Vai moito frío, malia o sol. Leva días sen chover, cousa inusual nestas latitudes; vese todo queimado da xeada. Pensa que nestas duras terras de montaña non hai termo medio; ou chove constantemente ou a seca estraga as terras. 
        O primeiro que ve, o pazo dos Texada. Pazo ou casa grande, que máis ten. Ben seguro que no balbordo antifrancés de 1809 algúns dos cabaleiros  que artellaron a Xunta de Lobeira foron hospedados nesta nobre casa. O canastro que ve en primeiro termo, ¡Cantas e cantas espigas de millo levaría gardadas no seu interior! Cantas herdades a medias cos seus productos entregados en virtude de antiquísimos contratos privados de explotación "a medias" das propiedades de Lobeira. 
        O viaxeiro ralentiza a marcha, contemplando ensimismado e saudoso aquel señorial e ao mesmo tempo tremendamente familiar conxunto arquitectónico, muda testemuña dos seus xogos da nenez.
        

                A tentación de ver o interior do canastro é demasiado forte para podela resistir. A actual propietaria do hórreo está a arrombar millo e castañas nel, e amabelmente comenta ao viaxeiro que este ano as castañas son máis ben escasas, pero moi saborosas, e respecto ao millo poderíase considerar un ano normal. Anque cumpría que chovese, o tempo é óptimo para o secado do millo. Millo que alimentará as galiñas e os marráns,  aos que dará ese sabor tan característico dos animais domésticos criados "na casa". Cantas parellas de noivos se formaron nas esfollas do millo; cantas contribucións se pagaron coa venda do millo; cantos conflictos polas augas da rega nas calorosas tardes de verán; cantas vacas se alimentaron co millo na calor das súas cortes... 
        Aínda que pareza un feito trivial, este "modus vivendi" está a piques de desaparecer, e o viaxeiro pregúntase porqué este sistema productivo que hai uns oito mil anos que se practica, claro é, substituíndo millo miúdo ou paínzo polo millo groso, está condenado á desaparición. Tristemente, o rendible a curto prazo substitúe o eterno...
      
   
    

 

             ¡¡¡Castañas, castañas, castañas!!!
  
       Os romanos impuxeron a palabra "castanea", mais os castrexos "inventaron" o costume do magosto. Estrabón fala dos Kallaikoi alimentados case todo o ano con castañas e landras. Coitados dos nosos antepasados, sen millo nin patacas, sen casas a penas para se gorecer, mais cun impulso vital que obrigou os romanos a se empregar a fondo para os someter. Se cadra eran ben máis felices ca nós.  O viaxeiro lembra as horas ditosas nas que leu os marabillosos artigos de Krüger e Ebeling sobre o cultivo galego da castaña. Considera superior o cariz ritualístico da castaña ao que poden ter outros productos, mesmo o millo. 
        Castañas e centeo cargados de simbolismo. 
        Castañas que saben a gloria, nas tardiñas de orballo e néboa, e cando sopra con forza o aire do Xurés, gorecidos os lobeirenses nas cociñas de afumar escoitando con atención os contos dos vellos.
        Castañas de Lobeira que van nas outonizas tardes de domingo cara a Vigo, Ourense, Allariz ou Barcelona, e que alimentan a saudade dos naturais de Lobeira, adaptados [non sen certas dificultades] á vida urbana e sempre co recordo obsesivo de Lobeira, a terra nai omnipresente en todas as facetas da vida, e a través do prisma da cal se ve e se interpreta a totalidade da existencia, tanto en Ourense coma en New York, tanto en París coma en Caracas.
        O viaxeiro é, gracias a Deus, agasallado cunhas poucas castañas.
        ¡¡¡Castañas, castañas, castañas!!!
         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            

            O viaxeiro lembra o que escribiu en 1962 don Xoaquín Lorenzo sobre esta casa: "No lugarciño da Fraga (Lobeira, Ourense) atopamos unha destas casas con primeiro andar, ó que se rube por escaleiras exteriores, quedando o baixo destinado a facenda. A lareira atópase no piso, sobor dunha lousa grande de pedra que apoia en dúas das trabes do piso. Un tabique de madeira divide a vivenda en dúas dependencias, unha prá cociña e comedor e outra pra dormitorios. Tén tellado de colmo a dúas augas e un pequeno ventaniño na parte posterior".
       
Esta casa foi fotografada en 1933, aparecendo a súa imaxe publicada por primeira vez na obra de Xoaquín Lorenzo, publicada en Alemania en 1943, "Das bauernhaus in unterem limiabecken, Orense, Spanien". As fotografías foran tiradas dez anos atrás por Lorenzo, Cuevillas e Schneider, nunha das numerosas excursións científicas á Serra do Leboreiro. Posteriormente, a mesma casa voltou a aparecer no Tomo II da "Historia de Galicia" realizado por Xoaquín Lorenzo e publicado en Buenos Aires en 1962. 
   
