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LA  MUJER  

Título original:

   "Del Magenta y La Mujer, al Corazón de la Vida"


La Mujer es el ser que alienta desde su vibración interna los procesos de la Vida. En ella se encuentran los resortes del equilibrio y eficacia de los desarrollos externos donde la Razón evoluciona.
Posee en sí el núcleo o Corazón de la Vida consciente manifestada que, con su naturaleza glandular, posibilita la transmutación de las ondas de la Luz hacia sus expresiones de Color y Calor,

Las cuatro Dimensiones del ser humano se constituyen en lo cromático como muestra la derecha del dibujo. Apreciar el significado del papel que cada una de ellas juega en la manifestación de la vida, es la clave para comprender la tendencia de los comportamientos, así como para saber situarse en la opción de cada cual.



Concretar sobre el color Magenta es descubrir la naturaleza de los valores de la Feminidad que fundamenta a la verdadera Mujer.

La androginia, el Todo en la Parte, es algo que busca el ser humano en su erróneo concepto de su esencia vital, que no es otra que Sabiduría de Amor. Así, la mujer busca ser mujer y hombre en ella misma, y el hombre busca el ser hombre y mujer en sí mismo.

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El Todo, el Ser absoluto en su Integridad, no puede en sí manifestarse; es simplemente "Conciencia", de Sí Mismo. Toda manifestación (mostrarse a algo) requiere el rompimiento de su estructura de integridad, y ese rompimiento, tal como nos enseña la Luz en el surgimiento de su espectro de color, tiene lugar con la aparición de dos grupos de factores, duales cada uno de ellos (en total cuatro factores diferentes), en base a los cuales lo manifestado puede perdurar como tal.

Estos cuatro factores, llevados a la estructura del ser humano, son esos cuatro valores que constituyen a la Pareja, al Ser hombre-mujer; diferente al sentimiento que puede albergar el hombre o la mujer respecto a la plenitud de cada uno de ellos a partir sólo de sí mismos.

El Amor, esencia de la Vida, no está en el Todo, sino que surge de éste desde el momento de hacerse Parte, compartiéndose en cada fracción estructural de sí mismo, en cuyo acto ejercita el Amor, creciendo cada parte en la conciencia de sí, del Amor que en el Todo Son. Es así como la Vida resulta ser el acto del Amor.

Amar no es la simpleza de "dar a otro"; es Compartirse o "dar de sí mismo"; dar de "lo que somos". Y esto es lo que provoca todos y cada uno de los procesos vitales. Pero el aferramiento a las formas parciales y no al fluir vital, es lo que hace percibir a la Vida como continuos actos de depredación y de vampirismo, donde se apoyan los Egos para justificar el reforzamiento de las individualidades en la pugna por el protagonismo vital.

Ser protagonista es situarse en la opción de recibir, de ejercitar un poder. Amar es "ser en el otro"; y esto es lo que constantemente ejercita el Todo a quien llamamos Dios, nuestro Padre, o nuestro Creador; es su Realidad Viviente.

Si comprendemos todo esto, nos resultará fácil entender la estructura de la Pareja humana: “Los cuatro polos del Ser actuando en la separatividad espacial, pero necesitados constantemente de ejercitar el Compartirse, esencia de su propia vida y factor esencial de su crecimiento”.

Cada elemento humano (hombre o mujer) por separado, contiene en sí mismo la dualidad polar que lo neutralizaría; es decir, aquellos valores que actuando conjuntamente llevarían al individuo a la neutralidad funcional y creativa, justo lo opuesto de lo que persigue la Vida con sus manifestaciones. Darían en ellos la degradación, degeneración y caos.

Cada uno de ellos, hombre o mujer, pues, contiene el elemento (factor polar) base de su estructura individual (personal), y aquella otra polaridad que precisa ser compartida, es decir, situada en el otro, para que intervenga en la manifestación de la vida a través de este otro, unida a la suya propia estructural.

Hablando en términos del Color, en la estructura del hombre se aúnan el Azul cian (celeste) y el Rojo, exponentes cromáticos de lo mental y lo pasional, respectivamente. En la mujer se aúnan el Amarillo y el Violeta, exponentes de la materialidad y de los sentimientos.

Sabemos por el Color, que un rayo de luz Cian al unirse a uno Rojo, desaparecen como color y dan luz blanca. Y lo mismo ocurre con la unión de un rayo Amarillo y otro Violeta. El color ha de considerarse como el aspecto de materialización de la Luz, que en lo blanco se expresa indiferenciada, sin matices de personalidad concreta.

Y respecto a sus valores asociados a la personalidad, conocemos también que lo Mental, lo racional, requiere para su desarrollo apartar de sí los aspectos emocionales (pasionales), pues frío y calor son sus mutuas expresiones, y juntos no generan más que la recíproca neutralización (inoperatividad).

E igualmente la Materialidad, aspecto más denso de la estructura humana, y los Sentimientos, donde actúa lo más sutil, como los ideales y la espiritualidad. Lo seco y lo húmedo son los elementos sobre los que ambos se expresan, imposibles de combinar sin producir una neutralización de sus mutuos valores.

