LIBERTARIOS
RIOJANOS REPRESALIADOS
Jesús RUIZ PÉREZ

|
|
|
Distribuyen:
|
|
|
|
Los militares
sublevados contra la República consiguieron imponer su autoridad en La Rioja
desde el 19 de julio de 1936, venciendo fácilmente los escasos conatos de
resistencia armada. A partir de entonces se inició una represión sistemática,
cruenta y a gran escala, que se ensañó particularmente con los libertarios. El
último estudio con el que contamos, realizado por
Jesús Vicente Aguirre,
establece que un 38% de los asesinados con militancia conocida pertenecían a la
CNT, por lo que los anarcosindicalistas fueron quienes sufrieron con mayor
intensidad la represión, seguidos por los obreros socialistas, con un 34% de
víctimas. La laguna que todavía existe respecto a la filiación política de la
mitad de los 1.977 riojanos fusilados esconde, con toda probabilidad, una
magnitud aún mayor.
La Rioja había contado con organizaciones libertarias desde la época de la
Primera Asociación Internacional de Trabajadores, aunque la decisiva y más firme
implantación del anarcosindicalismo tuvo lugar a partir de la creación de la
Confederación Nacional del Trabajo. En el periodo que va de 1910 a 1936, hasta
40 localidades riojanas contaron en algún momento con sindicatos adheridos a la
CNT. De entre ellas hay que destacar, por la continuidad a lo largo del tiempo
de sus estructuras organizativas, y por el elevado número de obreros que les
prestaron su apoyo, un total de 15 municipios, verdadero corazón libertario de
La Rioja: Aldeanueva de Ebro, Arnedo, Briones, Calahorra, Cenicero, Cervera del
Río Alhama, Fuenmayor, Haro, Logroño, Nájera, Pradejón, San Asensio, Santo
Domingo de la Calzada, San Vicente de la Sonsierra y Villamediana.
El golpe de Estado soprendió a los riojanos en un momento de reorganización y
expansión. Bajo el Gobierno del Frente Popular, entre febrero y junio de 1936,
se constituyeron sindicatos cenetistas en 28 municipios de La Rioja, existiendo
evidencias de la presencia de libertarios en varias localidades más. Al Congreso
Nacional de mayo de 1936 acudieron la Federación Local de Logroño (que contaba
con 9 secciones y 2.964 afiliados) y otros 19 Sindicatos Únicos. La cifra
oficial de representados ascendió a un total de 4.888 socios. En los meses
siguientes, al menos 400 de estos trabajadores acabaron pasados por las armas.
La mayoría vivían en un reducido número de pueblos y ciudades, enclaves “rojos”
en una provincia predominantemente conservadora. Tan marcada polarización
convierte la violencia sufrida por los libertarios bajo las autoridades
golpistas en un auténtico exterminio.
La virulencia de la represión en La Rioja demuestra lo que las tres siglas de la
CNT llegaron a representar en toda España. A lo largo de los años, a través de
los vínculos que establecían en el centro obrero, los trabajadores riojanos
fueron aprendiendo el hábito de la solidaridad, tejieron una cultura propia y
acumularon una considerable experiencia en el desarrollo de acciones colectivas.
Con la llegada de la Segunda República la vida cotidiana de los enclaves
libertarios se vio modificada de modo patente. Las clases subalternas
abandonaron la deferencia hacia los poderosos. Los jornaleros perdieron el miedo
a enfrentarse, de modo abierto, con los “amos” y los caciques. Semejante
trastorno de las relaciones de sumisión tradicionales resultaba una amenaza
continua para los grupos privilegiados. Y el castigo subsiguiente resultó
proporcional al temor.
Había demasiados vecinos significados. Por participar en largas y conflictivas
huelgas. Por invadir y roturar la propiedad de los terratenientes, como hicieron
los cenetistas en Tormantos. A veces, incluso, por ejercer cargos municipales,
como el veterano dirigente anarcosindicalista Félix Morga Rocandio (45 años),
zapatero, que llegó a ocupar el cargo de Alcalde de Nájera y conseguió cosas tan
preocupantes como que el antiguo Sindicato Único controlara la contratación de
obreros y que la Guardia Civil saliera del pueblo. En la imagen que acompaña
estas líneas Félix Morga (agachado, el primero por la izquierda) aparece junto a
su compañero de fatigas Policarpo Sáez Prado (47 años), vecino de Uruñuela.
“Carpo”, vendedor ambulante de pescado, siguió la misma trayectoria posibilista,
pasando de representar al Sindicato Único local en los años veinte a desempeñar
una concejalía en el periodo del Frente Popular.

