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NOTA
PRELIMINAR
El presente artículo fue aceptado como comunicación en el Congreso Internacional celebrado en torno a la figura de Eduardo Barriobero en la localidad riojana de Arnedo, del 23 al 25 de octubre de
2002: "Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939): Sociedad y cultura
radical. 1932: Los sucesos de Arnedo". En el texto se aborda el trágico
episodio que dio título al Congreso desde la interpretación que hicieron
de éste los diputados de la Alianza de Izquierdas, a la que pertenecía Eduardo
Barriobero, y la CNT, sindicato en el que aquella agrupación había depositado
sus esperanzas de movilización política y crecimiento electoral. Debido a las limitaciones de
espacio, omitimos muchas explicaciones, pretendiendo tan solo con nuestra
intervención introducir la cuestión tratada.
Al lector que desee ampliar información, tanto respecto a los antecedentes y desarrollo de los sucesos como a las reacciones que suscitaron y su repercusión en la vida política nacional, le remito a la obra de
Carlos GIL ANDRÉS,
La República en la plaza. Los sucesos de Arnedo de 1932, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos,
2002, excelente monografía, presentada en enero de 2003, con motivo de la conmemoración del septuagésimo
primer aniversario de los hechos, que obviamente supera, en exhaustividad y amplitud de enfoque, nuestra modesta contribución.
Tras los sucesos de Castilblanco, ocurridos el 31 de
diciembre de 1931, en la primera semana de 1932 se produjeron choques violentos
entre la Guardia Civil y grupos de campesinos y obreros, con un saldo de varias
víctimas mortales, en Zalamea de la Serena, Épila y Jeresa[1]. Dentro de esta serie se inscriben los sucesos de
Arnedo, ocurridos el 5 de enero de 1932, que destacaron de los anteriores por el
número de víctimas (once muertos y en torno a treinta heridos, algunos de
ellos lisiados para siempre), por hallarse entre dichas víctimas mujeres, niños
y ancianos, y por constituir un caso evidente de uso desmedido de la fuerza para
disolver una manifestación de carácter pacífico[2]. Tras ellos se activaron en el país las protestas
contra la Guardia Civil[3].
En el debate acerca de los sucesos de Arnedo en el
Parlamento se plantearon dos cuestiones distintas. El diputado socialista por
Logroño, Amós Sabrás, solicitó que se esclarecieran los hechos y se
depuraran las responsabilidades correspondientes, demanda que no envolvía una
condena al Instituto armado, seguramente debido a la presencia de los
socialistas en el Gobierno[4]. Los diputados de la Alianza de Izquierdas, que
también se unieron (y de modo reiterado) a la anterior petición[5], enfocaron el debate hacia la crítica de la política
de orden público adoptada por el Gobierno, y en particular hacia la reforma de
la Guardia Civil y la sustitución de la misma por otra fuerza en el control de
los conflictos sociales. Así lo hicieron Sediles y, de modo destacado, Balbontín,
que acabaría pidiendo la disolución de dicho Cuerpo[6]. Por su parte Barriobero, quien anteriormente ya había
reclamado una reforma de la Guardia Civil, relacionó los sucesos de Arnedo con
otros episodios recientes de extralimitaciones por parte de la fuerza pública,
hablando al respecto de "una anormalidad completa en el ejercicio de la
función de la autoridad" y extendiendo su crítica a todos los cuerpos
policiales[7].
Los sucesos de Arnedo suministraron un nuevo
argumento a la Alianza de Izquierdas para denunciar la persistencia de los métodos
"monárquicos", o sea represivos, empleo de la Guardia Civil incluido, a la hora
de atender los conflictos de carácter obrero, protesta integrada en el discurso
de defensa de las libertades civiles y los derechos sindicales que analizo en el
trabajo "Eduardo Barriobero y Herrán, exponente de una cultura política
común a republicanos y anarquistas en el primer tercio del siglo XX",
depositado en el Instituto de Estudios Riojanos[8].
A la denuncia de la Alianza también se sumó La
Tierra, diario de extrema izquierda vinculado a dicho grupo, que solicitó
tras el incidente una transformación profunda de la Guardia Civil[9].
La CNT, pese a no haber estado involucrada en el
conflicto que provocó los sucesos de Arnedo, se destacó en la protesta por éstos[10]. En La Rioja, donde la tragedia tuvo una repercusión
mayor, la UGT, el sindicato afectado por las muertes, insistió en la depuración
de responsabilidades, siguiendo la línea de colaboración gubernamental[11]. Mientras, los anarcosindicalistas, en nombre del
pleno ejercicio de la libertad sindical, solicitaron un cambio en la política
de orden público del Gobierno, que incluía el "desarme o disolución de
la Guardia civil" y la "anulación de la ley de Defensa de la República".