         O viaxeiro comproba que o tempo non pasa en van, e ve que o primitivo teito de colmo foi substituído por outro de uralita, eminentemente máis práctico, mais que fai perder forza telúrica ao conxunto. De tódolos xeitos, é curioso resaltar como a parte superior da casa, rematada agora en bloques prefabricados, aínda conserva a forma ovoidal orixinal, adaptándose perfectamente á parte inferior, conservada intacta.
        O viaxeiro imaxina os estudiosos que fotografaron a casiña por primeira vez en 1933, e daría algo por podelos ver no seu contexto orixinal. Pensa e pensa que a casiña pode ser unha supervivencia das casarellas das citanias castrexas, pero non ve continuidade estilística coas casas, todas elas cadradas, que a arrodean.
        Os acompañantes do viaxeiro coméntanlle que a casiña é redonda por una simple cuestión de enxeñería vial: Se fose cadrada, un veciño que vivía moi cerca non daría pasado co seu carro de vacas ata a súa casa...
        O viaxeiro segue o seu camiño cara á eira de mallar o centeo. Anque o mallo pertence xa só ao recordo, aínda a malladora mecánica vén todos os anos facer o seu labor á Fraga. Espera poder asistir o vindeiro ano.

 

 

 

 

 

 

A CASIÑA DO REI: 

UNHA LENDA CASE ESQUECIDA

MONTE COMUNAL DE SANTA EUFEMIA DE PARADA

NOVEMBRO DE 2000

            Hai tempo escoitamos gracias a un ancián veciño de Parada do Monte, a lenda que dá título a este artigo. Intentamos profundar na súa orixe e significado, e atopamos nun vello traballo de Xoaquín Lorenzo información sobre ela. Velaquí tal e como lle foi relatada en 1933 ao noso ilustre veciño :
           

            "Hoxe non é mais que unha pedra, pero denantes era unha casa na que vivía un labrego moi rico. Tiña trece becerros a pacer na Cabreira e moitas herdades, nas que collia pan para todo o ano. Co-il vivía unha filla, que era a mais bonita de toda aquela partida.
            Unha vez apareceulle ali unha caninea de militares que viñan po-la Serra e que pidiron ô labrego que os deixase descansar na sua casa. Il deulles pousada, mais tiña medo que a sua filla andivese no medio de aquela xente e tivoa escondida sin-a deixar sair.
            Un dia un de aqueles homes chegouse ô dono da casa e dixole:
            -Ai, ho. Ti sabes a quen tés na casa?
            -E logo, señor, que é?
            -Pois éche o Rei.
            -Está ben, señor. Que Diol-o garde. Que comer na miña casa non lle ha faltar a il e ôs que o acompañan.
            Mais o bo do home comenzou a se pór caviloso, pois si estaban ali moito tempo podianlle ver a filla.
            O Rei viuno así un dia e preguntoulle:
            -E ti que tés, ho? Porque andas tan preocupado?
            Entón o labrego contoulle que tiña â filla escondida e que non-a queria deixar sair por medo dos militares que ian co Rei.
            O Rei, cando o oupo, xuntou â sua xente e dixolles:
            -O noso patrón ten unha filla, mais por medo a vós tena escondida. Dende hoxe vaina deixar sair. Si algún de vós se estreve a mirar prêla, fagoo matar.
            Así pasou algún tempo, mais un dia toda aquela compaña acordou marchar.
            O Rei chamou ô labrego e dixolle:
            -Estivemos moito tempo na túa casa e ti tratachenos ben. Dime que queres, que cho concedo dende logo.
            E o labrego dixolle:
            -Eu, señor, non quero nada. Cando Dios dá, dâ pra todos. Que Il vaia convosco.
            Mais o Rei insistiu en que pidise algo, e entón dixo o labrego:
            -Pois xa que hei pidir algo, quero que Lobeira non dé soldados  ô rei e que non pague contribución.
            E o Rei concedeullo".

            A versión que nos contaron en 2000 non difire moito da que lle contaron a don Xoaquín. O noso informador, o señor Antonio, de 82 anos, fai moita énfase na riqueza da casa do labrador onde se acolleu el rei: "Seica estaban a saír as derradeiras cabras da corte do labrador, e as primeiras que saíran xa ían en Salgueiro; /paraxe pétrea entre A Fraga e Taboazas/ nesa casa debían botar moito centeo, porque cando iamos os pastores coa res ao monte, comentabamos que aínda se coñecían os sucos que en tempos deixaran os labradores naquelas terras. Tamén en Val de Bragadas hai pedras coma as da casiña do rei, con asentos para as trabes de madeira".

