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Carnaval andaluz

IDEAL
24 de febrero, 2009

Gregorio Morales

No es mi día el del próximo 28 de febrero. Nací en Andalucía. Vivo en Andalucía. Hablo con acento andaluz. Pero no me identifico con ello. También soy hombre y maduro y escritor... y tampoco me identifico con ello. No soy mi país ni mi sexo ni mi edad ni mi oficio... Son disfraces idénticos a los que se estilan estos días de carnaval. Yo soy otra cosa. Mis circunstancias son accidentes. Podría haber nacido mujer, en Cataluña, ser joven, trabajar de fontanero... y seguiría siendo el mismo.
Las circunstancias, ésas por las que se define la gente, han representado un obstáculo para llegar a mí mismo. He tenido que desembarazarme de ser hombre para poder ser persona. He tenido que trascender la edad para no comportarme como se espera que me comporte. He tenido que dejar de identificarme con mi trabajo para que el trabajo no me haga a mí, sino yo a él.
¿Por qué debería pues sentirme especialmente andaluz? Me da igual. Mi patria son las personas. Mi patria son un catalán, un norteamericano, un marroquí, un sueco... siempre que sean individuos concretos y merezca la pena cultivar su trato. No me siento del suelo. El registro civil no me identifica. Mi orgullo, si es que lo siento, se despierta cuando se produce un hallazgo, venga de donde venga. Cuando hay belleza, venga de donde venga. Cuando hay cordura, venga de donde venga.
El 28 de febrero no es mi día. Es ridículo exaltar las glorias habidas en un espacio olvidando las glorias habidas en otros. Que no me endiosen terruños. Que no me incrusten falsos orgullos. Para nada me siento andaluz. Sólo siento lo que soy por mí mismo. Sólo siento lo que he hecho y lo que he pensado por mí mismo. Y no tanto lo que he pensado como lo que he sentido. Y, entre lo que he sentido, lo que más me llega es lo que he amado.
Amar sí que amo a Andalucía, pero a las Andalucías. Amo a España, pero a las Españas. Amo muchísimos trozos del mundo. Los amo por razones diferentes, inexplicables, inconcretas, caprichosas, inconscientes. Los amo porque sí. Pero el hecho de haber nacido en Andalucía no me obliga a amarla especialmente.
El 28 de febrero tampoco es el día de Andalucía, porque la tierra es celebrada por las personas y no las personas por la tierra. Si yo no la celebro, la tierra no es celebrada. Así que las autoridades podrán dedicarse al boato institucional, pero no deja de ser boato.
La nacionalidad andaluza es un espejismo. Las fronteras son obstáculos para la libertad. Celebrar el día de un trozo de tierra es celebrar una frontera. Y quienes celebran fronteras se vuelven pueblerinos. Quienes se identifican con su edad, su país o su estado, huyen de sí mismos. No se definen por lo que son, sino por lo que no son. Se ponen engañosos disfraces. Cuando contemplo los actos en torno al 28 de febrero, las auto alabanzas, los saraos, los veo como quien observa una comparsa de carnaval. Es explicable. Es humano, muy humano. Pero no deja de ser un espectáculo. A quien le guste el disfraz, que se lo ponga. Pero que no traten de que me lo crea. Estamos en carnaval, ¿no?