|
Félix Morga Rocandio (agachado, el primero por la izquierda) y Policarpo Sáez Prado (junto a él), refugiados en Baracaldo tras la huelga general revolucionaria de diciembre de 1930; principios de enero de 1931. Fuente: familia de Policarpo Sáez. |
Las insurrecciones
iniciadas por los libertarios el 8 de diciembre de 1933 en Logroño y otras trece
localidades riojanas supusieron tal vez el desafío más importante al orden
establecido. En Fuenmayor, San Asensio, Briones y San Vicente de la Sonsierra
los rebeldes tuvieron éxito y consiguieron tomar el control del pueblo por unas
horas. Hicieron ondear la bandera roja y negra en el Ayuntamiento, proclamaron
el comunismo libertario por medio de un bando, prendieron fuego a los archivos
municipales, un acto que consideraban equivalente a la abolición de la
propiedad, y pusieron en marcha el reparto de alimentos. La experiencia duró
poco y los insurrectos fueron vencidos pronto. Pero dejaron plasmada en la
práctica su firme determinación de alcanzar la revolución social. El
enfrentamiento con las fuerzas del orden se saldó con 14 muertos, incluidos 4
miembros de los cuerpos policiales, y 433 procesados. Muchos de los encausados
pagarían cara su audacia, convirtiéndose en blanco de la represión en 1936. Una
suerte similar a la de los libertarios de Cervera del Río Alhama y Torrecilla de
Cameros que el 5 de octubre de 1934 prestaron su apoyo al movimiento
insurreccional protagonizado allí por los socialistas.
De entre las numerosas víctimas de la represión, el exiliado Pablo Velasco
Santaolalla quiso conservar el recuerdo de “cuatro heroínas” libertarias
ejecutadas en La Rioja: Carmen Villar Aguado (32 años), presidenta de la
Federación Tabaquera de Logroño; Enriqueta Santamaría Gómez, “la Libertaria” (23
años), de Cenicero, acusada de de haber destruido la documentación del Sindicato
Único para obstaculizar la labor represiva; Consuelo Velasco, “la Campesina” (36
años), de San Vicente de la Sonsierra, en cuya casa estaba instalada la sede de
la CNT, y María Restauración Gasco Romero (29 años), de Nájera, componente de
una familia de tradición anarquista, asesinada junto a su madre, Ana María
Romero (57 años). Nombres femeninos a los que habría que añadir un sexto, el de
Marina Argentina García Tourman (24 años), de Cenicero, culpable de organizar
actividades culturales en el centro anarcosindicalista.
Dado que la tradición libertaria llevaba arraigada en la región dos décadas y
media, no faltan entre los asesinados de La Rioja algunos de los líderes que
contribuyeron con su actividad a definir y difundir el anarcosindicalismo. Es el
caso de Juan Gil Álvarez (52 años), quien participó en la redacción de los
estatutos de la CNT, durante el Congreso fundacional celebrado en Barcelona en
1910, e impulsó la creación del nutrido Centro Obrero de Cervera del Río Alhama.
O el del dirigente campesino Eleuterio Ledesma Castro (43 años), fundador del
Sindicato de San Asensio y activo propagandista, quien tuvo un destacado papel
como organizador, en contacto con la Federación Comarcal de La Rioja, de la
insurrección libertaria de diciembre de 1933. Por lo que respecta a los
dirigentes de la capital que sufrieron la represión cabe destacar a Marceliano
Belloso Navarro (52 años), contable, vegetariano y naturista, fundador de la
colonia Villa Natura a mediados de los años 20 y, probablemente, responsable de
la editorial “Natura”, que publicó en Logroño varios folletos al inicio de la
Segunda República; los hermanos Daniel Maza Muro (54 años) y Julio Maza Muro (52
años), ambos zapateros; y Francisco Vidal Bajes (42 años), maestro albañil,
quien en 1915 dirigió las obras de construcción de la sede de la CNT en Logroño,
el Centro Obrero de la calle de los Baños. Por último, la nómina de
represaliados riojanos alcanza a Eduardo Barriobero y Herrán (63 años), abogado
y escritor nacido en Torrecilla de Cameros, que se contó entre los grandes
valedores de la personalidad y el proyecto de la CNT, a cuya disposición puso
siempre su trabajo como letrado, su pluma y hasta la inmunidad que le confería
el acta de diputado republicano.
Otros destacados líderes del anarcosindicalismo en La Rioja consiguieron escapar
a territorio leal, empezando lo que se convertiría en un largo exilio. Feliciano
Subero Martínez, fundador del Ateneo de Divulgación Social y presidente del
Sindicato Único de la Metalurgia de Logroño, en cuya representación asistió a
los Congresos Nacionales de junio de 1931 y mayo de 1936, ocupó el cargo de
Comisario General del Ejército del Este. Acabó sus días en México. Fausto
Villamor Pérez, dirigente de San Vicente de la Sonsierra que encabezó la
insurrección libertaria de diciembre de 1933, se convirtió en Comisario del
Ejército en el frente vasco. Tras la derrota se estableció en Francia. Por su
parte Pablo Velasco Santaolalla, responsable de la Comisión de Obreros Parados
de la capital, no pudo eludir la detención, que le costó varios años de presidio
en Pamplona. Una vez excarcelado trabajó para reorganizar en la clandestinidad
el Comité Regional del Norte. Cayó ametrallado por la policía franquista en
Bilbao, en 1945, aunque sobrevivió al intento de asesinato. Terminó exiliado en
Francia.
La situación internacional, con el capitalismo inmerso en la crisis del 29, y
los ensayos insurreccionales de diciembre y de octubre, parecían indicar que
aquel verano de 1936 estaba muy próxima la revolución social. En otras partes de
España, efectivamente, los obreros vieron llegar su hora con la Guerra Civil.
Pero en La Rioja la sublevación militar supuso el inicio de una exhaustiva
represión que desarticuló por completo y de modo duradero las organizaciones
sostenidas por los libertarios.