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Retrato de Félix Morga, conservado por su hija Francisca Acracia
Resumen
La
llegada de la Segunda República suscitó posturas
divergentes en el seno del movimiento libertario, que acabaron con la escisión
de la CNT. Parte de los anarcosindicalistas consideraron el nuevo régimen
democrático un marco adecuado para desarrollar sus actividades, opción
posibilista que en Nájera se plasmó en la entrada de Félix Morga, veterano
dirigente libertario, en el Ayuntamiento. En el presente artículo se analizan
los principios ideológicos subyacentes a la participación política de Félix
Morga, como una primera aproximación a los fundamentos de esta expresión
particular del posibilismo libertario consistente en el ejercicio del poder
local.
Ideological basis of libertarian possibilist
movement
The reasons of Félix Morga, Mayor of Nájera, "communist and libertarian"
Abstract
The arrival of the Second Republic caused divergent positions in the libertarian movement, that led the CNT to split. Some of the anarchosyndicalists considered the new democratic government as a proper framework to carry out their activities, a possibilist choice that in Nájera took the form of the entry of Félix Morga, a veteran syndicalist leader, into the municipal corporation. In this article are analyzed the ideological principles that the political participation of Félix Morga implied, as a first approach to the basis of this particular expression of libertarian possibilist movement, the exercise of local power.
La
llegada de la Segunda República y la inauguración de un periodo democrático,
tras años de dictadura, suscitó posturas divergentes en el seno del movimiento
libertario, que acabaron con la escisión de la CNT. Bajo el concepto de
posibilismo libertario designamos aquí la postura de aquel sector del
anarcosindicalismo que, sin renunciar a sus fines revolucionarios, decidió
apoyar al régimen republicano e integrarse en el sistema democrático, actitud
que en algunos casos se plasmó en la participación en el poder político.
Respecto
a los anarcosindicalistas que aceptaron la República como marco bajo el cuál
desarrollar las actividades sindicales, existen trabajos que han abordado el
estudio de los Sindicatos de Oposición en Cataluña y el País Valenciano, las
regiones donde estos organismos alcanzaron mayor desarrollo[1]. Sin embargo, la
intervención de libertarios en el ejercicio del poder antes de la Guerra Civil
ha sido considerada por la historiografía como un fenómeno marginal, casi
anecdótico, y siempre limitado al ámbito de las Cortes[2].
En
Nájera, donde la mayor parte de los anarcosindicalistas optaron por el
posibilismo, se produjo el ingreso en el Ayuntamiento, desde los inicios de la
Segunda República, de uno de los dirigentes del Sindicato Único, el veterano
líder Félix Morga, quien, sin abandonar sus convicciones libertarias, llegó a
ejercer durante cerca de tres años el cargo de Alcalde[3]. Un fenómeno, el de la
entrada de ácratas en el poder municipal, del que existen indicios en otras
partes de España que permiten suponer que se encontró bastante extendido[4].
A
continuación analizaremos, en el contexto de la divergencia de planteamientos y
tácticas que afloraron en la CNT durante el periodo republicano, los principios
ideológicos subyacentes a la participación política de Félix Morga, como una
primera aproximación a los fundamentos de esta expresión particular del
posibilismo libertario consistente en el ejercicio del poder local.
Con
la instauración de la Segunda República, en el seno de la CNT se definieron
respecto al nuevo régimen dos posturas contrapuestas, vinculadas a dos formas
diferentes de concebir el tránsito al comunismo libertario.
El
sector moderado defendía que era preciso aprovechar las libertades ofrecidas por
la democracia burguesa para fortalecer a la CNT, y, por tanto, el que ésta
actuara durante un cierto periodo de tiempo bajo el Estado republicano, debiendo
postergarse la revolución social hasta contar con la capacidad organizativa y el
respaldo obrero suficientes para sustituir de un modo eficaz el sistema
capitalista. Esta tendencia, contemporizadora con la República, tenía sus bases
principalmente entre los denominados anarcosindicalistas o sindicalistas,
seguidores del sindicalismo revolucionario, que hacía descansar en el Sindicato
la organización económica de la nueva sociedad, una vez derribado el
capitalismo.
Para
el sector más radical de la CNT, había que emprender la revolución social de
inmediato y derribar el régimen republicano antes de que éste consiguiera
consolidarse. Esta tendencia era promovida por el núcleo anarquista de la
Confederación, que tenía su referente ideológico en la Federación Anarquista
Ibérica (FAI). Los anarquistas sustentaban la convicción de que para el
advenimiento del comunismo libertario sólo era preciso acometer la destrucción
del Estado y del sistema capitalista, concibiendo así la revolución como un acto
supremo de liberación, que sería secundado de modo espontáneo por el
proletariado. Dentro de este esquema, muchos atribuían al Sindicato un papel de
mero instrumento al servicio de la revolución, que desaparecería al mismo tiempo
que la lucha de clases[5].
Al
inicio de la Segunda República la CNT se mantuvo oficialmente bajo la línea
moderada de respeto hacia el nuevo régimen, propugnada desde el Comité Nacional
(cuya secretaría ostentaba el destacado sindicalista Ángel Pestaña) y la
redacción de Solidaridad Obrera[6]. Tal orientación salió
ratificada del Congreso Nacional celebrado en Madrid en junio de 1931, llamado
del Conservatorio, donde, al tiempo que se ratificaban el objetivo
revolucionario de la Confederación, el apoliticismo de la misma y el empleo de
la acción directa como medio propio de actuación, se aprobó la presentación ante
las Cortes Constituyentes de un programa de reivindicaciones mínimas, estimadas
necesarias para que la CNT iniciara un "periodo constructivo" de fortalecimiento
de la organización. No obstante, en las deliberaciones del Congreso, y en
particular en las correspondientes al dictamen "Posición de la CNT frente a las
Cortes Constituyentes", se verificó la firme posición del sector intransigente
ante lo que consideraban el triunfo del reformismo y el colaboracionismo[7].
No obstante, el desarrollo de este
proyecto quedó obstaculizado por la multiplicación de conflictos sindicales y la
represión con la que respondieron a ellos las autoridades, que provocó la
radicalización de las bases cenetistas[8].
