CUARESMA








Empieza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo llamado de Pasión. Durante él se prescribe el ayuno, entre otros motivos, para imitar el ayuno de Jesucristo en el desierto.
En la vida privada y pública quiere la Iglesia que los fieles vivan con más austeridad. Es tiempo de más piedad, oración y penitencia, y sobre todo, más apto para la instrucción religiosa.
De este modo nos podemos preparar a las alegrías de la Resurrección de Jesucristo, con la penitencia, purificándonos de nuestros pecados, con el recogimiento, renovándonos en nuestra vida interior; y con la docilidad a la palabra divina, instruyéndonos en las verdades de la fe (Misal).

¿Sábeis qué ayuno quiero yo?, dice el Señor, Yavé:
Romper las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores, dejar libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano.
Entonces brotará tu luz como la aurora, y pronto germinará tu curación e irá delante de ti tu justicia, y detrás la gloria de Yavé. Entonces llamarás, y Yavé te oirá; le invocarás, y Él dirá: Heme aquí.
Cuando quites de ti el yugo, el gesto amenazador y el hablar altanero; cuando des de tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad, y tus tinieblas serán cual mediodía.
Yavé será siempre tu pastor, y en el desierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos.
Serás como huerto regado, como fuente de aguas que no se agotan; y serán edificadas por ti las antiguas ruinas, y alzarás los cimientos de generaciones y generaciones, y te llamarán reparador de brechas y restaurador de sendas para habitar (Isaías 58, 6-12).

Toma tu cruz, y sigueme Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así te plugo.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelárselo.
Venid a mi todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré.
Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera. (San Mateo 11, 25-30).
El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará.
Y ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? (San Mateo 16, 24-26)

San Juan 15, 1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, para que dé más fruto. 3Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado; 4permaneced en mí y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto de sí mismo si no permaneciere en la vid, tampoco vosotros si no permanecieréis en mí.
5Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. 6El que permanece en mí y yo en Él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.
El que no permanece en mí es echado fuera, como el sarmiento, y se seca, y los amontonan y los arrojan al fuego para que ardan.
7Si permenecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que quisiereis, y se os dará. 8En esto será glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos míos. 9Como el Padre me amó, yo también os he amado; permaneced en mi amor. 10Si guardareis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardé los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor.
11Esto os lo digo para que yo me goce en vosotros y vuestro gozo sea cumplido.
12Este es mi precepto: que os améis unos a otros como yo os he amado.
13Nadie tiene amor mayor que éste de dar la vida por sus amigos.
14Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.

Toma tu cruz, y sigueme Isaías 52, 13He aquí que mi siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto.
14Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto que no parecía ser de hombre, 15así se admirarán muchos pueblos y los reyes cerrarán ante Él su boca, porque vieron lo que no se les había contado y comprendieron lo que no habían oído.
Isaías 53, 1¿Quién creerá lo que hemos oído? ¿A quién fue revelado el brazo de Yavé?
2Sube ante él como un retoño, como raíz de tierra árida.
No hay en el parecer, no hay hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos.
3Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta.
4Pero fue Él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido.
5Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados.
El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y en sus llagas hemos sido curados.
6Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yavé cargó sobre Él la iniquidad de todos nosotros.
7Maltratado, mas Él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores.
8Fue arrebatado por un juicio inicuo, sin que nadie defendiera su causa, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo.
9 Dispuesta estaba entre los impíos su sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores, a pesar de no haber cometido maldad ni haber mentira en su boca.
10Quiso Yavé quebrantarle con padecimientos.
Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yavé prosperará en sus manos.
11Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento.
El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos.
12Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores, llevando sobre si los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores.

San Juan 13, 34«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
35En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros».

San Juan 14, 23«Si alguno me ama, guardarį mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada».

La Pasión
Vía Crucis