            Parece evidente a relación da lenda coa concesión a Lobeira do seu foro municipal, alá por 1228. Mais sempre nos chamou a atención o feito de que a monarquía medieval outorgase a un lugar tan "remoto" como o noso concello un documento tan importante.
            Analizando o traballo de Xurxo Lorenzo sobre o foro de Lobeira, decatámonos de que o autor se extraña da disposición segunda do documento, pola que se establece que o número máximo de poboadores do reguengo non supere os trescentos, o que entraría en contradicción co espíritu repoboador que inspiraba os documentos públicos desta época. Julio González, o máximo especialista na vida de Alfonso IX, monarca que concedeu o foro, non exclúe a posibilidade de que el rei estivese na zona cando ao principio do seu reinado se dirixía cara a Portugal, desterrado por intrigas pacegas, intrigas que non chegarían a coallar; podería ser que fose coroado en Lobeira, e que houbese estado refuxiado nesta paraxe, agardando o desenlace dos acontecementos. Estas terras pertencerían seguramente a un rico labrador e gandeiro da zona.
           
Para visitar o monumento, cómpre coller a estrada Parada do Monte-A Fraga. Segundo se sobe, hai que coller unha rodeira á man dereita, xusto en fronte da que sae para Pena Franqueira, da que nos ocuparemos outro día. A douscentos metros escasos da estrada, e nun lugar fermoso e solitario, atopamos a pedra, que como se ve na fotografía, aínda conserva algo que parece ser os asentos das trabes de madeira que no seu día formarían o teito da vivenda.
            Lenda ou realidade, non é difícil imaxinar un rei triste e desterrado, con dezaoito anos, en 1188, cando Galicia e León eran un só reino, cando a monarquía era aínda unha institución ben fráxil, cando a vida das persoas a penas tiña valor. A orixinal lenda aí está, e somos libres de interpretármola como queiramos.

           
           

 

SUPERPOSICIÓN DE CULTURAS

PARADA DO MONTE, 25 DE NOVIEMBRE DE 2001 

 

 

        Es corriente en el paisaje rural de Galicia la coexistencia pacífica, y hasta armoniosa, de elementos pertenecientes a culturas muy distantes en el tiempo y en el espacio. Nos encontrábamos en la entrada al pueblo de Parada do Monte, justo al lado de su mítico campo de la fiesta, donde tantas y tantas estrellas de la canción en tiempos actuaron, en aquellas inolvidables veladas en las que se rivalizaba con la vecina parroquia de San Xes para congregar más público. 
        En primer término, el señor Ernesto, de 76 años, que acompaña a su caballería y a su pequeño rebaño de cabras, pues, a pesar de ser domingo, para el ganado no existen festivos. A pesar de su avanzada edad, Ernesto guía con seguridad y experiencia sobrada la pequeña hacienda. Esta actividad, como tantas otras ligadas al mundo campesino, está a punto de pasar a ser un mero recuerdo. A su lado, prudentemente arrimado a la derecha para dejar paso expedito al grupo, un automóvil con cierto aire ostentoso y un color no habitual por estas latitudes, que denuncia su procedencia extranjera, a pesar de su re-matriculación española. En tiempos esta escena era muy frecuente, tiempos en que el contraste entre los automóviles extranjeros y los nacionales era muy acusado. Emigrantes en vacaciones, quizás definitivamente retornados, se dirigían a sus casas, generalmente en vacaciones de Navidad o verano. La estrechez de las carreteras de la zona era causante en muchas ocasiones del "conflicto" entre el rebaño de tradición milenaria y el potente automóvil, diseñado para otro tipo de vías de comunicación.
        Sin embargo, resultaba curioso que casi siempre se solía entablar un pequeño diálogo entre pastores y automovilistas, estos últimos emocionados ante la perspectiva de pasar unos días de vacaciones en sus hogares.
        Al fondo de la imagen destaca una edificación moderna, dotada seguramente de todo tipo de comodidades; este tipo de construcciones se está convirtiendo en un icono habitual de nuestro paisaje, habiendo, según parece, cierta sana rivalidad entre los propietarios de las mismas por tener el honor de poseer la mejor casa del respectivo pueblo. Gracias a Dios que los gustos se afinan cada vez más, y estas casas aparecen ya cada vez más integradas en el paisaje. 

 

 

 

 

 

 

A DIFUSA FRONTEIRA ENTRE A VIDA E A MORTE NA CULTURA DE LOBEIRA.   

 

 

 

 

Outeiro de Ferro, cerca do marco  fronteirizo nº 21, Portugal. Nas desoladas terras do Leboreiro, teito xeográfico de Lobeira, hai miles de anos que aquela sociedade de cazadores e gandeiros xa destinaba inmensos esforzos en homenaxear os mortos. Só Deus sabe cal era a finalidade última destes monumentos. Mais aí están, e quizás exerzan maís influencia no noso psiquismo colectivo do que supoñemos.