LIBERTARIOS RIOJANOS REPRESALIADOS

Jesús RUIZ PÉREZ

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Jesús RUIZ PÉREZ, "Libertarios riojanos represaliados", en  VVAA: La muerte de la Libertad. Represión franquista al Movimiento Libertario, Valencia, Confederación General del Trabajo y L'Eixam Edicions, 2009, pp. 171-173
Catálogo de la exposición <<La muerte de la Libertad. Represión franquista al Movimiento Libertario>>, organizada por la Confederación General del Trabajo y la Fundación Salvador Seguí, y coordinada por Cristina ESCRIVÀ MOSCARDÓ y Rafael MAESTRE MARÍN
ISBN 978-84-96014-87-9


Distribuyen:

Confederación General del Trabajo
Teléfono 91 447 57 69
spcc.cgt@cgt.es
www.memorialibertaria.org

L'Eixam Edicions
Teléfono 96 185 43 14
eixam@eixamedicions.com

 


ÍNDICE (Escaneado por La Librería de Cazabaret)

       
 


Los militares sublevados contra la República consiguieron imponer su autoridad en La Rioja desde el 19 de julio de 1936, venciendo fácilmente los escasos conatos de resistencia armada. A partir de entonces se inició una represión sistemática, cruenta y a gran escala, que se ensañó particularmente con los libertarios. El último estudio con el que contamos, realizado por Jesús Vicente Aguirre, establece que un 38% de los asesinados con militancia conocida pertenecían a la CNT, por lo que los anarcosindicalistas fueron quienes sufrieron con mayor intensidad la represión, seguidos por los obreros socialistas, con un 34% de víctimas. La laguna que todavía existe respecto a la filiación política de la mitad de los 1.977 riojanos fusilados esconde, con toda probabilidad, una magnitud aún mayor.


La Rioja había contado con organizaciones libertarias desde la época de la Primera Asociación Internacional de Trabajadores, aunque la decisiva y más firme implantación del anarcosindicalismo tuvo lugar a partir de la creación de la Confederación Nacional del Trabajo. En el periodo que va de 1910 a 1936, hasta 40 localidades riojanas contaron en algún momento con sindicatos adheridos a la CNT. De entre ellas hay que destacar, por la continuidad a lo largo del tiempo de sus estructuras organizativas, y por el elevado número de obreros que les prestaron su apoyo, un total de 15 municipios, verdadero corazón libertario de La Rioja: Aldeanueva de Ebro, Arnedo, Briones, Calahorra, Cenicero, Cervera del Río Alhama, Fuenmayor, Haro, Logroño, Nájera, Pradejón, San Asensio, Santo Domingo de la Calzada, San Vicente de la Sonsierra y Villamediana.


El golpe de Estado soprendió a los riojanos en un momento de reorganización y expansión. Bajo el Gobierno del Frente Popular, entre febrero y junio de 1936, se constituyeron sindicatos cenetistas en 28 municipios de La Rioja, existiendo evidencias de la presencia de libertarios en varias localidades más. Al Congreso Nacional de mayo de 1936 acudieron la Federación Local de Logroño (que contaba con 9 secciones y 2.964 afiliados) y otros 19 Sindicatos Únicos. La cifra oficial de representados ascendió a un total de 4.888 socios. En los meses siguientes, al menos 400 de estos trabajadores acabaron pasados por las armas. La mayoría vivían en un reducido número de pueblos y ciudades, enclaves “rojos” en una provincia predominantemente conservadora. Tan marcada polarización convierte la violencia sufrida por los libertarios bajo las autoridades golpistas en un auténtico exterminio.


La virulencia de la represión en La Rioja demuestra lo que las tres siglas de la CNT llegaron a representar en toda España. A lo largo de los años, a través de los vínculos que establecían en el centro obrero, los trabajadores riojanos fueron aprendiendo el hábito de la solidaridad, tejieron una cultura propia y acumularon una considerable experiencia en el desarrollo de acciones colectivas. Con la llegada de la Segunda República la vida cotidiana de los enclaves libertarios se vio modificada de modo patente. Las clases subalternas abandonaron la deferencia hacia los poderosos. Los jornaleros perdieron el miedo a enfrentarse, de modo abierto, con los “amos” y los caciques. Semejante trastorno de las relaciones de sumisión tradicionales resultaba una amenaza continua para los grupos privilegiados. Y el castigo subsiguiente resultó proporcional al temor.


Había demasiados vecinos significados. Por participar en largas y conflictivas huelgas. Por invadir y roturar la propiedad de los terratenientes, como hicieron los cenetistas en Tormantos. A veces, incluso, por ejercer cargos municipales, como el veterano dirigente anarcosindicalista Félix Morga Rocandio (45 años), zapatero, que llegó a ocupar el cargo de Alcalde de Nájera y conseguió cosas tan preocupantes como que el antiguo Sindicato Único controlara la contratación de obreros y que la Guardia Civil saliera del pueblo. En la imagen que acompaña estas líneas Félix Morga (agachado, el primero por la izquierda) aparece junto a su compañero de fatigas Policarpo Sáez Prado (47 años), vecino de Uruñuela. “Carpo”, vendedor ambulante de pescado, siguió la misma trayectoria posibilista, pasando de representar al Sindicato Único local en los años veinte a desempeñar una concejalía en el periodo del Frente Popular.

Félix Morga Rocandio (agachado, el primero por la izquierda) y Policarpo Sáez Prado (junto a él), refugiados en Baracaldo tras la huelga general revolucionaria de diciembre de 1930; principios de enero de 1931. Fuente: familia de Policarpo Sáez.

