JESÚS ARIAS, Granada
El escritor granadino
Gregorio Morales (1952) ha vuelto, después de muchos años, a
cultivar uno de los géneros que
más le entusiasmaron siempre: los relatos cortos de terror.
Su nuevo libro, El devorador de sombras,
es un compendio de cuentos de suspense en los que, a través
de la metáfora del miedo, muestra otra realidad del ser humano,
una realidad que, según explica el propio autor, está en toda
personalidad. En cada uno de nosotros, dice, hay
un asesino
Pregunta. ¿Cómo se ha decidido por
un género como los relatos de terror?
Respuesta. Ya había publicado un
relato en una antología llamada Cuentos
de terror. Siempre me ha gustado cultivar ese género,
incluso antes que el de la novela. Los relatos de terror sirven
para traspasar fronteras y retratar las múltiples pesonalidades
que hay en un hombre.
P. Hoy resulta un género extraño.
R. Sí, pero es un género que se
presta muy bien a la investigación literaria. Da la libertad
para ver las partes ocultas de la realidad, darle la vuelta
a situaciones normales que tienen su lado invisible. Yo creo
que, el interior de cada uno de nosotros, hay un asesino, un
burlador, un nazi. Normalmente, lo controlamos, pero a veces
esa parte oculta aflora y nos posee.
P. ¿Por qué ese título, El devorador de sombras?
R. Las sombras son esa parte negra que a veces nos
alumbra. Son la razón por la que cada día
nos
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encontramos
con crímenes y asesinatos que un hombre normal no puede entender.
Todo el libro trata de las sombras. Es una invitación para entrar
en ellas.
P. No hay muchos escritores que
cultiven este tipo de literatura.
R. Lo cierto es que no. Algunos,
como Muñoz Molina, lo han hecho. El terror no se cultiva nada
en España. Es un género totalmente abandonado. Yo creo que se
debe a un márketing editorial que ahora sólo exige el
más puro realismo, de modo que los escritores no pueden indagar
ni investigar. Ahora mismo no se permite que se cultive otro
tipo de literatura.
P. Sin embargo, parece que la literatura
pronto necesitará otros derroteros...
R. Hoy están abandonadas
la literatura de indagación y la novela filosófica. Pero en
el siglo XXI, o habrá una literatura de indagación, o no habrá
novela. Con el cine y la industria del entretenimiento, la novela
tiene que decirnos algo nuevo, algo diferente. La literatura,
si tiene una función actual, es la de iluminar nuestro comportamiento.
P. ¿Le preocupa que su libro
no pueda resultar comercial?
R. Me gustaría que se vendiera.
Pero no lo he escrito con miras a la comercialidad. Lo he escrito
con la intención de transgredir los límites, de atravesar las
fronteras, de mirar el abismo.
El País Andalucía, 5
de Noviembre, 2000. pág. 16
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