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"MARILYN
NO ES MONROE",
DE GREGORIO MORALES
Celia Correa
Afirma José Antonio Marina que “expresar es siempre expresarse,
exprimirse…”; Gregorio Morales en su “Marilyn no es Monroe” se
ha exprimido para entregarnos una obra desgarrada, valiéndose, curiosamente,
del icono más banal y aparentemente más casquivano del Hollywood
de los años cincuenta.
“Marilyn no es Monroe” es un retablo atroz de traspapelados, en donde
la gran traspapelada es, precisamente, Marilyn, quien a pesar de haber rodado
tantas y tantas películas y de haber tenido que memorizar tantos y tantos
guiones, no fue capaz de aprenderse el papel más importante de su vida,
el papel de Norma Jeane Baker, es decir, el de ella misma.
Acaso con una intención angelicalmente perversa, pero siempre
con una prosa fluida y brillante, Gregorio Morales nos conduce
al otro lado del espejo,
a fin de que contemplemos los múltiples pedazos en los que ha terminado
convertido el personaje Marilyn Monroe, una Marilyn a veces dulce, a veces
abrasiva, siempre débil y voluble, a mitad de camino entre la realidad
y el espectáculo
y cuya vida es apenas un bosquejo emborronado, a causa de los constantes expolios
a los que la han ido sometiendo, desde su madre hasta su psiquiatra, pasando
por sus maridos y sus múltiples amantes.
En Marilyn no es Monroe, Gregorio Morales
nos propone distinguir entre la Marilyn despampanante que todos
hemos contemplado en
las pantallas de cine y otra Marilyn
que él llama Interior, es decir, nos propone separar la persona del
personaje, o mejor, acoplar la persona con el personaje hasta convertirlo en
un ser único.
Alguien ha dicho que en el teatro todo
es posible, todo se puede decir y hacer de muchas maneras; pero
sólo los que tienen talento aciertan a decirlo
y hacerlo de manera sorprendente. Ese es el caso de Gregorio Morales, siempre
tan provocador e irreverente, que ha dado en el centro de la diana, recreando
dos mujeres en una, una especie de dualidad distante y al mismo tiempo inseparable
y que transforma en excusa y en hilo conductor, para mostrar esa realidad cuántica
en la que él cree ciegamente. No deja de ser curiosa la angostura a
la que Gregorio Morales constriñe el alma, muy trabajada por cierto,
del personaje Marilyn, despojada ya de poses y de puestas en escena, centrada únicamente
en la seducción de ser ella misma, como una invitada a su propia vida.
Creo que con Marilyn no es Monroe,
Gregorio Morales ha entregado lo más
esencial y acrisolado de su oficio de escritor dramaturgo, con una sabiduría
sin alardes, paseándose acaso, por el filo de la navaja, como si se
paseara por Puerta Real, dándole una vuelta de tuerca no sólo
al teatro contemporáneo, sino a lo que hoy entendemos como teatro de
vanguardia.
El pasado 21 de febrero, el público aplaudió el estreno de Marilyn
no es Monroe y no fue por casualidad.
Diario IDEAL, miércoles, 2 de marzo, 2011
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