Con Picasso, en una corrida. |
Cocteau y Picasso
La primera idea de España le llegó a Cocteau de la mano
de Picasso, un amigo querido y admirado con la que mantuvo una relación
de más de cuarenta años. Se visitaban continuamente, pasaban
largas temporadas uno en casa del otro y compartían largos ratos
de charla. Una de las cosas que más les divertían era ir
a las corridas de toros que se celebraban en Arlès. Lo que el pintor
malagueño le contaba sobre su país de origen encendía
la imaginación del poeta. Picasso le inspiró directamente
un capítulo de su Secreto Profesional: “Vale la pena vivir
el momento en que el conductor del tranvía malagueño entona
una malagueña con su vehículo lleno de asombrados viajeros.
Entonces es increíble”. |
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Primer contacto con España
Cuando Jean Cocteau visitó España, en julio de 1953,
acompañado por Francine, Carole Weisweller y Eduardo Dermit, la
atraccion por la península es ya evidente. Hay todo un mundo de
personajes españoles, además de Picasso y Sabartés,
que le rodean y que son nombres conocidos: el torero Luis Miguel Dominguín
y su mujer, Lucía Bosé (que aparecerán, entre compases
de saetas de Semana Santa, en la última película de Cocteau,
El testamento de Orofeo), Luis Escobar, José María pemán,
Edgar Neville o Pedro Domeq son sólo algunos de ellos. Este primer
contacto es sugestivo e intenso; tanto, que sus viajes a España
se repetirán en el 54, el 60 y el 61. |
Con el torero Dominguín.
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España como inspiración
De estos viajes nacerán encendidos dibujos, así como
las obras poéticas La corrida du premier du mai (1957) y Ceremonial
espagnol du Phénix (1961). Escribiría “España, tinta
china y corrida de tinta roja; España, jaula de loros. España
que besa la muerte por debajo de la pierna. España, guitarra que
recibe telegramas. España, persiana de cielo. España, abanico
de mar”, y “España no se parece en nada a lo que me habían
contado de ella... resulta que es un país pobre que es rico y que
Francia es un país rico que es pobre. Nosotros no disponemos de
nada de carácter nacional que pueda ser parangonable a las corridas
y el flamenco”. |
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Flamenco y toros
Son sus dibujos españoles que le hacen mostrar por completo
la afinidad que siente hacia el flamenco: “El flamenco no es un ritmo,
es una sintaxis, los árabes gemían su queja. Los españoles
la articulan”. Desde una perspectiva semejante compara la fiesta de los
toros con un “drama de las arenas, el último acto de un sacrificio
superior donde el toro es un embajador de la muerte y el torero el poeta
que lidia con credenciales ocultas”. |