ENTREVISTA
DE ANDRÉS CÁRDENAS
A
GREGORIO MORALES
PARA
EL DIARIO IDEAL
-Su último libro, El cadáver de Balzac, ¿le parece
un breve manual para comprender el arte y la literatura del milenio
que viene?
-Estoy convencido de
que la literatura del próximo milenio ‑o, al menos, de las primeras
décadas del siglo XXI‑ estará regida por los principios que se
exponen en El cadáver de Balzac. Desde
los años setenta, múltiples especialistas en la materia coinciden
en subrayar que nos hallamos en un fin de ciclo estético. El realismo,
en sus más variadas facetas, se ha quedado exhausto. En este sentido,
El cadáver de Balzac contiene una serie de propuestas, explicaciones
y reflexiones que hacen comprender cuanto se nos avecina.
-Usted ha dicho varias
veces que el arte y la literatura tienen que renovarse. ¿Qué significa
exactamente esta renovación? ¿Por dónde puede venir?
-Toda estética, alejada
de sus primeros creadores (en los que se hallaba la fuerza y el empuje
de lo singular), decae. Es lo que acabo de afirmar que ha sucedido con
respecto al realismo que, con altibajos, venimos padeciendo desde hace
dos siglos y que nos ha conducido a una situación putrefacta. Ya se
trate del dirty realism o realismo sucio, en el que los
fluidos sustituyen a las emociones, o del realismo mágico, en
el que el escritor se recrea condescendientemente en las supersticiones
del pueblo, o del realismo de la experiencia, que no es sino
una receta aburguesada del realismo social, el paradigma se encuentra
en descomposición. Es necesario llevar vida, intensidad, amplitud, misterio,
diferencia, profundidad, complejidad, desgarro, verdad, a la literatura.
La renovación que propone la estética cuántica significa una hecatombe
en lo admitido hasta hoy, y comienza por una consideración totalmente
distinta del ser humano que podemos plasmar en las siguientes paradojas:
Individuo antes que generación, madurez versus juvenismo, cambio interior
frente a lifting, integración y no aplastamiento, lo extraordinario
sobre lo común, Jung en lugar de Freud, sentido frente a absurdo, conciencia
contra irracionalidad, Heisenberg sobre Newton, pensamiento borroso
frente a pensamiento binario...
-¿Es usted consciente
de que El cadáver de Balzac es para un público muy minoritario?
-Si entendemos al público
en el sentido paternalista en que lo entiende el realismo (es decir,
como personas poco preparadas a las que hay que dárselo todo mascado
y digerido, y en un lenguaje de párvulos), entonces El cadáver de
Balzac es una obra para minorías. Pero resulta que el público no
es así; justamente por ser público lector, es mil veces más inteligente
que la media que no suele leer un sólo libro al año. Ese público está
harto de sucedáneos y busca desesperadamente la aventura, la
complejidad; busca obras que le produzcan vértigo, que lo cambien, que
le ofrezcan perspectivas al sinsentido de la vida, obras en las que
reconocerse no como uno más de la multitud, sino como el ser único e
irrepetible que intuye que es. Y El cadáver de Balzac entra en
estos dominios. Quizá por ello ha agotado su primera edición. Es decir,
y contra lo que podría esperarse, el público está reaccionando mayoritariamente.
Pienso que, conforme transcurra el tiempo, esta respuesta crecerá aún
más.
-¿No teme aburrir al lector
con ese lenguaje que utiliza o con conceptos poco digeribles como estética
cuántica o físicas subatómicas?
-La pregunta está contestada
en parte con la anterior. El lector, como he afirmado, busca la aventura,
lo que no le ha sido dicho nunca, el sentido, el autoconocimiento... El
quid reside en que de los fríos conceptos científicos se
hace una traslación al plano humano: Qué significan, qué consecuencias
tienen, cómo pueden influirnos... Pondré un ejemplo: Existe una teoría
según la cual tanto el pensamiento como la materia serían manifestaciones
de un mismo y desconocido origen; siendo esto así, el pensamiento podría
influir sobre la materia, la cual sería, a su vez, psicoide. Bajo
este postulado, hay psicólogos que afirman que el pensamiento puede moldear
enteramente nuestra vida. Heisenberg, por otra parte, ha demostrado con
su principio de incertidumbre que el observador condiciona el experimento.
