Los tres descubrimientosEl primer descubrimientoAlbert Einstein en 1905 propuso su teoría especial de la relatividad. Un corolario modificó la ley que decía que la materia es conservada en toda reacción. La materia no es eterna, sino que puede crearse. La energía pura puede materializarse. Esta energía puede ser los rayos X generados por ciclotrones, o los rayos gamma, todavía más energéticos que los rayos X, que ahora llegan de las regiones más lejanas y antiguas del universo. Estos rayos son oscuros. Su vibración es demasiado rápida como para producir ninguna sensación visual. Cuando hacen una radiografía, un pulso muy energético traspasa el sujeto y expone la película, pero el sujeto no ve nada. Pero cuando los rayos gamma chocan entre sí, gran parte de su energía materializa en componentes de átomos, como electrones, protones, neutrones y otras partículas. La energía sobrante hace rayos menos energéticos, como los rayos de luz o de calor. Así los rayos oscuros se hacen visibles cuando chocan entre sí, se rompen, y parcialmente materialicen, dejando un saldo de luz. Este descubrimiento indica que la materia del universo vino de las tinieblas muy energéticas de los rayos gamma, cuando estos chocaron y produjeron materia muy caliente. Pero no explica de donde vino la energía. Esta energía tenía que producirse por una agencia muy potente que hizo el trabajo necesario para generar tanta energía. El segundo descubrimientoEdwin P. Hubble anunció en 1929 que el universo está en expansión. El observó que en general las galaxias se alejan unas de otras. Este movimiento no puede haber continuado así desde la eternidad pasada, porque ahora las galaxias estarían infinitamente lejos de nosotros, y no podríamos observar ninguna de ellas. Cuando vemos el cielo lleno de galaxias, sabemos que en cierto momento, no infinitamente remoto en el pasado, la agencia creadora actuó. Al principio todas las galaxias estaban juntas, y antes de su separación formaban una masa compacta. El tercer descubrimientoEn 1964 dos científicos de los Laboratorios Bell (la Telefónica de los EE. UU.), Arno Penzias y Robert Wilson, detectaron la luz proveniente de esa masa con una antena de microondas. Cualquier persona puede detectar la misma luz con un equipo tan ordinario como un televisor. Solo hay que prenderlo y seleccionar un canal donde por el momento no haya transmisión. Se verá un baile de puntos blancos y negros. Según la determinación de Penzias y Wilson, el setenta por ciento de estos puntos son ruidos electrónicos de aparatos artificiales, como emisoras demasiado lejanas como para captar una imagen, motores eléctricos, etcétera. Casi todos los restantes son emisiones aleatorias esporádicas del sol, de otras estrellas, y de galaxias lejanas. Pero uno entre cien de los puntos es el resultado de la luz original, llegando ahora a la antena de nuestro televisor después de viajar a través del universo desde la creación. Esta luz viene de regiones que distan de la tierra el número de años luz que es igual al número de años pasados desde la creación. (Ya que ahora entiendo el baile de puntos, éste ha llegado a ser mi programa favorito. Edifica más que muchos otros.) El televisor no da una imagen clara del universo original. La interferencia es cien veces más fuerte que la luz original. Para investigarla mejor, en 1989 la N. A. S. A. lanzó al espacio exterior el satélite COBE (Explorador del Trasfondo Cósmico), lejos de la interferencia de los artefactos de la tierra, y fuera de la atmósfera, que absorbe buena porción de esta señal. Desde allí confirmaron que la llamada "radiación de trasfondo" se originó como una luz rojiza. Se ha enfriado mucho por la expansión del universo, y cuando llega a la tierra ya no es visible. Pero cuando partió, era luz visible. |