En
agosto de 1931 un grupo de 30 dirigentes de la CNT, entre los que se encontraban
los líderes sindicalistas Ángel Pestaña y Joan Peiró, hicieron público el
conocido como Manifiesto de los Treinta, que tuvo resonancia nacional y avivó la
polémica en el seno de la Confederación. En dicho manifiesto se condenaba el
concepto de revolución sustentado por los anarquistas, basado en acciones
minoritarias de tipo golpista y en la agitación constante, por considerar tal
estrategia ineficaz ante el poder del Estado, y abocada, en caso de triunfo, a
la instauración de una dictadura; su única consecuencia, en opinión de los
firmantes, era "retardar la verdadera revolución". Ante tal modelo, se
reafirmaba la necesidad de capacitar al proletariado y contar con una
organización sólida antes de acometer la revolución, concebida como movimiento
organizado de masas, y se recordaba a los sindicatos la independencia ideológica
de la CNT, en alusión a los intentos de la FAI por controlarla. Dado que la
corriente moderada se identificaba con los principios expuestos en el Manifiesto
de los Treinta, los integrantes de la misma pasaron a ser denominados
genéricamente "treintistas", término que ha sido adoptado también por la
historiografía[9].
La
disensión interna existente en el seno de la CNT se saldó finalmente con el
triunfo de la línea anarquista, cuya influencia durante el bienio no dejó de
crecer, ante el reiterado recurso a la represión con el que el Gobierno
republicano respondió a los conflictos planteados por los cenetistas, y en
particular los movimientos insurreccionales del Alto Llobregat y el Cardoner, en
enero de 1932, y de Casas Viejas, en enero de 1933, y ante la legislación
laboral diseñada desde el Gobierno por los socialistas con el objetivo explícito
de marginar a la CNT de la lucha sindical y fomentar el crecimiento de la UGT[10].
El
sector intransigente tomó el control de la CNT desde mediados de 1932. A lo
largo de 1932 se verificó el desplazamiento de los sindicalistas de los cargos
directivos de la CNT, siendo sustituidos por militantes o simpatizantes de la
FAI, se llevó a cabo la purga de destacados treintistas (entre ellos, Pestaña y
Peiró) y se expulsó a sindicatos completos[11]. Ante tal situación, una
parte de los anarcosindicalistas moderados impulsó la formación de una central
sindical paralela, la Federación Sindicalista Libertaria, donde se agruparon los
denominados Sindicatos de Oposición, que habían sido expulsados de la CNT u
optaron por abandonarla; y un grupo muy minoritario de estos escisionistas,
liderado por Ángel Pestaña, acabaría organizándose políticamente, constituyendo
el Partido Sindicalista. Sin embargo, otros partidarios de la línea treintista
decidieron permanecer en el seno de la CNT, desde la que defendieron con
relativa independencia sus propuestas[12]. Por último, hay que
añadir que una parte significativa de organizaciones anarcosindicalistas, tras
salir de la CNT, continuó su actividad como Sindicatos Autónomos, independientes
tanto de la Confederación como de la UGT, y al margen así mismo de la FSL[13].
Félix
Morga Rocandio nació en Nájera el 14 de enero de 1891[14]. Miembro de una familia
"de pura raigambre liberal", fue educado por su padre desde la infancia en los
principios republicanos y en el ateísmo[15]. Sólo recibió estudios
primarios, entrando a trabajar muy joven como zapatero, oficio que no llegó a
abandonar cuando, a partir de mediados de 1920, pasó a dedicarse al cultivo de
la tierra, en calidad de pequeño propietario y arrendatario. No obstante
adquirió a lo largo de su vida una sólida formación intelectual de forma
autodidacta.
En
su vida familiar se acogió a procedimientos civiles para verificar las
ceremonias tradicionalmente sancionadas de modo religioso, o simplemente rechazó
estas últimas. Así, se casó por lo civil con Francisca Baños, en 1914, no
bautizó a ninguno de los cinco hijos nacidos de la relación con su compañera,
Esperanza (1915), Palmira (1917), Gerardo Ildefonso (1919), Armenia (1923) y
Acracia (1925), y dispuso el entierro civil de sus parientes directos[16].
Desde
su juventud, Morga se implicó en la política local, como dirigente sindical y
republicano. Cuando se constituyó en Nájera el primer sindicato de clase,
"Fraternidad Obrera", en diciembre de 1913, de orientación en un principio
libertaria, aunque convivieron en su seno otras tendencias, Félix Morga ocupó el
cargo de Secretario[17]. Así mismo, Morga
resultó elegido, en junio de 1915, para gestionar la compra de una casa donde
ubicar el Centro Republicano[18], lugar en el que pasaría
a residir junto con su familia, como legítimo propietario, tras ser expulsado de
la vivienda que ocupaba en alquiler "por practicar el libre pensamiento"[19]. Al final de la
Restauración, Félix Morga, ya indiscutible militante ácrata, ocupó la
presidencia del Sindicato Único de Trabajadores de Nájera (adherido a la CNT)
desde el momento de su fundación, en enero de 1921[20], en tanto quedaba
instalada en su domicilio la sede del Sindicato[21].
Los
sindicalistas de Nájera participaron en numerosas conspiraciones contra la
Dictadura de Primo de Rivera, de forma conjunta con los republicanos, desde los
inicios de ésta, aunque sólo llegó a ponerse en práctica la última, en diciembre
de 1930, a raíz de la cuál Morga hubo de abandonar su hogar y sus hijos,
huérfanos de madre, acusado de sedición. Desde comienzos de ese año había
participado en la organización del Comité Republicano de Nájera, siendo elegido
Delegado Provincial de la Federación Republicana de La Rioja, colaboración con
los republicanos cuyo término fijó Morga, en un principio, en la caída de la
Dictadura, habiéndoles advertido a éstos "que mi unión con ellos era
circunstancial, la cual terminaría en el momento de proclamarse la República,
yendo yo entonces a defender mis ideales comunistas y libertarios"[22].
En
las elecciones de abril de 1931, todavía proscrito, Félix Morga resolvió
presentar su candidatura, resultando elegido concejal. Ese año ingresó en el
Partido Republicano Radical Socialista, donde formó parte del Comité Provincial,
al tiempo que proseguía sus actividades dentro del Sindicato Único, en el que
ocupaba en septiembre el cargo de Secretario[23]. Hacia finales de 1932 o
principios de 1933 fue expulsado de la CNT, por el apoyo prestado a la
República, y el Sindicato Único que lideraba pasó a convertirse en Sindicato
Autónomo, donde permanecieron encuadrados la mayor parte de los
anarcosindicalistas locales[24]. Depuesto como Alcalde y
encarcelado tras la huelga general pacífica desarrollada en Nájera en octubre de
1934, regresó a la presidencia del Ayuntamiento bajo el Frente Popular, momento
en que también fue designado Diputado provincial. Como destacado dirigente
sindicalista y republicano, en los primeros días de la sublevación militar de
julio de 1936 murió asesinado en una emboscada, a la edad de 45 años.
