“KAPLAN, Temma, Ciudad roja, periodo azul. Los movimientos sociales en la Barcelona de Picasso

(1888-1939). Barcelona: Península, 2003”

Jesús ruiz pérez

   Reseña aparecida en Studia Historica. Historia Contemporánea, Universidad de Salamanca,  Nº21 (2003), pp. 325-327
   ISSN 0213-2087   CDU 94 

 

 

Una década después de que se publicara en los Estados Unidos, aparece en castellano esta obra, donde Temma Kaplan aborda la aparición y desarrollo de  movimientos sociales en la Barcelona contemporánea, a través de distintos episodios históricos que interpreta como momentos en la construcción dinámica de un actor colectivo con pretensiones de transformar la sociedad.

Dentro de este análisis Kaplan dedica especial atención al proceso por el que elementos del sustrato simbólico y cultural de Barcelona fueron instrumentalizados y articulados  hasta formar un lenguaje político susceptible de expresar resistencia, antagonismo y solidaridad.

La deuda de estos planteamientos con E. P. Thompson, reconocida explícitamente, resulta muy grande.

El lenguaje político mencionado, al que la autora suele referirse como cultura cívica, fue moldeado por aquella parte de la población que desafiaba al poder, siendo tres los grupos en los que se centra la obra: el catalanista de izquierda, el anarcosindicalista y las mujeres de las clases subalternas. Junto a ellos Kaplan se ocupa de la biografía de Picasso como uno más de los ciudadanos inmersos en la cultura cívica de Barcelona, rastreando la influencia en su obra del arte folclórico catalán o los conflictos sociales que sacudieron la capital.

Ciudad roja, periodo azul carece de una estructura sistemática, constituyendo más bien una colección de pequeños ensayos en los que se analizan diferentes fenómenos culturales o manifestaciones sociales a través de los cuáles se pretenden determinar los elementos de identidad y los vínculos de solidaridad (políticos, de clase o de género) existentes entre los barceloneses. El análisis de la sociabilidad y, ligado a ésta, el de la transmisión cultural funcionan como hilos conductores para abordar el amplio abanico de aspectos y acontecimientos tratados: fiestas, conmemoraciones, manifestaciones, funerales, acciones colectivas, como las huelgas generales y los motines de subsistencia, el arte y el folclore populares y su recreación culta, la perpetuación o ruptura de los estereotipos dominantes (en particular, la representación de la mujer como vulnerable y dependiente), o la distribución simbólica y funcional del propio paisaje urbano, con sus lugares de reunión, de ostentación del poder y de atrincheramiento.

Una de las virtudes principales del libro radica en su capacidad de mostrar cómo se incardinaron en la vida cotidiana de las clases subalternas estas experiencias de sociabilidad y de acción colectiva. Destaca sobre todo el estudio pormenorizado de las largas huelgas generales de Barcelona, siempre violentas y revestidas de matiz insurreccional (Kaplan habla al respecto de “guerra de guerrillas”), que acababan afectando a grandes masas de población, y que permitían que se implicaran en ellas grupos sociales ajenos al mundo del trabajo con sus propias reivindicaciones, como las amas de casa o las prostitutas. Una descripción que pone de manifiesto cómo  los trabajadores de Barcelona, habituados a hacer frente a una patronal y a un poder político hostiles, desarrollaron, en el curso de confrontaciones de gran dureza, la táctica de la acción directa y se acostumbraron a sindicarse para defender sus derechos, no sólo los laborales, sino también los civiles.

No obstante dedicar la mayor parte del trabajo a los anarcosindicalistas y a la concienciación femenina, la tesis principal de la obra descansa en el presupuesto de que, por encima de las identidades de género o clase, existía una comunidad superior, aquella que unía a los ciudadanos en cuanto miembros del pueblo catalán. Una identidad también construida culturalmente, lo cual queda reflejado en algunos aspectos, pero que la autora parece reconocer como categoría preexistente, al asumir para la interpretación de los hechos la perspectiva de que había una nación oprimida, Cataluña, con agravios reales (la negación de su derecho de autodeterminación), que a lo largo del tiempo se empeñó en resistir frente a un Estado opresor. La exigencia de autonomía, frente a una autoridad ejercida por imposición, llega a ser planteada por Kaplan como ”movimiento unitario por la libertad de Cataluña” (p. 32), sin reparar en que si se encontraba tan extendida era porque respondía en el fondo a una situación de distanciamiento de los poderes públicos similar a la existente en el resto de España. Al adoptar esta perspectiva, basada en un juicio a priori, se pierde la oportunidad de profundizar en cuestiones de gran complejidad, que se despachan en el texto con breves comentarios, como la ambigüedad de las relaciones entre el anarcosindicalismo y el movimiento catalanista, y la indefinición en la actitud de este último hacia España (bien autonomista, bien independentista).

Tal vez se deba a dicho enfoque simplificador la poca atención dedicada a la Segunda República, momento en el que, pese a que se mantuviera la atracción, se produjo también la máxima tensión entre buena parte de la CNT y los republicanos catalanistas, encargados por primera vez de reprimirla. Una divergencia que no puede soslayar, sin embargo, cuando trata los sucesos de mayo de 1937, enfrentamiento que ocupa un lugar central en el último capítulo, y del que la autora detecta un reflejo en el Guernica de Picasso.

En lo que se refiere a las interpretaciones contenidas en el libro merece destacarse también una omisión sorprendente, aunque ésta se refiera a un tema marginal, el del anticlericalismo. A la hora de explicar la quema de conventos durante la Semana Trágica se prescinde, precisamente, de la causa a la que, por coherencia con el planteamiento seguido en la obra, debería darse más relevancia, la rivalidad por la hegemonía cultural entre Iglesia, republicanismo radical y anarcosindicalismo, poniendo en su lugar el énfasis en otros factores, como el poder económico y político de las órdenes religiosas o la animadversión popular hacia las mismas.

Como se ve por todo lo expuesto hasta aquí, Ciudad roja, periodo azul constituye el análisis de un caso local, el de la ciudad de Barcelona, que se estudia a través de fuentes hemerográficas y bibliográficas, como memorias y relatos de contemporáneos, y desde una perspectiva catalana, prescindiendo de una adecuada contextualización de los procesos y ciclos de protesta en el marco del ámbito nacional. De hecho, el tratamiento de los acontecimientos correspondientes a este contexto más amplio resulta muy pobre, como en el caso de las conspiraciones contra la Dictadura, cuando no incorrecto, como sucede con muchas de las afirmaciones respecto al devenir político de la Segunda República.

En resumen, el libro ayuda a comprender algunos fenómenos, principalmente la influencia de las tradiciones y los elementos culturales en el surgimiento y configuración de movimientos sociales, y en particular del anarcosindicalismo, pero falla en lo que se refiere a suministrar una explicación global de la conflictividad en Barcelona, al suponer, como algo evidente, la identidad catalana como vínculo de una comunidad básica, a veces escindida, pero primordial.

 

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