

En un principio, se
le ofrece el papel de Mónica a Jennifer Aniston, que prefiere hacer
de RACHEL. Es la "pija" del grupo, una niña de papa que se ve obligada
por las circunstancias a buscar trabajo y a
vivir de forma independiente.
En el fondo, Rachel es buena persona y una buena amiga.
Lo mismo pasa con Courtney
Cox, que prefiere las neuras de MÓNICA a Rachel. Con un "gran" pasado,
Mónica es una "neuras" de cuidado, con manías casi obsesivas
que traen fritos a los chicos. Sin embargo, siempre está ahí
para ayudar a quien se lo pide. Es, quizá, el nexo de unión
de la panda: es la hermana de
Ross, la mejor amiga
de Rachel, conoce a Chandler desde hace tiempo y estuvo viviendo con Phoebe.
Lisa Kudrow consigue
a la marciana PHOEBE, que le va al dedillo. Después de haber vivido
varias vidas (según ella), ahora les alegra el espíritu al
resto de los chicos, con sus constantes salidas de tono, su
vida en su propio
mundo y sus kármicos consejos. Matt LeBlanc interpreta al ligón
italo-americano JOEY (cosa que no es problema porque Matt tiene sangre
de casi todas partes). El más despistado de todos, Joey es un tío
sin complejos que pone el contrapunto en el conjunto por su simplicidad,
además de la
curiosidad de que
es un actor cuyo mayor éxito ha sido... en un culebrón.
Matthew Perry hace las gracias de CHANDLER. Es una persona insegura que, según sus propias palabras, "utiliza el humor como mecanismo de defensa". Sin embargo, sus constantes bromas amenizan las situaciones más incómodas. Es amigo de la universidad de Ross. David Schwimmer interpreta al hermano de Mónica, ROSS, divorciado de su esposa lesbiana (toma castaña...) y de una insoportable inglesa (por ahora). Paleontólogo brillante, su carácter infantil a veces le juega malas pasadas, pero hay que reconocer que es un tío sin dobleces que siempre está cuando se le necesita. Es el único de los actores al que se le ofreció el personaje directamente, sin audición alguna, pues Crane y Kauffman escribieron el personaje pensando en él.
Con este planteamiento,
ya de por si inusual en una comedia americana, arranca la serie en 1994
consiguiendo enseguida convertirse en un auténtico fenómeno
social en EEUU y, como casi siempre, en el resto de los países donde
se emite. La mayoría de los fans femeninos, por ejemplo, copian
el peinado de J. Aniston, y quien más quien menos, se identifica
con uno o más de los personajes, que tienen en cada actor el mejor
intérprete posible. Porque, ¿alguien se imagina a J. Aniston
haciendo de Mónica? ¿Se
puede pensar en otro
Chandler que no sea Matthew Perry?
Sus amores, desamores,
situaciones inverosímiles (pero creíbles) y demás
características de la serie, hacen de ésta un producto atípico,
inteligente, fresco y rompedor. Los capítulos casi nunca se centran
en una trama principal,
sino que se bifurcan en varias que a veces coinciden y a veces no, pero
siempre sorprendiendo al espectador, que asiste patidifuso a un desfile
de escenas perfectamente coreografiadas pero muy naturales. Es esta estructura
la que hace de esta serie lo que es: unos guiones inteligentes siempre
al servicio del trabajo actoral. Desde entonces, la serie se emite ininterrupidamente
(salvo las
vacaciones de verano,
que los actores aprovechan para rodar algunas películas, con desigual
éxito), y los fans esperan ansiosos el comienzo de la nueva temporada
desde el mismo momento en que termina la anterior. Como curiosidades, se
pueden contar miles. Pero una de las que más me ha llamado la atención
fue el plante que le hicieron a la productora. La idea era que al ser la
serie un trabajo coral, todos
deberían cobrar
lo mismo. La cosa no deja de tener su gracia, porque es algo sin precendentes
en la historia de la televisión americana y demuestra el buen ambiente
que se respira entre los protagonistas, ya que no hubiera sido impensable
que uno o más de ellos dijeran que su personaje es más importante
que los demás. También es curioso el escaso éxito
en taquilla que han tenido sus incursiones en el cine, excepción
hecha de Ms. Aniston, aunque hay algunos trabajos muy buenos, como la interpetación
de Lisa
Kudrow en la
última película de Robert DeNiro "Una terapia peligrosa",
y David Schwimmer, que, metido a director, sorprende en su película
sobre las reuniones de antiguos alumnos.