La
opción asumida por Félix Morga durante la Segunda República se vinculó
ideológicamente con el anarcosindicalismo moderado. Ahora bien, dentro de esta
corriente, su postura constituyó una manifestación particular que hasta ahora no
había sido objeto de estudio, en tanto que Morga, sin dejar de mantener sus
convicciones libertarias y el carácter de líder sindical obrero, primero en la
CNT y, tras su expulsión de la misma, al frente del Sindicato Autónomo de
Trabajadores de Nájera, adoptó desde el inicio mismo de la República la
intervención en el poder municipal y la militancia en un partido
republicano.
A
continuación intentaremos reconstruir los fundamentos ideológicos de tal
postura, a partir de textos y discursos de Félix Morga que abarcan el periodo de
1931 a 1936. A pesar de que en este intervalo temporal se produjeron importantes
cambios en el contexto político nacional, y en el seno del movimiento
libertario, juzgamos correcta la síntesis de los principios teóricos elaborados
por Morga a lo largo del mismo, tanto por la coherencia interna entre las ideas
expuestas, como por el hecho de que se mantuviera sin variaciones durante toda
la República la actuación política a la que hacen referencia.
El
pensamiento en que Félix Morga basó su intervención en la política bajo la
Segunda República descansa en cuatro puntos:
1.
Concepción de la democracia como sistema político que permite el avance gradual
hacia el comunismo libertario.
Encontramos
expuesto este principio ideológico en la carta dirigida por Félix Morga al
Gobernador Civil, en julio de 1934, respondiendo a diversas denuncias que se
habían presentado en su contra:
¿Que no se puede
consentir [que] sea Alcalde un comunista? Con esto [los autores de la denuncia]
ponen de relieve su mentalidad
estúpida. ¿Qué es la República, sino el sistema de Gobierno donde por causa de
la libre expresión del pensamiento se produce el choque razonado, el contraste
de ideas que producen la evolución que hacia la redención nos conduce? ¿Qué
concepto tan mísero tienen esos hombres de la democracia?[25]
El
camino hacia la redención, es decir, la liberación de la humanidad, puede
recorrerse de un modo gradual, aprovechando la libertad que el sistema
democrático concede a todas las corrientes ideológicas para difundir sus
principios. Tal idea implica un modelo de transformación de la sociedad basado,
en última instancia, en la educación, confianza en el poder emancipador de la
cultura que constituye uno de los principios ideológicos compartidos por
republicanos y libertarios[26]. Ambas cuestiones
aparecen reiteradas en otro párrafo de la misma carta:
(...) Este
Sindicato será la escuela donde con la palabra persuasiva, avalada con la
elocuencia de los hechos, se formen los hombres de conciencia ciudadana, útiles
al mundo, al discurrir por cauces legales, evolucionando hacia el bien, con
gobiernos liberales y útiles también, sintiendo la rebeldía cuando algún tirano
pretenda colocar diques en la marcha progresiva de la vida[27].
Félix
Morga acepta el poder estatal bajo la forma democrática republicana, de signo
izquierdista, los "gobiernos liberales" citados más arriba, desde el
convencimiento de que desde el seno de los mismos se puede impulsar el avance
hacia una sociedad cada vez más perfecta, fundamentalmente a través de la
propagación de la cultura (libertaria, por antonomasia)[28]. Una tarea educativa que
Morga encomienda al Sindicato, organismo encargado de formar la "conciencia
ciudadana" de los trabajadores (aspecto sobre el que volveremos en el siguiente
punto).
La
principal virtud de la democracia, de acuerdo con esta concepción, reside en su
carácter de Estado de derecho, donde se permite la pluralidad ideológica y la
libertad de expresión. Como Morga escribió, a propósito de un trabajador
transeúnte a quien, por su militancia obrera, estaba hostigando la guardia civil
para que abandonara Nájera:
A ese hombre, le da
la República derecho a forjar en su mente las más atrevidas ideas y, con ellas,
producir choque contraste (sic) con las ideas que otras mentes forjaron, dando
con ello lugar a esa evolución constante, que no pudo tirano alguno parar, por
la cual la Humanidad días mejores logró[29].
En
este principio subyace una concepción teleológica de la historia, según la cual
se produciría de modo irremediable el progreso de la sociedad hacia sistemas
sociales cada vez más perfectos, impulsado por la difusión de las ideas. Una
convicción que constituye, como la confianza en el poder emancipador de la
cultura, e íntimamente ligado a ella, uno de los referentes compartidos por
republicanos y libertarios, con la salvedad de que para éstos últimos la
democracia burguesa constituía una etapa de tránsito hacia el comunismo
libertario[30]. En este sentido, el
pensamiento de Morga no difería del expuesto en el manifiesto del Comité
Nacional de la CNT publicado a mediados de mayo de 1931 en Solidaridad Obrera, en el que se
afirmaba que la CNT no se opondría a la República mientras ésta significara: "un
hecho de evolución histórica y una posibilidad de ensanchamiento del camino
único que conduce por el período evolutivo a la verdadera libertad y a la
justicia social"[31].
La
concepción de la democracia como sistema político que permite el avance gradual
hacia el comunismo libertario, que acabamos de analizar, aparece formalmente
elaborada en los escritos de Félix Morga en una etapa en la que ya había sido
expulsado de la CNT, había protagonizado una violenta ruptura con el sector
anarquista de Nájera y tenía tres años de trayectoria política a sus espaldas.
No obstante, este principio ya estaba presente en el pensamiento de Morga en los
inicios de su colaboración con los republicanos, si se acepta como suya la
autoría del manifiesto Al pueblo, de
febrero de 1930, donde aparece expuesto en términos muy similares a los
anteriores. En dicho manifiesto se presentaba como objetivo común de
republicanos, socialistas y sindicalistas la implantación de la democracia, "un
sistema de vida donde todos los hombres libremente propaguen sus ideales", desde
el postulado de que dicha labor proselitista impulsaría el progreso hacia "una
sociedad perfecta, producto de un amplio estado de libertad"[32].
2.
Concepción del Sindicato como organismo apolítico, encargado de la formación
cultural de los trabajadores
Félix
Morga estableció una estricta separación entre su militancia sindical, de signo
libertario, y su militancia política. Su implicación en la política, como
integrante de un partido republicano y miembro del Ayuntamiento, las asumía como
individuo, a título personal, sin comprometer al Sindicato. El Sindicato,
organización obrera, tenía una función social propia, ajena a las luchas
políticas por el poder, función que, como vimos en el punto anterior, era
básicamente educativa: la formación cultural, en sentido libertario, de los
trabajadores.