 

Las insurrecciones iniciadas por los libertarios el 8 de diciembre de 1933 en Logroño y otras trece localidades riojanas supusieron tal vez el desafío más importante al orden establecido. En Fuenmayor, San Asensio, Briones y San Vicente de la Sonsierra los rebeldes tuvieron éxito y consiguieron tomar el control del pueblo por unas horas. Hicieron ondear la bandera roja y negra en el Ayuntamiento, proclamaron el comunismo libertario por medio de un bando, prendieron fuego a los archivos municipales, un acto que consideraban equivalente a la abolición de la propiedad, y pusieron en marcha el reparto de alimentos. La experiencia duró poco y los insurrectos fueron vencidos pronto. Pero dejaron plasmada en la práctica su firme determinación de alcanzar la revolución social. El enfrentamiento con las fuerzas del orden se saldó con 14 muertos, incluidos 4 miembros de los cuerpos policiales, y 433 procesados. Muchos de los encausados pagarían cara su audacia, convirtiéndose en blanco de la represión en 1936. Una suerte similar a la de los libertarios de Cervera del Río Alhama y Torrecilla de Cameros que el 5 de octubre de 1934 prestaron su apoyo al movimiento insurreccional protagonizado allí por los socialistas.


De entre las numerosas víctimas de la represión, el exiliado Pablo Velasco Santaolalla quiso conservar el recuerdo de “cuatro heroínas” libertarias ejecutadas en La Rioja: Carmen Villar Aguado (32 años), presidenta de la Federación Tabaquera de Logroño; Enriqueta Santamaría Gómez, “la Libertaria” (23 años), de Cenicero, acusada de de haber destruido la documentación del Sindicato Único para obstaculizar la labor represiva; Consuelo Velasco, “la Campesina” (36 años), de San Vicente de la Sonsierra, en cuya casa estaba instalada la sede de la CNT, y María Restauración Gasco Romero (29 años), de Nájera, componente de una familia de tradición anarquista, asesinada junto a su madre, Ana María Romero (57 años). Nombres femeninos a los que habría que añadir un sexto, el de Marina Argentina García Tourman (24 años), de Cenicero, culpable de organizar actividades culturales en el centro anarcosindicalista.


Dado que la tradición libertaria llevaba arraigada en la región dos décadas y media, no faltan entre los asesinados de La Rioja algunos de los líderes que contribuyeron con su actividad a definir y difundir el anarcosindicalismo. Es el caso de Juan Gil Álvarez (52 años), quien participó en la redacción de los estatutos de la CNT, durante el Congreso fundacional celebrado en Barcelona en 1910, e impulsó la creación del nutrido Centro Obrero de Cervera del Río Alhama. O el del dirigente campesino Eleuterio Ledesma Castro (43 años), fundador del Sindicato de San Asensio y activo propagandista, quien tuvo un destacado papel como organizador, en contacto con la Federación Comarcal de La Rioja, de la insurrección libertaria de diciembre de 1933. Por lo que respecta a los dirigentes de la capital que sufrieron la represión cabe destacar a Marceliano Belloso Navarro (52 años), contable, vegetariano y naturista, fundador de la colonia Villa Natura a mediados de los años 20 y, probablemente, responsable de la editorial “Natura”, que publicó en Logroño varios folletos al inicio de la Segunda República; los hermanos Daniel Maza Muro (54 años) y Julio Maza Muro (52 años), ambos zapateros; y Francisco Vidal Bajes (42 años), maestro albañil, quien en 1915 dirigió las obras de construcción de la sede de la CNT en Logroño, el Centro Obrero de la calle de los Baños. Por último, la nómina de represaliados riojanos alcanza a Eduardo Barriobero y Herrán (63 años), abogado y escritor nacido en Torrecilla de Cameros, que se contó entre los grandes valedores de la personalidad y el proyecto de la CNT, a cuya disposición puso siempre su trabajo como letrado, su pluma y hasta la inmunidad que le confería el acta de diputado republicano.


Otros destacados líderes del anarcosindicalismo en La Rioja consiguieron escapar a territorio leal, empezando lo que se convertiría en un largo exilio. Feliciano Subero Martínez, fundador del Ateneo de Divulgación Social y presidente del Sindicato Único de la Metalurgia de Logroño, en cuya representación asistió a los Congresos Nacionales de junio de 1931 y mayo de 1936, ocupó el cargo de Comisario General del Ejército del Este. Acabó sus días en México. Fausto Villamor Pérez, dirigente de San Vicente de la Sonsierra que encabezó la insurrección libertaria de diciembre de 1933, se convirtió en Comisario del Ejército en el frente vasco. Tras la derrota se estableció en Francia. Por su parte Pablo Velasco Santaolalla, responsable de la Comisión de Obreros Parados de la capital, no pudo eludir la detención, que le costó varios años de presidio en Pamplona. Una vez excarcelado trabajó para reorganizar en la clandestinidad el Comité Regional del Norte. Cayó ametrallado por la policía franquista en Bilbao, en 1945, aunque sobrevivió al intento de asesinato. Terminó exiliado en Francia.


La situación internacional, con el capitalismo inmerso en la crisis del 29, y los ensayos insurreccionales de diciembre y de octubre, parecían indicar que aquel verano de 1936 estaba muy próxima la revolución social. En otras partes de España, efectivamente, los obreros vieron llegar su hora con la Guerra Civil. Pero en La Rioja la sublevación militar supuso el inicio de una exhaustiva represión que desarticuló por completo y de modo duradero las organizaciones sostenidas por los libertarios.


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