| El
día en que te aman más
IDEAL
10 de marzo, 2009
Gregorio Morales
Hay días en que a uno lo aman más.
Días en que todo el mundo se pone de acuerdo para amarte.
Igual te has tirado un mes sin que nadie te llame, sin un cumplido,
sin una cita, como olvidado, y de pronto, cuando menos te lo esperas,
todos parecen ponerse de acuerdo para quererte. Y te llama un amigo
y te invita a pasar el fin de semana en el campo. Y otro quiere
que comas con él. Y te telefonean de un par de prestigiosos
sitios culturales para que intervengas. Y una universidad quiere
que des una conferencia y te propone pasar una semana en una ciudad
europea. Y viejos amigos te envían sus libros. Y algunas
amigas dan señales de vida, y una te remite una postal y
te percatas de que aún te aprecia o quizás más;
y otra, relevada por una semana de obligaciones familiares, quiere
dar un paseo, reír contigo, debatir contigo. Y otra te escribe
un email y te pide consejo y tu comprendes que el consejo es el
link con el que quiere llegar nuevamente a ti. Y te telefonea la
mujer a la que amas más, esa llamada que vale por todas las
llamadas, y quiere planear algo contigo, y ves que aún está
por ti, y es como si los años que tienes, como si el mundo,
te envolviera en el elixir de la inmortalidad. Como si la vida fuese
una inmensa caricia. Y te extrañas de haber sangrado en tantas,
tantísimas ocasiones.
Y todo en un solo día. Y comprendes que sin amor no hay nada.
Comprendes que amas a mucha gente, aunque no la llames, aunque no
la requieras, aunque dejes pasar tiempo sin verla. Pero un vacío
profundo quedaría en ti sin esas personas. Y por eso un día
descuelgas el teléfono y les expresas cuánto las quieres,
cuánto las necesitas. Y tal vez ese mismo día otros
hacen lo mismo y, para esa persona, sucede el día en que
la aman más.
Quizá hay un momento en que logramos la paz. Ese bienestar
de alcanzarnos a nosotros mismos. Y quienes nos aman lo sienten.
Notan nuestra acogida, nuestra atracción. Les llega el amor
que hemos alcanzado. Y sienten la necesidad de ponerse en contacto
con nosotros. Y entonces el teléfono suena. Y el ordenador
se llena de correos electrónicos. Y el buzón se atiborra
de cartas. Y nuestro nombre está en la boca de muchos. Y
cada vez que nos nombran es como si uno sintiera un abrazo. Uno
es abrazado profusamente. Y uno ve que el poco amor que ha dado
le es devuelto con creces. Y comprende que no hay una inversión
más rentable que el amor. Que, aunque los frutos son invisibles,
siempre llegan. Y se recrimina no haber usado el amor en todo momento.
Claro que no somos perfectos. Y uno se perdona. Porque se ama a
sí mismo. Sólo si nos amamos somos dignos de ser amados.
Por eso hay un día en que a uno lo aman más. Porque
hay un día en que uno se ama más.
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