Al
carácter de centro de difusión cultural que Morga adjudica al Sindicato ya hemos
hecho referencia en el punto anterior. Tal carácter es descrito con amplitud por
Félix Morga en el artículo ¿Hasta
cuándo?, donde protestaba contra la prolongada clausura de la Casa del
Pueblo radicada en su domicilio:
El día siete de
noviembre de mil novecientos treinta y cuatro (...), a seguido de recoger
libros, periódicos, folletos y toda la documentación, se nos clausuró la Casa
del Pueblo, en cuyo lugar domicilio social tenían el partido radical socialista
y el sindicato de trabajadores.
(...) Las casas del
pueblo no son semilleros de rebelión sistemática, sino lugares donde se
construyen sólidos y potentes bloques donde han de cimentarse los pueblos
gloriosos del porvenir. En esta Casa del Pueblo que quince meses ha torpemente
hubieron de clausurar, teníamos nosotros establecida cátedra de
ciudadanía...
(...) Sí, en esta
Casa del Pueblo fuimos, con la palabra constante, persuasiva y penetrante,
transformando un pueblo castrado y ruin por la ignorancia (sic) en un pueblo
altruista y valeroso que, sabiendo desprenderse de las garras de caciques y
negreros, al servicio de la liberación humana sin condición alguna se supo
colocar. Al cerrarla, se nos privó (...) de hacer labor de capacitación
ciudadana (...)[33].
En
el Sindicato, a través de la palabra, escrita e impresa, se capacita a los
ciudadanos para la construcción de la sociedad futura, colocando de éste modo
los cimientos de la liberación humana; una labor educativa que en este artículo
hace extensiva a la agrupación local del partido republicano en el que militó,
el radical-socialista, "cátedra de ciudadanía" a su vez[34]. Con este paralelismo
Félix Morga pone de relieve que su integración en dicha agrupación política, y
el liderazgo ejercido en ella, obedecieron a un mismo proyecto de transformación
progresiva de la sociedad, con la emancipación de la humanidad como objetivo
final. Un mismo objetivo, pero perseguido con distintos medios, en tanto, de
acuerdo con la separación de funciones entre Sindicato y Partido establecida más
arriba, correspondería en puridad al primero el advenimiento final del comunismo
libertario, y al segundo la misión de preservar la democracia y hacer avanzar
ésta, a través de reformas políticas, hacia mayores grados de libertad y
justicia.
Acerca
de la confianza en la cultura como fuerza transformadora de la sociedad, y el
carácter del Sindicato como lugar destinado a su difusión, citaremos un último
testimonio, esta vez correspondiente a una queja de Morga por los registros
sufridos en su domicilio, en tanto que Casa del Pueblo:
Desde el trece de
febrero del año aquel que dejó de existir don Eduardo Dato [1920], fecha en que
la guardia civil holló por primera vez mi morada, hasta el cuatro del mes en
curso, última que los del cuerpo benemérito en nuestro hogar penetraron, se han
hecho tantos registros en mi domicilio, que ni los puedo contar.
(...) En cuantos
[registros] se me hicieron, no se encontraron en mi casa más que herramientas de
trabajo y libros. ¡Lo que constituye la base fundamental del progreso de los
pueblos![35]
Por
lo que respecta a la defensa del apoliticismo del Sindicato, la encontramos
enunciada desde los inicios de la Segunda República. Así, al aludir a la
manifestación del Primero de Mayo de 1931, celebrada conjuntamente por los
republicanos y por el Sindicato Único de Nájera, Félix Morga, en calidad de
Secretario de éste, declaró:
(...) El Primero de
Mayo próximo pasado (...) el partido Republicano invitó al Sindicato a realizar
juntos una manifestación (...), en cuya manifestación (sic) tomó parte el
Sindicato contra la voluntad del declarante, por creer que los sindicatos no
deben intervenir en ningún acto político[36].
Un
carácter apolítico que había afirmado en la misma declaración un poco antes, al
referir cómo el Sindicato Único no aceptó la bandera roja, con las alegorías del
trabajo, que había pertenecido anteriormente a la sociedad Fraternidad Obrera,
"por no usar [el Sindicato] ninguna clase de bandera, emblema ni alegoría o sea
no tener carácter político"[37].
Cuando
el Sindicato abandonó la CNT continuó manteniendo su apoliticismo, implícito en
la misma denominación de Sindicato Autónomo. Una independencia política a la que
Félix Morga aludía expresamente en la ya mencionada carta al Gobernador Civil,
de julio de 1934: "(...) El que [el Sindicato] sea autónomo, no impide que fuera
de él se pueda ser comunista"[38].
Conviene
aclarar aquí el concepto de apoliticismo, distinguiéndolo del de
antipoliticismo, también extendido en los medios libertarios, para lo cual nos
ceñimos a la definición de ambos términos establecida por Xavier Paniagua, según
la cual el apoliticismo "pretende desvincular al sindicato de cualquier opción
política concreta", en tanto el antipoliticismo propugna "no sólo rechazar
cualquier actividad política, sino luchar contra ella dentro y fuera del
sindicato"[39].
En
el Congreso de la Comedia la CNT se había definido como organismo apolítico y
plural, principio que fue ratificado en el Congreso del Conservatorio, con lo
cual se acordaba, de un modo oficial, tolerar la presencia de militantes
políticos en los sindicatos, admitidos en calidad de obreros[40]. Esta convivencia fue
rechazada por los anarquistas, y contó con sus principales partidarios entre los
sindicalistas, y los treintistas en particular[41].
3.
Necesidad de consolidar la República
Félix
Morga expresó de forma pública su deseo de que se consolidara la Segunda
República en la hoja suelta ¡Najerinos!,
de agosto de 1932, donde al referirse a su actuación en el Ayuntamiento, del
que ya era Alcalde, afirmó: "(...)Nos queda la satisfacción de no perturbar un
Régimen que ansiamos consolidar"[42].
La
necesidad de prestar apoyo a la República se basaba en el supuesto de que ésta
se encontraba en peligro ante una eventual reacción. Había que fortalecerla para
evitar que la derecha no republicana volviera a tomar el poder, aprovechando la
debilidad inicial del nuevo régimen. Y, en el mismo sentido, había que quitar
capacidad ofensiva a los enemigos del régimen, despojándoles de sus posiciones
de poder e influencia.