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Hablando en términos de Color, la mujer debe apartar de sí el amarillo, expresivo de las actitudes tensionales, pues degradan sus órganos generativos, surgidos para lo propio de las actitudes receptivas. La Matriz es su órgano esencial, que no solo tiene como función la gestación, sino que a través de ella, como centro de energía receptiva, debe transformar oportunamente la energía que canaliza la globalidad de la estructura mujer.

La influencia que la actitud de toda mujer ejerce sobre la energía que canaliza a través de su matriz, marcará el matiz de la calidad de la energía que canalizará todo hombre vinculado a ella. La mujer viene a ser, de esta manera, la antena receptora de energía que, trasvasándola al hombre con su sello personal, infunde en éste la cualidad de sus desarrollos.

Miedos, inseguridades, angustias y otras alteraciones del medio interno de la mujer, serán la causa de distorsiones, ineficacias e inoperatividades desarrolladas por el hombre. Con esto no quiero decir que quito del hombre la responsabilidad de sus errores, pues de él es responsabilidad el entorno que procura a la mujer para que ella pueda dar eficacia a sus cometidos. Lo que pretendo hacer ver es el papel fundamental que la mujer tiene en los procesos de la evolución humana, en manos de cuya eficacia está la eficacia del hombre.

No es de extrañar, sabiendo que lo anterior no es lo que se ha concebido y procurado hasta ahora, el caos que hoy día reina en todas las estructuras sociales humanas. El hombre pretendió reinar marginando y menospreciando la intervención de los valores de la mujer; la utilizó degradatoriamente e hizo crecer en ella la insatisfacción, la inseguridad y la angustia. El fracaso del reinado del hombre es el fruto de aquella siembra de siglos.

Hoy día, la mujer, que aún no ha llegado a percibir el estrado desde el cual puede reinar con eficacia, está tratando de simplemente utilizar la misma plataforma desde la que ha actuado el hombre, con lo que no va a dar más acierto a las relaciones humanas, y sí se va a degradar aún más en su estructura interna, donde se encuentran los resortes de su fuerza principal.

En las manos de la mujer está la dirección de la vida. Lo que viva en su interior, en el fuero de sus sentimientos, es lo que marcará la cualidad de las intervenciones del hombre. No tiene que salir a la calle a vociferar, ni enfrentarse con dialécticas políticas o de cualquier otro orden. Le basta el concebir en sus sentimientos la vida que desea se materialice en su entorno, y acto seguido mantenerse en esa confianza y persistencia de actitud de armonía y paz interior.

A partir de lo expresado en el párrafo anterior, sólo tiene que dar tiempo a que las aguas vuelvan a sus cauces, persistiendo, insisto, en su actitud mencionada, sabiendo ir encajando las tormentas que su anterior proceder generó.

El gráfico anterior expresa la estructura dual del SER HUMANO, manifestada en lo espacial con dos cuerpos separados, a lo que he venido a llamar DIVIDUALIDAD (dualidad de valores separables o divisibles en lo espacial), diferente al término de "Individualidad" (dualidad indivisible en lo espacial) al que sí estamos todos acostumbrados, pues resulta fácil el concebir la realidad Individual, ya que lo aprecian los sentidos del cuerpo, pero no así la realidad del ente Dividual, para cuya apreciación se requieren valores más sutiles, no ya situados en lo corporal, sino en los sentidos de la mente (no del cerebro) o extrasensoriales; lo senti-mental, valores éstos no cultivados por la racionalidad pragmática humana.

Cada diagonal del gráfico muestra la tendencia natural de los "indivíduos" (diagonales H-H y M-M). La mujer acapara los polos más distantes o extremos, en lo cual se compensan éstos, y el hombre los valores medios, también compensados energéticamente. En la mujer lo amarillo se presenta como tendencia de apego a la materialidad, y en el hombre lo rojo como pasional; valores éstos que han venido moviendo al mundo en los mutuos ofrecimientos del uno al otro, sin acertar realmente el cometido que esos intercambios deberían jugar.

En el hombre, el continuo desarrollo de lo pasional, fue embruteciendo su cerebro y, en lugar de cultivar una racionalidad, cultivó en sí a la Bestia (proceso evolutivo posterior a lo Animal). La mujer, en su afán de poseer, terminó siendo mercancía misma, generando a un tiempo el apego social al oro (dinero actual) como móvil de todo proceder, basado en los sentimientos de inseguridad hacia los procesos de la vida.

La Mujer, vinculada a la energía telúrica (la que dimana de la Tierra), tiene la capacidad de nutrir lo corporal, y de ahí su potencial para gestar el cuerpo humano, que suele generar, o más bien degenerar, en el apego energético posesivo sobre los hijos, por no saber de su verdadera plataforma para ejercer la dirección posterior eficaz de éstos.