Unas peticiones a las que se unieron algunas organizaciones republicanas de la
provincia, como el Ateneo de Divulgación Social, presidido por el federal
Enrique Paúl y Almarza, corresponsal de La
Tierra, y una representación oficial del Partido Republicano Radical
Socialista[12].
Arnedo se convirtió para los libertarios, y para los
republicanos de la izquierda más radical, en un símbolo de la permanencia de
la represión sobre el proletariado bajo la Segunda República.
NOTAS
[1] Julián CASANOVA, De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España (1931-1939), Barcelona, Crítica, 1997, pp. 43-44; Stanley G. PAYNE, La primera democracia española. La Segunda República (1931-1936), Barcelona, Paidós, 1995, pp. 95-97.
[2] CASANOVA, De la calle..., pp. 44-47; Carlos GIL ANDRÉS, Echarse a la calle. Amotinados, huelguistas y revolucionarios (La Rioja, 1890-1936), Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2000, pp. 194-197; Francisco BERMEJO MARTÍN, La II República en Logroño. Elecciones y contexto político, Logroño, IER, 1984, pp. 255-256; Roberto PASTOR MARTÍNEZ, "Una página del movimiento obrero riojano: sucesos de Arnedo, 5 de enero 1932", en Cuadernos de Investigación. Historia, Tomo X, Fascículo 1, Colegio Universitario de La Rioja, 1984, pp. 193-207.
[3] CASANOVA, De la calle..., p. 44; Gabriel JACKSON, La República española y la guerra civil, Barcelona, Crítica, 1981, p. 79; PAYNE, La primera..., p. 120; PASTOR, "Una página...", p. 194.
[4] Diario de Sesiones de las Cortes [DSC], 6-I-1932, pp. 3.015-3.018; pp. 210-212 de Roberto PASTOR MARTÍNEZ, "Sucesos del 5 de enero 1932 en Arnedo en el Congreso de los Diputados", en Cuadernos de Investigación. Historia, Tomo X, Fascículo 1, Colegio Universitario de La Rioja, 1984, pp. 209-218.
[5] Sediles, DSC, 12-I-1932, pp. 3.118-3.119, reiterada en cinco ocasiones más; Barriobero, DSC, 5-II-1932, pp. 3.631-3.632; Franco, DSC, 21-III-1932, p. 4.625; y se añadió Cordero Bel, tras su incorporación a la minoría de extrema izquierda, DSC, 23-XI-1932, p. 9.679; también PASTOR, "Sucesos...", pp. 216-217.
[6] Sediles, DSC, 6-I-1932, p. 3-024; Balbontín, DSC, 6-I-1932, pp. 3.024-3.025 y 3.028-3.029, y DSC, 18-X-1932, pp. 8.918-8.919. Introdujo la cuestión el diputado por la ERC y USC Sr. Lluhí, DSC, 6-I-1932, pp. 3.021-3.023.
[7] DSC, 5-II-1932, pp. 3.631-3.632; para las anteriores intervenciones reclamando la reforma de la Guardia Civil, Jesús RUIZ PÉREZ, "Eduardo Barriobero y Herrán, exponente de una cultura política común a republicanos y anarquistas en el primer tercio del siglo XX", 2002, trabajo depositado en el Instituto de Estudios Riojanos, p. 15 [ya publicado: Jesús RUIZ PÉREZ, “República y Anarquía: El pensamiento político de Eduardo Barriobero (1875-1939)”, Berceo, Nº144 (2003), pp. 177-202].
[8] Este trabajó contó con una Ayuda a la Investigación del Instituto de Estudios Riojanos de la Consejería de Cultura, Juventud y Deportes del Gobierno de La Rioja, en la convocatoria del año 2001.
[9] "El pueblo y la Guardia Civil", La Tierra, 6-I-1932.
[10] GIL, Echarse..., p. 198; PASTOR, "Una página...", p. 204.
[11] PASTOR, "Una página...", p. 204; manifiesto del Comité Provincial de la UGT, en "Los obreros de Arnedo expresan su protesta, que comparten todos los de España", La Tierra, 8-I-1932.
[12]
"Los obreros...", donde se incluye un manifiesto del Comité
Comarcal de la CNT; "Mitin de protesta en el frontón Beti-Jai", La
Rioja, 8-I-1932; GIL, Echarse...,
pp. 197-198; BERMEJO, La II República...,
pp. 227 y 253.