Félix
Morga ya había intervenido en el poder local, al inicio de la Dictadura de Primo
de Rivera, con el objetivo fundamental de destruir el caciquismo, y es muy
probable que uno de los motivos de su participación política durante la Segunda
República fuera la intención de debilitar la posición de las fuerzas
conservadoras. Algo que llevó a la práctica durante el desempeño del gobierno
municipal, en particular respecto aquellas instituciones que juzgaba
reaccionarias y de lealtad dudosa al régimen: la Iglesia y la guardia civil. Por
otra parte, Félix Morga demostró durante el desempeño de la Alcaldía su
disposición a organizar la defensa de la República, con las armas en la mano,
ante los intentos golpistas perpetrados contra ella, tanto en agosto de 1932
como en julio de 1936.
Unido
al objetivo de consolidar a la República, que implicaba postergar la revolución
hasta que transcurriera una etapa de actividad bajo la democracia, Félix Morga
mostró reiteradamente su intención de no perturbar a ésta. En este sentido, la
postura de Félix Morga coincidía con la de los treintistas en el rechazo a la
agitación revolucionaria y al golpismo insurreccional promovidos por el sector
anarquista intransigente de la CNT.
Félix
Morga ya había hecho pública tal posición en los primeros meses del nuevo
régimen, durante sus intervenciones en los plenos del Ayuntamiento: así, en
junio de 1931 se defendió de las acusaciones, formuladas por algunos de los
concejales ante el Gobernador Civil, de que "hacía en el Ayuntamiento labor
perturbadora y comunista" afirmando "que no ha hecho más que labor
administrativa, pero que tampoco niega que es comunista y libertario, lo que no
le impide apoyar incondicionalmente a la República por creerlo necesario", y
varias sesiones después reiteró el respeto y acatamiento de la democracia
manifestando "su deseo de no perturbar a la República"[43].
Posteriormente,
encontramos la misma idea en la hoja pública ¡Najerinos!, de agosto de 1932, citada
al comienzo de este punto, en el artículo "¿Hasta cuándo?", citado en el punto
anterior, donde afirmaba que "las Casas del Pueblo no son semilleros de
perturbación sistemática", y en la carta al Gobernador Civil, de julio de 1934,
donde, refiriéndose al Sindicato Autónomo que lideraba, aseguró: "El estar el
Sindicato en mi casa y yo pertenecer a él es la garantía de que no será este de
esos Sindicatos donde se inyecta el virus de la perturbación sistemática", en
clara alusión a la CNT, el último de cuyos movimientos insurreccionales, el
diciembre anterior, había tenido en La Rioja uno de sus focos principales[44].
4. Legitimidad del ejercicio del poder
político a escala municipal
Félix
Morga ya expuso este principio con motivo de su primera entrada en el
Ayuntamiento de Nájera, en 1923, al inicio de la Dictadura de Primo de Rivera.
En el artículo "Ante la ciénaga" Morga afirmaba, retrospectivamente, haber
intentado rechazar su designación como concejal en aquella ocasión por reconocer
sólo como legítimos los Ayuntamientos avalados por la voluntad del pueblo[45].
En
otro de sus artículos, "La de ellos y nuestra moral", Félix Morga aclaró las
condiciones, limitadas, en las que consideraba lícito el ejercicio del
poder:
Un día, siendo
gobernador don Sabino Ruiz, fuimos llamados a su presencia diciéndonos: "Para
cubrir la vacante existente en la Diputación Provincial, y que a Nájera
corresponde, lo he designado a usted". Agradecidos en extremo quedamos; pero
rotundamente nos hubimos de negar.
Pocos días después,
don Sabino, creyendo podría influir en mi ánimo lo que Jesús del Río pudiera
decirme, le habló a éste para tal fin, y llamado por Jesús del Río, después de
amplia discusión, me dijo concretase el fundamento de mi negativa, lo cual de
esta forma hice: "A la Diputación no quiero ir, en primer término, porque mi
sentir ideológico no se armoniza en política más que en la actuación municipal
y, en segundo, porque para mí no son legítimas las representaciones populares
más que cuando se logran por mandato de los pueblos después de redentores
hechos, o las alcanzadas por sufragio universal"[46].
De
acuerdo con lo expuesto, Félix Morga sólo creía legítimo, en cuanto compatible
con sus ideales libertarios, el ejercicio del poder político a escala municipal,
mientras juzgaba injusta la existencia de un gobierno nacional, y aún de los
gobiernos provinciales (en el fondo, pequeños parlamentos). En este aspecto, no
hacía sino afirmar sus convicciones ácratas, en consecuencia con las cuales
aspiraba al objetivo último de destruir el Estado e implantar el comunismo
libertario. Al apoyar a la democracia republicana, Félix Morga estaba aceptando
un sistema de organización social que consideraba imperfecto, desde el
convencimiento posibilista de que constituía una etapa a través de la cuál se
podría alcanzar algún día la sociedad perfecta.
Aunque
con el anterior pensamiento asumía en líneas generales la crítica contra el
sistema democrático formulada por el anarquismo ortodoxo, Félix Morga difería de
ésta, como queda dicho, en cuanto estimaba legítima la delegación del poder a
escala municipal. Y en la práctica, pese a todo el prurito libertario proclamado
a la hora de justificar su intervención en el poder local, acabó aceptando la
designación como Diputado gestor, por el distrito de Nájera-Torrecilla, en la
Diputación Provincial, tras el triunfo del Frente Popular en 1936[47]. Lo cual demuestra que,
como en el caso ya mencionado de su participación en el Ayuntamiento durante la
Dictadura, el posibilismo de Morga llegó hasta el extremo de aceptar el
ejercicio del poder bajo condiciones que entraban en radical contradicción con
sus ideales libertarios.
Precisamente
parafraseando La ley del número, obra
clásica del anarquista Ricardo Mella, dedicada a probar que el sistema
democrático representativo, a todos sus niveles, lleva implícita una coerción
despótica sobre la voluntad individual, es como Morga corroboraría, al mismo
tiempo que la legitimidad de su representación municipal (respaldada por "la
fuerza del número" criticada por Mella), el posibilismo que presidió toda su
actuación política:
¡Najerinos: pueblo
liberal y noble! Os habla un hombre que desde hace treinta años lucha en
vanguardia de la liberación humana; os habla quien en la política está, no con
el fin de coger con artimañas los pollos de la cucaña, que diría Mella, sino
buscando en ella el arte de gobernar sabiamente como pretendiese Jovellanos.
Dadnos una tregua; tened confianza en nosotros y no olvidéis que este
Ayuntamiento, que con la "fuerza del número" anula la actuación del
representante agrario, es un Ayuntamiento ejemplar por su manera de administrar
recta, escrupulosa y honrada[48].
