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Me has venido siguiendo, en este largo camino, y yo, sintiendo siempre, que no era mi sombra lo que me acompañaba. Qué desazón sentir tu aliento tan cerca de mi sangre, ahora, que mis pasos son lentos, que la belleza me abandona, que mis palabras tiemblan. Cómo me estremece saber que al final te encontré aguardando en mis huellas del principio; Y que, eres tú, y no el amor, ni la luz, ni dios, ni mi cuerpo, mi última y primera compañía. Carlos M.A.
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