| Existen
temas eternos en la literatura, tanto en poesía como en narrativa,
que se hacen nuevos, todo el mundo lo sabe, cada vez que un
escritor los trata bajo una perspectiva diferente. Entre ellos,
tal vez ocupan un lugar preferente aquellos que se refieren
al amor y su búsqueda, al paso del tiempo y al destino o la
muerte. En cualquier caso, en todos se percibe la idea central
de la concepción de la vida humana como un camino, un recorrido
marcado por constantes satisfacciones y desengaños que no
cesa en una búsqueda de amparos suficientes para combatir
la inquietud y la zozobra, la indefensión y la incertidumbre.
Desde este punto de vista, puede pensarse que la literatura coincide
en sus objetivos con la filosofía, si no fuera por las distintas
formas que adopta cada una. Ambas son, en el fondo, indagaciones,
exploraciones en la condición humana que explican las razones de
su existencia, de su conducta o de su sentido vital. No otra cosa
expresan las novelas de Gregorio Morales.
Santos Alonso, Ínsula,
Nº 553, pág. 24
La voluntad de combinar la agilidad narrativa con lo hondura
expresiva es una característica habitual de la literatura de Gregorio
Morales. En esta su sexta novela, la trama está tejida con las investigaciones
de una joven que busca en un covento unas fabulosas obras de arte
extraviadas. Al mismo tiempo se trata de una aventura iniciática
que ahonda en las redes del tiempo y en su inseparable sombra, el
azar.
El País.
Muchos ingredientes del relato contribuyen a la suspensión
de una intriga cuyo interés no decae hasta el final (...) Los aciertos
de la novela se encuentra en la tensión, densidad y supensión de
la intriga.
Ángel Basanta, ABC Literario.
Gregorio Morales sabe
crear la tensión suficiente desde la afirmación inicial (...) No
defrauda la novela, en absoluto.
Antonio Garrido,
Cuadernos del Sur.
El pecado del adivino
supone un paso adelante en la trayectoria literaria de Gregorio
Morales, cuyas virtudes de novelista, como ya ha puesto de manifiesto
en obras anteriores y en la presente, ofrecen a la última narrativa
del sur uno de sus pilares más sólidos.
Antonio Soler, Sur.
La novela queda envuelta en
una ola de misterio, donde el azar y la magia juegan un papel importante
(...) Es ejemplar la forma de urdir una trampa, en la que se conjuga
lo inescrutable, la soledad, la belleza de un medio y un espacio
o el horror de la propia aventura.
Pedro M. Domene, Ideal. |
| Gregorio Morales construye una trama
donde las incógnitas se multiplican a cada paso para conducirnos
al estallido de un sorprendente final. El pecado del adivino nos narra
la historia de Mónica, una joven que, llevada de las predicciones
de Adrián, ingresa en un convento en busca de unas fabulosas
obras de arte que alguien, bien un millonario excéntrico, bien
unos expertos ladrones, ha depositado en sus entrañas. Su búsqueda,
a la que acompañan los oráculos de Adrián, no
es en el fondo sino un iniciático descenso hacia las fuentes
del tiempo, un enfrentamiento entre la caducidad de la vida y la permanencia
de nuestra naturaleza. A través de las experiencias del adivino
proyectadas sobre los otros personajes Sor Ángela, un
crítico gastronómico, un comisario de policía,
Valentín, (el narrador)...-, la obra indaga en el azar y sus
constantes, en el pasado y en la posibilidad de reactualizarlo, en
el porvenir y en el hipotético poder para aprehenderlo y dominarlo.
Estamos, pues, ante una novela donde se funden la aventura con el
mito, lo acaecido con lo inescrutable, el amor con la soledad, la
belleza con el horror, componiendo un friso cuyas figura entrelazan
misteriosamente el mundo antiguo con el actual." |