Morga
consideraría justificada su intervención en el poder, aun en condiciones
excepcionales, aquellas que entraban en conflicto con sus principios
ideológicos, basándose en criterios morales, en la intención perseguida a través
del ejercicio del poder: favorecer el progreso de la humanidad hacia la
liberación.
Para
comprender el apoyo a la República de los anarcosindicalistas de Nájera y la
entrada al poder de Félix Morga hay que tener en cuenta que tal postura
posibilista, aunque en principio contradictoria con la ortodoxia anarquista,
resultó coherente con la práctica opositora desarrollada por los libertarios en
los años anteriores. Desde principios de siglo los anarcosindicalistas
mantuvieron un espacio propio desde el que ejercían un cuestionamiento radical
de la sociedad de su tiempo y ofrecían proyectos y alternativas para
sustituirla, un ámbito articulado en torno al Sindicato, como centro de
organización del trabajo y de formación ideológica, pero también conformado por
los vínculos de solidaridad entre los obreros, las fiestas de reafirmación o los
entierros civiles. La existencia de esta cultura política, opuesta a la
hegemónica, que presentaba elementos comunes y ámbitos de confluencia y
cooperación con la republicanos, constituyó un factor clave en el surgimiento
del posibilismo libertario, en tanto éste se encaminó a preservar dicho espacio
de intervención en la vida pública, fundamentalmente a través de la salvaguarda
de las libertades democráticas.
Como
hemos visto, tal objetivo, subyacente a la intervención en el ejercicio del
poder de Félix Morga, constituye también uno de los fundamentos teóricos que
éste utilizó para justificar su opción posibilista: la participación en la
política de partidos se encaminaba a consolidar la República frente a sus
enemigos, entendiendo tal supervivencia como una condición favorable para que el
Sindicato, órgano destinado en última instancia a llevar a cabo la revolución,
desarrollara sus actividades.
NOTAS
[1] Vega, E., El trentisme a Catalunya. Divergències ideològiques en la CNT (1930-1933), Barcelona, 1980, y Vega, E., Anarquistas y sindicalistas durante la Segunda República. La CNT y los Sindicatos de Oposición en el País Valenciano, Valencia, 1987.
[2] El Partido Sindicalista obtuvo dos escaños en las elecciones de febrero de 1936, uno de ellos para el fundador de esta formación, Ángel Pestaña, y el otro para el abogado libertario Benito Pabón; para una aproximación biográfica al primero, Elorza, A., "El sindicalismo de Ángel Pestaña", Pestaña, A., Trayectoria sindicalista, Madrid, 1974, pp. 5-77, y acerca del segundo véase Peláez, M. J., "El diputado anarquista Benito Pabón y Suárez de Urbina (1ª parte)", Cuadernos Republicanos, 41 (2000), pp. 109-116.
[3] Hemos llevado a cabo un análisis en profundidad de este caso particular en Ruiz Pérez, J., Félix Morga y el posibilismo libertario en Nájera durante la Segunda República (239 pp.), trabajo de investigación realizado como créditos prácticos dentro del programa de doctorado del Departamento de Humanidades de la Universidad de La Rioja, bajo la dirección del doctor Jesús Javier Alonso Castroviejo y del catedrático de Historia Moderna José Luis Gomez Urdáñez.
[4] Véase al respecto Pestaña, A., "Orientaciones. Contestando a una carta", artículo incluido en Pestaña, A., Trayectoria.., pp. 654-657, y publicado originalmente en Sindicalismo, 17-XI-1933. Otro ejemplo de participación de los libertarios en las elecciones municipales de abril de 1931, el de Albalate de Cinca, donde éstos incluso designaron a los candidatos republicanos, en Willemse, H., Pasado compartido. Memorias de anarcosindicalistas de Albalate de Cinca, 1928-1938, Zaragoza, 2002, pp. 123-124. Por último, la presencia de concejales anarcosindicalistas en varios Ayuntamientos de Murcia, en Millares Cantero, Agustín, Franchy Roca y los federales en el "Bienio Azañista", Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1997, pp. 160-161.
[5] Vega, E., El trentisme..., pp. 212-218, Vega, E., Anarquistas..., pp. 55-56 y 88-92, Barrio Alonso, A., Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936), Madrid, 1988, pp. 313-315, Casanova, J., De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España (1931-1933), Barcelona, 1997, pp. 89-94, y Paniagua, X., La sociedad libertaria. Agrarismo e industrialización en el anarquismo español. 1930-1939, Barcelona, 1982, pp. 52 y 57-60. La FAI, Federación Anarquista Ibérica, era un organismo integrado por cenetistas, creado en 1927 con el objetivo explícito de mantener a la CNT en una línea ideológica y de actuación fiel al anarquismo; Barrio Alonso, A., Anarquismo..., pp. 271-272, Vega, E., El trentisme.., pp. 16-17, y Paniagua, X., La sociedad..., pp. 54-55. Las elaboraciones teóricas del sindicalismo revolucionario se estudian en este último lugar, pp. 115-197, y en Elorza, A., La utopía anarquista bajo la Segunda República, Madrid, 1973, pp. 387-408, y aquellas más vinculadas al espontaneísmo, de tipo comunalista, en las mismas obras, pp. 83-114 y 363-377, respectivamente. No obstante, como se ha apuntado, la diferencia básica entre las tendencias moderada e intransigente estribaba en la táctica y el plazo para llevar a cabo la revolución, y no propiamente en la distinta "interpretación ideológica del papel revolucionario del sindicato", aunque ésta subyacía en muchos casos a aquellas; Paniagua, X., La sociedad..., p. 58. Para un estudio de los distintos proyectos de organización de la sociedad libertaria propuestos durante la Segunda República, véanse las dos últimas obras citadas; una clasificación, atendiendo a la función adjudicada al sindicato en dichos proyectos, en Paniagua, X., La sociedad..., pp. 103-104 y 116-117.
[6] Vega, E., El trentisme..., pp. 63-72, y Vega, E., Anarquistas..., pp. 56-57 y 60-61.
[7] CNT-AIT, Memoria Congreso Extraordinario celebrado en Madrid del 11 al 16 de junio de 1931, s.l., s.a. El dictamen "Posición de la CNT frente a las Cortes Constituyentes", y su discusión, en pp. 115-136; la cita procede del título de uno de sus puntos, denominado "Periodo constructivo", p. 119. Feliciano Subero, delegado del Sindicato Único de Trabajadores de Logroño, formó parte de la ponencia que redactó el dictamen; p. 120. Por el contrario, el Sindicato de Camareros de Logroño se contó entre las 31organizaciones que hicieron constar en acta su protesta por la aprobación del referido dictamen; pp. 136-137. Sólo 3 sindicatos riojanos estuvieron presentes en el Congreso del Conservatorio, los mencionados Sindicato Único de Trabajadores de Logroño (2500 afiliados) y Sindicato de Camareros de Logroño (80 afiliados) y el Sindicato de Camareros de Calahorra (40 afiliados); pp. 5 y 9. Acerca del desarrollo y acuerdos adoptados por en el Congreso del Conservatorio, véase también Vega, E., El trentisme..., pp. 72-103, Barrio Alonso, A., Anarquismo..., pp. 329-345, y Casanova, J., De la calle..., pp. 24-28.
