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Caperucita Sara |
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CAPERUCITA SARA
Y EL LOBO FEROZ
rase
una vez que se era, una joven muchachita de ojos brillantes y almendrados, pelo
revuelto color castaño oscuro, y tres presuntos kilitos de más que sólo veían
ella y su báscula. Su nombre era Caperucita Sara. Cierto día, su mamá
le mandó ir a casa de su abuelica a llevarle unas fresitas -para que las
probara con un poquito de vinagre y azúcar-. ¡Ya
estamos, Jolín! ¡Y
perderme en la tele "Hay
una carta para tí"! ¿Por
qué tiene que ir la Sara solita
hasta allí; no
puede ir mi hermana?. La
mamá le prometió, como premio si lo hacía, un gran banquete lleno de cefalópodos,
artrópodos, miriápodos y gasterópodos. Caperucita Sara, a regañadientes,
pensó: Oh,
qué enorme dilema, oh,
qué profunda desazón, ¿cuál
resolverá el problema: el
hambre que me llena, o
el vacío de mi corazón?. Y
continuó reflexionando: ¡Si
despacho a la abuela, de
forma rauda y veloz, a
casa llegaré en hora buena para
ver la programación!. Y,
así, Caperucita Sara, cestita en mano, se encaminó hacia la casa de su
abuelita. De camino al Metro, se cruzó con Jesús, un malvado Lobo Feroz, que,
al pasar, le dijo con su voz grave: Hola,
Caperucita, ¿adónde
vas con
esa cestita?.
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