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-Allá, sumido en honda melancolía, escapó de su lecho de sueños perdidos-. Corría el hombre niño por el frío del bosque cerrado, siguiendo el rastro de miel que dejaba la luna en su paseo blanco. -Las lágrimas comenzaban a florecer por el valle dorado de sus mejillas-. El niño hombre atravesó aquel jardín de manos ajenas que intentaban sujetarle, subiendo con el viento hasta la loma. -Los diamantes que bañaban sus ojillos se colmaron de una blanca soledad-. Aulló a la luna postrado, vertiendo sobre aquellas tierras libres semillas de cristal de plata, para que así, de ella, más lunas pudieran brotar. 02/9/95
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