[8] Vega, E., El trentisme.., p. 110, Vega, E., Anarquistas..., pp. 85-87, Elorza, A., "El sindicalismo...", p. 46, Elorza, A., La utopía..., p. 446, Barrio Alonso, A., Anarquismo.., pp. 347-348, y Casanova, J., De la calle..., pp. 21-22, 29-31 y 91-94.
[9] Acerca del Manifiesto de los Treinta, y las reacciones al mismo, Vega, E., El trentisme..., pp. 112-118, Vega, E., Anarquismo..., pp. 87-88, Elorza, A., "El sindicalismo...", pp. 46-51, Casanova, J., De la calle..., pp. 87-88, y Barrio Alonso, A., Anarquistas..., pp. 353-355. El manifiesto está reproducido en Vega, E., El trentisme..., pp. 255-260, y en Pestaña, A., Trayectoria..., pp. 613-621.
[10] En general, para la política de orden público respecto al anarcosindicalismo, los principales episodios de conflicto y represión, así como los progresivos radicalización y debilitamiento de la CNT, Casanova, J., De la calle..., pp. 18-131; véanse también Casanova, J., "España, 1931-1939: República, protesta social y revolución", VVAA, Revueltas y revoluciones en la Historia, Universidad de Salamanca, 1990, pp. 136-150, aquí pp. 140-143, y, para la incidencia de la insurrección del Alto Llobregat y el Cardoner, Vega, E., Trentisme.., pp. 149-153, y Barrio Alonso, A., Anarquistas..., pp. 360-364. Para las directrices de la política de orden público durante el primer bienio, Gil Pecharromán, J., La Segunda República española (1931-1936), Madrid, 1997, pp. 68-71. Acerca de la legislación laboral socialista, destinada a implantar la supremacía de la UGT, Juliá, S., "Objetivos políticos de la legislación laboral", García Delgado, J. L. (Ed.), La Segunda República española: el primer bienio, Madrid, 1987, pp. 27-47; la reacción cenetista a esta política laboral es abordada también en Casanova, J., De la calle..., pp. 49-52 y 55-58, en Juliá, S., Manuel Azaña. Una biografía política, Madrid, 1990, pp. 225-234 y 297, y en Vega, E., Anarquistas..., pp. 73-85.
[11] Vega, E., El trentisme..., pp. 136-140, 152-158 y 163-169, Vega, E., Anarquistas..., pp. 145-157, Casanova, J., De la calle..., pp. 94-96, y Barrio Alonso, A., Anarquismo..., pp. 355, 361-363 y 378.
[12] Una perpectiva general del proceso escisionista en la CNT, y de la diversidad ideológica existente en el seno de la misma, en Casanova, J., De la calle..., pp. 87-101. Para la formación de la FSL y los Sindicatos de Oposición en las dos regiones donde alcanzaron más fuerza, véanse Vega, E., Anarquistas..., pp. 158 y ss., que se centra en situación de la Regional de Levante, aunque también aborda la existente en la Catalana, y Vega, E., El trentisme..., pp. 170 y ss., que se refiere al periodo inicial de la escisión en Cataluña, comprendiendo hasta el final de 1933. Para el caso de la Regional de Asturias, conceptuada como mayoritariamente treintista, pero que optó por permanecer dentro de la CNT, Barrio Alonso, A., Anarquistas..., pp. 299, 365, 381 y ss.
[13] Esta situación, que se dio tanto en Cataluña como en el País Valenciano, es apuntada en Vega, E., Anarquistas..., pp. 161 y 230. Como una manifestación más de la escisión anarcosindicalista, se convocó "a los Sindicatos Autónomos de España, que, por los mismos motivos que los de la Oposición, están hoy en situación de autónomos", al Congreso Nacional de la CNT llamado a resolver la reunificación; la cita procede del dictamen emitido por el Pleno Regional de Levante, celebrado en Valencia, en febrero de 1936, entre la CNT y la Oposición, dictamen ratificado posteriormente por la Conferencia Nacional de Sindicatos de Oposición, celebrada así mismo en Valencia un mes después; pp. 222-224.
[14] Juzgado Municipal de Nájera, Registro Civil de Nájera.
[15] Morga, F., ¡Najerinos!, hoja suelta, Nájera, agosto de 1932, Archivo Histórico Provincial de La Rioja [AHPLR], Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera.
[16] Se resume este comportamiento laico en Morga, F., "Eso, es demasiado pobre", El Radical Socialista, [julio de 1932], Archivo particular de María Luisa Morga; véase también Morga, D. C., "Félix Morga: una vida, un sacrificio por todos nosotros", Malpica, 17 (1979), pp. 12-14. Para el matrimonio civil y el nacimiento de los hijos, Juzgado Municipal de Nájera, Registro Civil de Nájera.
[17] AHPLR, Registro de Asociaciones del Gobierno Civil, v. 1, La Rioja, 11-I-1914, y Archivo Municipal de Nájera [AMN], Libro de Actas del Ayuntamiento, 4-I-1914
[18] La Rioja, 4-VI-1915, y, también, Morga, F., Al pueblo, hoja suelta, Nájera, noviembre de 1935, Archivo particular de Armenia Morga, Morga, F., "Eso, es demasiado pobre", y el artículo de la Junta Directiva del Partido Republicano Radical Socialista de Nájera, firmado por Aranzubía, J., y Bañares, P., "Protesta", ambos en El Radical Socialista, [julio de 1932], Archivo particular de María Luisa Morga.
[19] Morga, F., "Eso...", de donde procede la cita, y Entrevista con Armenia y Francisca Acracia Morga, Nájera, 2000. Debo volver a agradecer aquí a Armenia y Francisca, hijas de Morga, su inapreciable ayuda y su amabilidad.
[20] AHPLR, Registro de Asociaciones del Gobierno Civil, v.1.
[21] Morga, F., "De Nájera", Izquierda Republicana, 14-X-1935.
[22] Morga, F., Najerinos, hoja suelta, Nájera, 10-IV-1931, AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera.