Desde el punto de vista de nuestra existencia cotidiana, lo anterior implica
que somos constantemente los creadores del universo que contemplamos.
De este modo, el campo de la libertad humana se hace infinito. Es más,
si tenemos en cuenta otros experimentos que concluyen que el tiempo es
sólo mental, tendríamos que, con nuestra postura, podríamos estar
modificando incluso el comienzo del universo. Resulta indudable que hemos
vuelto a ser el centro del cosmos. De ahí que en El cadáver de Balzac
se hable de un nuevo humanismo.
-Usted es presidente del
llamado Salón de Independientes que se formó en Granada hace unos años.
¿Qué queda de él?
-Quedan los lazos más
estrechos que puedan quedar, los de la amistad, colaboración y trabajo
estético. Yo fui elegido presidente, por segunda vez, a comienzos de 1996.
Desde entonces, no ha habido nuevas elecciones, por lo que podríamos decir
que, en efecto, sigo siendo el presidente,
pero, desde mi punto de vista, sólo en funciones. De todas
formas, como he dicho, la estructura fue importante al principio. Luego,
esta parte organizada del Salón se ha relajado (es comprensible, ¡somos
escritores!), hasta el punto de que muchos lo consideran muerto. Lo curioso
es que siguen llegando peticiones de afiliación... Y cada semana, varios
componentes me animan a que comencemos de nuevo la actividad dejada...
Lo importante es la conciencia que tenemos de que, cuantos en un tiempo
formamos parte del Salón de Independientes, seguimos juntos, en el mismo
barco, y preparados para volver a pronunciarnos si graves circunstancias
‑peligro de la democracia, alteraciones del estado laico, intromisiones
inadmisibles del poder‑ lo aconsejan. Por el momento, nuestra lucha
es únicamente estética, por medio de las obras literarias.
-No sé si lo sabe, pero
Antonio Gala sigue siendo el escritor que más vende en la Feria del Libro
de Madrid. ¿La literatura que se promociona es la que se vende?
-Me alegro por Antonio
Gala, que cuenta con todas mis simpatías. Pero dejándolo a él como caso
aparte (es indudable que sabe conectar con los lectores), debo decir que
los autores más vendidos no son los que hacen la historia de la literatura.
¿Quién habla hoy de Felipe Trigo, tan admirado, comprado y leído en su
época, que la literatura lo hizo inmensamente rico? Hoy, sin embargo,
hablamos de Valle‑Inclán, de Unamuno, de Baroja..., muchas de cuyas
obras no superaban en venta el centenar de ejemplares. Y es que el lector
no puede ser engañado permanentemente. Una buena promoción puede obnubilar
durante unos meses, unos años, pero, pasados una y otros, el lector (que,
vuelvo a decirlo, es mil veces más inteligente de lo que algunos le suponen)
se apercibe de la superchería y busca aquella literatura que lo conmueva,
que lo turbe, que le ofrezca una perspectiva distinta de la realidad...
El problema de esta literatura es que surge siempre a contracorriente,
vulnerando los principios establecidos, y no suele ser grata ni a los
críticos (conservadores por naturaleza) ni mucho menos al poder (que exige
conformismo e incienso). Pero el tiempo pone siempre las cosas en su sitio.
-¿Qué opina del panorama
cultural de Granada?
-En un reciente artículo,
el crítico Francisco Morales Lomas sostiene que la competencia entre
las diversas tendencias literarias de Granada es el gran aporte
de Andalucía a la literatura española, añadiendo que estamos ante
un acontecimiento histórico que nace en Granada. Se han
comenzado a realizar artículos, capítulos, tesis doctorales sobre la
célebre polémica que mantuvimos con la experiencia durante 1994
y 1995... Desde este punto de vista, Granada sería un lugar privilegiado,
en el que, de una forma u otra, se está gestando la literatura del próximo
siglo. Como el mentado crítico dice: De Granada al siglo XXI.
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