El desconocimiento de esta referida "plataforma" (la elaboración vital desde sus sentimientos), y el desprecio hacia lo que únicamente ven sobre ella sus sentidos corporales en su proceso histórico, dio lugar al Feminismo, o tendencia de la mujer a intervenir en la dirección social con su influencia externa. Tendencia alimentada por los incorrectos trasvases de energía entre hombre y mujer, donde el reino de lo pasional en el hombre degradó su mente, haciéndola inoperativa para la dirección de la sociedad donde hombre y mujer están inmersos.

El incorrecto proceder que tiene lugar en la gran generalidad de las relaciones sexuales, tanto en los modos occidentales como en los orientales, resulta ser la herramienta principal para esos trasvases de distorsión operativa.

Si a esto unimos el que la mujer "liberada" de la dependencia del hombre, precisa las energías específicas para el afrontar la vida desde el acometimiento externo en la misma, podemos apreciar cómo individuos varones, en calidad de hijos generalmente, vienen siendo absorbidos muy considerablemente en sus valores de masculinidad, cuando no resulta ser la propia pareja masculina (de quien se abastezca en esta condición de energía la mujer, sea en el matrimonio o fuera de él) la que se va sumergiendo progresivamente en una condición de feminidad.

La mujer irá generando distorsiones en los órganos de su vientre (órganos reproductores), y el hombre en los de su caja torácica (pulmón e hígado). En el hombre, el intestino delgado se irá ablandando y dilatando, y en la mujer el corazón se irá endureciendo e insensibilizando en sus percepciones..

En los correctos trasvases de energía, lo pasional del hombre se transformará en sensibilidad en la mujer, que la sabrá transmitir al hombre oportunamente desde ella misma, pero no ya como sensiblería. Entonces, en el hombre, lo pasional vendrá a ser la energía temperamental (energía de acción y decisión) que precisan las transformaciones de todos los órdenes del Sistema Social que las improcedencias históricas han ido generando.

El hombre, en lugar de Mente y Pasión, será Cuerpo y Mente, en su armonía necesaria para posibilitar el racionalismo transcendente que la humanidad necesita. Pero esto será posible sólo cuando la mujer encare realmente su papel de dirección vital desde sus niveles internos, donde Sensibilidad (que precisa de la confianza y serenidad que el hombre genere en su entorno) e Intuición serán las herramientas claves de apertura de cauces donde la Razón debe ir interviniendo.

Saber donde se encuentran los verdaderos elementos del Protagonismo vital, de dirección vital, es lo único que ayudará a generar el cambio de dirección de los comportamientos humanos. Los Egos generados por toda Individualidad, tienen acaparadas todas las plataformas principales desde la cual incidir en las estructuras sociales, donde la "inseguridad hacia la propia subsistencia que el Sistema ha logrado implantar, parece afianzar el que "la cosa" no pueda cambiar.

Pero el Sistema no sabe que toda esta maraña de aparente caos no ha sido otra cosa que la base que ha precisado para su desarrollo el Libre Albedrío, proceso de destino del Discernimiento, y que la verdadera dirección de la vida está por encima de él y de todo cuanto él mismo pudiera crear.

El Libre Albedrío nace, como proceso en gestación, en el instante en que el cerebro generado por la vida animada (adquiere entonces sus verdaderas incipientes connotaciones de humana) comienza a desarrollar sus primeros brotes de toma de conciencia de que "un aparente todo" está en él. Cuando empieza a percibir que en sí mismo, y con voluntad desde él, operan lo femenino y lo masculino, sin saber de qué condición femenina y condición masculina se trata.

Con estos dos valores ya en su conciencia, adquiere la capacidad de "actuar contra sí mismo" si no encauza oportunamente a aquellos. Ambos valores van creciendo en el ser humano (más bien todavía humanoide) y se amplían sus áreas de experiencia sobre los mismos. La Bestia alcanza entonces su grandeza.

Desde que eso comenzó, hasta hoy día, huelga comentar lo que fue ocurriendo, pues su historia y sus frutos es de todos bien conocido; es el Sistema.

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La vida está regida por Sabiduría de Amor, o por el Amor de la Sabiduría, como queramos llamarla, y ésta posee todos los resortes necesarios en cada momento para la evolución (crecimiento en el amor y en la sabiduría) de las Almas, realidad viviente de nuestro Ser personal.

Compartirse es el lema y la esencia de su proceder. Libre Albedrío ya posemos, pues la Libertad desde la opción personal es una realidad que vive, al margen de lo que las apariencias sensoriales vienen percibiendo. Discernimiento es lo que tenemos que irnos, a nosotros mismos, demostrando que actúa en nuestro ser; el discernimiento nos posibilitó crecer en el libre albedrío, y ahora es el libre albedrío, en sus decisiones y consecuencias, el que tiene que ir constatando la validez de nuestro discernimiento.

"Todo está en nosotros", pero no para hacernos crecer el la soberbia andrógina, sino para hacernos humildes y, al mismo tiempo, responsables de nuestro destino y el de la propia humanidad a través de lo que consentimos que viva en nosotros.

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