[23] Bermejo Martín, F., La II República en Logroño: Elecciones y contexto político, Logroño, 1984, p. 185, y AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, "Atestado instruido en averiguación de la celebración de un mitin de carácter sindicalista, y el carácter de una manifestación", de septiembre de 1931, declaración de Félix Morga.
[24] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, Carta de Félix Morga al Gobernador Civil, de 25-VII-1934.
[25] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, Carta de Félix Morga al Gobernador Civil, de 25-VII-1934.
[26] Álvarez Junco, J., La ideología política del anarquismo español (1868-1910), Madrid, 1976, pp. 65-78 y 515-546.
[27] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, Carta de Félix Morga al Gobernador Civil, de 25-VII-1934.
[28] Para Félix Morga, como para la mayoría de los republicanos, el izquierdismo es algo implícito a la misma forma de gobierno republicana; como Morga expuso en la hoja suelta ¡Najerinos! (1932), sobre la que volveremos más adelante en este mismo apartado: "(...) Entiendo que República sólo puede ser Justicia y Equidad. Si así no fuere habría de combatirla".
[29] Morga, F., "Hecho improcedente", Izquierda Republicana, 6-I-1936.
[30] Álvarez Junco, J., La ideología..., pp. 93-114. Para la exposición de una idea del progreso histórico similar a la libertaria, en cuanto preveía la superación futura de la sociedad burguesa, la sostenida por el dirigente republicano federal Eduardo Barriobero y Herrán durante los años de la Segunda República, Ruiz Pérez, J., Eduardo Barriobero y Herrán, exponente de una cultura política común a republicanos y anarquistas en el primer tercio del siglo XX, trabajo de investigación depositado en el Instituto de Estudios Riojanos, 2002, pp. 8-11; dicho trabajo de investigación contó con una Ayuda a la Investigación del Instituto de Estudios Riojanos de la Consejería de Educación, Cultura, Juventud y Deportes del Gobierno de La Rioja.
[31] Vega, E., El trentisme..., p. 69; el fragmento reproducido pertenece al manifiesto "Al proletariado español en particular y a los ciudadanos en general", Solidaridad Obrera, 14-V-1931.
[32] Comisión Organizadora del Partido Republicano en Nájera [Morga, F. (atrib.)], Al pueblo, hoja suelta, [Nájera], febrero de 1930, Archivo particular de Armenia Morga.
[33] Morga, F., "¿Hasta cuándo?", Izquierda Republicana, 13-I-1936.
[34] Morga se referirá a su propia casa como "escuela de ciudadanía", por el ejemplo de comportamiento ofrecido desde ella durante la Dictadura, y muy posiblemente en razón del uso de la misma durante dicho periodo como centro informal de reunión de sindicalistas y republicanos, en Morga, F., "Eso...". En Comisión Organizadora del Partido Republicano en Nájera [Morga, F. (atrib.)], Al pueblo, también aparece el concepto "escuela de ciudadanía", aunque en esta ocasión referido a la coalición republicana que se pretende formar.
[35] Morga, F., "De Nájera".
[36] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, "Atestado instruido en averiguación de la celebración de un mitin de carácter sindicalista, y el carácter de una manifestación", de septiembre de 1931, declaración de Félix Morga.
[37] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, "Atestado instruido en averiguación de la celebración de un mitin de carácter sindicalista, y el carácter de una manifestación", de septiembre de 1931, declaración de Félix Morga.
[38] AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, Carta de Félix Morga al Gobernador Civil, de 25-VII-1934.
[39] Paniagua, X., La sociedad..., p. 48.
[40] La ratificación del apoliticismo por el Congreso del Conservatorio, aunque con el acuerdo de prohibir a los afiliados adscritos a partidos políticos la ocupación de cargos dentro de la CNT, limitando de éste modo su influencia en el seno de la organización, en CNT-AIT, Congreso..., pp. 29-30 y 146-148, Barrio Alonso, A., Anarquismo..., p. 332, y en Vega, E., El trentisme..., p. 101.
[41] La vinculación genérica del sector sindicalista con el apoliticismo, y del anarquista con el antipoliticismo, en Paniagua, X., La sociedad..., p. 48. Los treintistas defendieron el apoliticismo en los sindicatos, que concebían como organismos de clase abiertos a todos los trabajadores, en tanto desde el sector anarquista se promovió, al tiempo que la expulsión de aquellos, la de los comunistas estatales; Vega, E., El trentisme..., op. cit., pp. 169, 213 y 221.
[42] Morga, F., ¡Najerinos! (1932).
[43] AMN, Libro de Actas del Ayuntamiento, Sesiones del 1-VI-1931 y 19-VIII-1931.
[44] Morga, F., "¿Hasta cuándo?", y AHPLR, Gobierno Civil, Correspondencia, Nájera, Carta de Félix Morga al Gobernador Civil, de 25-VII-1934.
[45] Morga, F., "Ante la ciénaga", Izquierda Republicana, 9-XII-1935. El nombramiento de Félix Morga como concejal obedeció al Real Decreto de 30-IX-1923, por el que los Ayuntamientos pasaron a ser sustituidos por las Juntas de Asociados, cuyos miembros se elegían por sorteo de entre los vecinos contribuyentes. Morga ejerció el poder en esta ocasión sólo durante tres meses, puesto que fue destituido, junto al resto de concejales así designados, en enero de 1924; AMN, Libro de Actas del Ayuntamiento, Sesión de 12-I-1924.
[46] Morga, F., "La de ellos y nuestra moral", Izquierda Republicana, 16-IX-1935. Sabino Ruiz desempeñó el cargo de Gobernador Civil entre principios de 1932 y finales de 1933, por lo que la vacante de diputado provincial por el distrito de Nájera debe referirse a la dejada por Celso Ochoa a principios de 1933, para suplir la cuál fue designado finalmente Ignacio Terol Benedicto, concejal de Torrecilla de Cameros; Bermejo Martín, F., y Delgado Idarreta, J. M., La administración provincial española. La diputación provincial de La Rioja, Logroño, 1989, p. 470.
[47] Bermejo Martín, F., y Delgado Idarreta, J. M., La administración..., p. 472.
[48] Morga, F., ¡Najerinos! (1932). El texto parafrasea, a parte del propio concepto de "la ley del número", atacado por Mella en su folleto, el siguiente pasaje del mismo: "(...) Una vez afirmada la ley de las mayorías, se convierte, como veremos muy pronto, en una tremenda ficción que permite a unos cuantos encaramarse en la cucaña del poder, dictar e imponer a un pueblo entero su voluntad omnímoda"; Mella, R., La ley del número, Barcelona, 2000, p. 13.