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¿Qué más nos dice Moisés?

La maldad y la muerte

El universo y la tierra son nuestro hogar. Según Moisés, toda la creación era buena en gran manera cuando Dios terminó su obra. Todavía se ve mucha armonía en la naturaleza, en cuanto a los fenómenos estudiados por la física y la química. Es en el reino de la vida donde empiezan los problemas. Cuanto más es el nivel de organización, más son los conflictos. Es en el cumbre de desarrollo, entre la humanidad, donde aparecen claramente el egoísmo, la manipulación por intereses propios, la mentira, el robo, la opresión de unos por otros, la esclavitud, la rebelión, el asesinato, los conflictos bélicos, y la destrucción en todas sus formas. Tenemos que concurrir con Moisés en que hay algo en la naturaleza humana que se rebela contra la armonía planeada por Dios desde el principio. Moisés explica que Dios les sujetó a los vivos a la muerte para poner límite a la maldad que pudieron hacer.

¿Es reversible la muerte?

La muerte es un límite que no podemos franquear. La ciencia médica ahora puede evitar muchas enfermedades e inclusive puede a veces reparar daños mortíferos sufridos en determinados casos. Pero una vez que una persona muere, hay procesos químicos naturales que desordenan a nivel molecular la estructura bioquímica necesaria para la vida. Después de dos o tres días, la información necesaria para restaurar un cuerpo a vida y salud es más de la que podría procesar todos los ordenadores en el mundo. Solo un Agente Omnisciente, Dios, puede dar nueva vida después de la muerte.

Liberación y restauración

Moisés nunca era esclavo, pero dedicó su vida a la liberación de los esclavizados de su pueblo. Compuso y publicó su narrativo de creación principalmente para mostrar que el mundo, tal como lo encontramos, no está en las condiciones que Dios había ideado. El plan de Dios era que viviéramos en libertad, en paz con nuestro creador y con armonía entre nosotros. Como este ideal no se produjo en el principio, Moisés dice que Dios se dispone a ayudarnos en la restauración. En el segundo libro de Moisés, el éxodo, vemos como Dios envió desastres naturales a los opresores hasta que ellos por fin dejó escaparse los esclavos. Un solo hombre luchando para un ideal no hubiera podido contra todo el imperio poderoso de Egipto entonces, pero un hombre con Dios sí pudo hacer maravillas.

La tendencia en la naturaleza es hacia la disipación de las fuentes de energía, el desorden, el decaimiento, y la muerte. Pero Dios creó todas las cosas, trabajando para generar la energía necesaria, ordenando el universo para crear y producir la vida.

La única esperanza que tenemos es en Dios, si queremos ver renovación, restauración, y hasta la resurrección de los muertos. Moisés dijo que vendría otro después de él, uno que nos comunicaría los designios de Dios con mucho más claridad. Hace dos mil años nació Jesús de Nazaret, hombre conocedor de los escritos de Moisés, quien igualmente se dedicó a hacer bien, libertando a los que eran sujetos a la enfermedad, la opresión y la muerte. La peor injusticia de toda la historia humana fue la tortura, crucifixión y muerte de este hombre justo. Pero según los seguidores de Jesús, Dios no dejó en pie esta injusticia. Jesús resucitó el tercer día y se presentó sano y salvo a sus amigos, los que le conocían muy bien. Estos llegaron a ser testigos oculares que hablaron con denuedo cara a cara con los que crucificaron a Jesús, culpándoles de estropear la renovación ofrecida por Dios. Reconocieron que Jesús, en una manera única y especial, era el Hijo de Dios. Jesús tenía derecho de ser el señor de sus vidas, porque había él sufrido el castigo que la rebelión de otros merecía.

El individuo decide

Desde entonces la lucha sigue entre los opresores y los que eligen la liberación y renovación que Dios ofrece. Ahora cada individuo decide por sí mismo en cuál lado del conflicto está. Si somos indiferentes, si no queremos complicarnos con luchas para la justicia, o si deliberadamente nos rebelamos contra la justicia, el efecto es lo mismo. No podemos disfrutar de la vida de paz con Dios y armonía con otros. Pero va a experimentar renovación el que decide cambiar y pide a Dios perdón por haber querido mandar en su propia vida según su parecer particular. Dios tomará nota de esta decisión. Entra en la vida ofrecida a él, empieza a quitar de esta vida las conductas injustas, y da poder para ayudar a otros según los buenos propósitos de Dios.

Este cambio puede efectuarse con un momento de hablar sinceramente con Dios, ofreciéndole una oración como la siguiente:

  • Señor Jesús, quiero pertenecerte de hoy en adelante. 

  • Perdóname Señor por haber intentado mandar en mi propia vida y por mis egoísmos e injusticias. 

  • Gracias por sufrir en la cruz el castigo que mis rebeliones merecían. 

  • Te pido que me aceptes como tu amigo y que me des nueva vida como la tuya, la vida resucitada. 

  • Líbrame de todos las conductas que a ti no son agradables.  

  • Dame tu poder para hacer el bien que tu quieres para todos. 

  • Gracias Señor por este don concedido.

Ser amigo de Dios

Cuando uno se entrega así a Dios, Dios le recibe a uno como su amigo, en la manera en que Moisés era amigo de Dios. Los amigos se hablan y comparten sus planes. Dios habla más claramente hoy por medio de la Biblia, que es el récord escrito por muchos amigos de Dios. La Biblia es mucho más clara cuando Dios, el que realmente es el autor de la Biblia, es el amigo de uno. Para muchos que se entregan a Dios, la primera evidencia de que Dios realmente ha entrado en su vida es que, cuando leen la Biblia, por primera vez la entienden. Si ha orado a Dios, le invito a intentar entender la Biblia.

También, los que se han entregado a Dios deben saber que ya son parte de una compañía grande, de extensión global, que ha tomado la misma decisión. Los que tenemos intereses comunes debemos comunicar entre nosotros. Así que le invito también a comunicar conmigo, el autor, Dr. Edwin L. Kerr San Juan.


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Para el creyente, los vastos espacios de los cielos y el gran número de estrellas, tienen sentido. Hasta las estrellas que estallan son necesarias para nuestra vida. Podemos mirar la noche estrellada y decir, "¡Padre! ¿Hiciste todo esto para nosotros?" La respuesta de Dios se encuentra en I Corintios 3:21: Todo es vuestro.