En Sagradas palabras obscenas, Gregorio
Morales confiere calidad poética a las palabras proscritas,
las que no se pueden pronunciar en público, sino
sólo en la intimidad y, a menudo, en el refugio del
lecho y en la boca de una pareja que se ama. El autor recupera
así el latido sagrado que siempre tuvo la poesía,
cuando las palabras ritmadas prodigaban en los oyentes conmoción
y éxtasis. Gregorio Morales realiza la extraña
conjunción de crear belleza por medio de las palabras
nefandas, continuando así el camino ya iniciado en
su anterior poemario, Canto cuántico (2003), donde
indagaba en el ser humano desde la realidad abierta por
la física subatómica. Sagradas palabras obscenas
parte de los mismos principios estéticos, y por eso,
entra en lo vedado e innombrable. Sagradas palabras obscenas
abre una nueva parcela en la poesía española
contemporánea, que ha tratado el erotismo y la expresión
soez, pero que nunca ha utilizado la obscenidad como una
forma de sagrada belleza.