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EL CADÁVER DE BALZAC

Gregorio Morales: El cadáver de Balzac

Epígono, Alicante, 1998. 190 págs.

RENOVARSE o morir. Lo reclama continuamente la vida, lo exige el arte. Y

aunque lo llevemos a cabo nosotros, son realmente ellas las que impulsan

una y otra vez, las que facilitan circunstancias y abren nuevos cauces.

Pero natura non fecit saltus, y al igual que todo árbol fue semilla, se

hace interesante contemplar los procesos de creación a través de la

historia, descubrir cómo las obras surgen de minúsculas ideas, reflexiones

persistentes, acaso un fugaz sentimiento, que se van acariciando con el

paso de los días. Así Gregorio Morales, que desde hace varios años (y quien

sabe si toda su vida) venía proponiendo, en cuantos foros y tribunas

encontraba a su alcance, conceptos de la "Estética Cuántica",

revolucionaria y atractiva, con planteamientos que iban despertando

rechazos o adhesiones, simpatías y repulsas, y casi nunca indiferencia. Yo

mismo leí en la prensa diversos trabajos de los ahora recogidos y asistí a

su conferencia en el congreso de Granada del 96, y recuerdo que –aparte de

encontrarse el ambiente literario muy tenso por otras razones que ahora no

vienen al caso- , percibía en el autor de “La cuarta locura” ebullición

fructífera de ideas y proyectos serios de transformación, sentimientos que

he ido confirmando con la lectura de “El cadáver de Balzac”. Porque la

"Estética Cuántica", aunque se nutre de los descubrimientos de la física

cuántica, y de las teorías de la psicología de Jung, y del "pensamiento

complejo" de E. Morin, y del "pensamiento borroso" de Kosko, es mucho más

que todo eso. Y Gregorio Morales viene a demostrarlo en este ensayo,

construido pieza a pieza, y no sólo porque el libro esté vertebrado en

capítulos que, salvo dos excepciones, se corresponden con sendas ponencias

y artículos, sino porque su propia escritura se realiza en virtud de ese

proceso de sedimentación y maduración al que aludíamos. Él mismo dice que

"había que definir, en todos los aspectos, lo que era una estética nueva.

Vivíamos con la sensación de estar conquistando una terra incognita". Y más

adelante afirma ser ésta una estética que "define un estado de conciencia

colectiva que aún no había sido formulado". También el lector tiene la

sensación de encontrarse dentro de este caballo de Troya que Morales ha

edificado y participar activamente en la conquista de nuevos horizontes.

Será uno de los principios: el lector influye en el texto (de la misma

forma que el observador en el cuadro o el oyente en la sinfonía), junto a

otros no menos inquietantes: "La realidad no es sólo lo visible ni lo

cognoscible"; "No concreción entre materia y espíritu. Ambos son la misma

cosa"; "La sabiduría sólo se alcanza tras numerosos descensos a las

sombrías cavernas que nos habitan"; "No existe la separabilidad. Hasta los

corpúsculos alejados por millones de años luz se influyen recíprocamente";

..

 

Gregorio Morales es consciente, a mi entender, de estar dando forma

estética a toda una nueva manera de ver el mundo. Sabe asimismo que los


pilares son decisivos y, dando muestras de lucidez intelectual y madurez

literaria, alza esos pilares con firmeza, con acierto: una de las primeras

condiciones que debe reunir cualquier movimiento de renovación artística

profunda y sincera es la de poseer un carácter universal, abierto,

globalizador que decimos hoy. Un amplio aliento es decisivo no sólo para la

supervivencia del nuevo orden (que en su "código genético" también está

incluida la asimilación, pues todo "nuevo orden" acaba convirtiéndose,

tarde o temprano, en "viejo orden"), sino para su penetración, para su

fertilización en el objeto de sus miras. Piénsese en lo que supuso el

"Renacimiento", el "Romanticismo" o el "Surrealismo" (movimiento éste

último analizado en “El cadáver de Balzac”). Por universal entendemos aquí el

tratamiento de todas las realidades humanas: estéticas, físicas, éticas,

espirituales, políticas, sociales... Negar, rechazar, desviar alguna de

ellas es empezar a caer en el reductismo intelectual y la torpeza artística

que cada cierto tiempo florece de manera especial en nuestra sociedad. Por

ello se insistirá en el libro en el denominado "proceso de individuación",

es decir, "la manera en que alguien se zafa de la tiranía del inconsciente

colectivo para hacerse él mismo". Consideremos además que si todas las

artes miran hacia todas las realidades humanas, el puzle se hace infinito.

 

Otro aspecto que podemos considerar fundamental en la cimentación de un

"nuevo orden" es el de asumir la tradición, para superarla. Decía Flaubert

(autor varias veces citado en el ensayo): "...quiero demostrar la

insuficiencia de las escuelas, sean cuales sean, y declarar efectivamente

que nosotros no tenemos la pretensión de crear una, y que no hay que

crearlas. Al contrario, estamos en la tradición. [...] No hay más que una

Belleza. Es la misma por todas partes, pero tiene aspectos diferentes". Y

lo demostró. Por ello es también que los grandes escritores han sido, entre

otras cosas, grandes lectores. En “El cadáver de Balzac” se encuentran

numerosas referencias a pintores, poetas, pensadores, novelistas, a través

de las cuales veo, ante todo, una asimilación, comprensión y degustación de

la tradición artística. El mismo título encierra la idea de un movimiento

regenerador, no iconoclasta, pues hay que partir desde el lugar donde nos

encontramos: ("¿ ...por qué pedir el cadáver de Balzac? ¿Es que hemos

dejado de amarlo? No, ni mucho menos... ¡Pero ha parido tantos hijos!");

para dirigirnos al que deseamos, o vislumbramos: ("Se han escrito cientos

de comedias humanas, pero se ha ido muy poco, diciéndolo de una manera

gráfica, a lo humano de la comedia").

 

En los primeros capítulos de El cadáver de Balzac se expondrán los

fundamentos teóricos de la "Estética Cuántica", para posteriormente

aplicarlos a obras concretas, en un recorrido a través de la literatura, la

pintura, la música, el cine, la infancia, el erotismo... Pero haciendo uso

de esos mismos planteamientos, podríamos decir que el libro constituye un

corpus cerrado, y no. Está completo, y no lo está. Se basta a sí mismo,

tanto, como anuncia el comienzo de una longeva y fecunda era cuántica.

 

 

Francisco Plata, Calas, 5 de junio de 1999, pp 225-227

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