¡¡¡ FELICES PASCUAS !!!

El misterio de la Redención

Tiempo Pascual:
Comprende este santo tiempo ocho semanas, desde el Sábado Santo, hasta el Sábado después de Pentecostés.
Durante esta época celebramos la Resurrección gloriosa de Nuestro Redentor, su admirable Ascensión a los cielos, y la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.
Es este tiempo de santa alegría, pues la Resurrección de Jesucristo nos recuerda la que se nos ha prometido a nosotros si vivimos haciendo la voluntad de Dios. En estos días repetimos con más frecuencia el canto del Aleluya que es canto de regocijo y esperanza.
En el Tiempo Pascual debemos procurar una gran pureza del alma, pensar en la patria bienaventurada, en la que debe estar puesto nuestro corazón, sin buscar afanosamente los bienes de la tierra, antes bien, arrojando de nosotros el espíritu del mundo y los egoísmos insaciables de nuestras pasiones. Vivamos de tal modo, que merezcamos celebrar en el cielo la Pascua eterna del Cordero Pascual, que es Jesucristo, inmolado por nuestra redención.

corazon de Jesus

Resurrección

Resucitó como lo había predicho. Se ha cumplido su palabra. El hombre Dios aparece triunfante. El corazón de los fieles late con emoción y se llena de regocijo. Este es el día del Señor. Aleluya.
Somos como navegantes, que vamos al puerto de la eternidad. Hoy parece que divisamos la celestial Jerusalén; y ante su vista más próxima y cierta, con insistencia repetimos nuestro canto dulcísimo de remeros, el Aleluya.
Y como para asegurar también nuestro triunfo definitivo, San Pablo en la Epístola de este día (1 Cor. 5, 7-8), nos exhorta a buscar las cosas celestiales que están en donde está Cristo, a la diestra del Padre. Buscad, nos dice, las cosas de arriba: no las de la tierra. Acordémonos de lo que había dicho el mismo Señor ante sus amigos de Betania: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, vivirá para siempre».
Vivamos pues como el que pronto tiene que morir y preparémonos a morir como quien siempre tiene que vivir con Cristo, en el Cielo.

PADRE, ¡SANTIFÍCANOS EN LA VERDAD!

JUAN 17: 17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.
18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
20No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí,
21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:
23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado.
26Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos

¡¡¡ SED HOSTIAS VIVAS !!!

Romanos 12
1 Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual.
2 Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.
3 En virtud de la gracia que me fue dada, os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene; tened más bien una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual.
4 Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función,
5 así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros.
6 Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe;
7 si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando;
8 la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad.
9 Vuestra caridad sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien;
10 amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros;
11 con un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor;
12 con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;
13 compartiendo las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
14 Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis.
15 Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran.
16 Tened un mismo sentir los unos para con los otros; sin complaceros en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; = no os complazcáis en vuestra propia sabiduría. =
17 Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres:
18 en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres;
19 no tomando la justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera (de Dios), pues dice la Escritura: "Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor."
20 Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza.
21 No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.