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año 1212 bajo el reinado de Alfonso VIII, se fundó en
Palencia el primer " Studium genérale ". Con el paso del
tiempo estos estudios generales dan lugar a las
universidades, que eran privilegio de los jóvenes nacidos de
noble cuna, pues las carreras eran muy costosas y estaban
fuera del alcance de la gente de medianos recursos.
La Tuna es una institución universitaria de
carácter cultural que tiene sus orígenes en las costumbres
heredadas de los estudiantes españoles del siglo XIII. (
Siglo de Oro Español ).
En 1348 cuando subió al trono de España Alfonso X, " El
Sabio ", la Real Academia Española, por orden suya, lanzó
una convocatoria a todos los jóvenes que desearan ingresar a
alguna universidad para presentar un examen de ciencias y
artes. Aquél que lo aprobara estaría becado. Muchos nobles
se sorprendieron porque consideraban inconcebible que gente
del populacho se mezclara con hijos de nobles de las más
altas esferas.
Para poner remedio a esta nueva situación, la Real Academia
decreto que todos los becados llevaran sobre su uniforme una
banda de tela con el color de su facultad, ( La Beca
), para poderse distinguir; y aunque de mala gana, la
disposición se acató.
Los nobles comenzaron a cerrar sus círculos segregando
a los becados. Esto propicio que entre los últimos comenzara
a nacer una camaradería con la que no importaba de qué
región vinieran, y algo común entre ellos era su aversión
por los nobles.
Los sopistas eran estudiantes pobres que
con sus músicas, simpatía y picardías recorrían figones,
conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa
(cosa que les otorgó el nombre) y de unas monedas que les
ayudaban a costear sus estudios. Cuando anochecía y una vez
sonaba la campana de queda o recogida, salían a rondar los
balcones para enamorar a las féminas que pretendían.
Recibían el nombre de sopistas porque de ellos se decía que
vivían de la sopa boba; siempre iban
provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les
permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la
ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los
sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas
Universitarias.
Era esta la versión española de un
fenómeno generalizado en toda Europa durante la Edad Media y
que se conoció con el nombre de Goliardos,
los cuales representaban la bohemia universitaria viviendo
como juglares y trovadores.
La primera referencia escrita a los
sopistas data del año 1.300 y apareció en el "Liber
constitutionem" de la Universidad de Lérida, donde
se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se
condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos,
pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.
En 1.348, Alfonso X "El Sabio",
se refiere a los sopistas en "Las Partidas",
diciendo: "Esos escholares que trovan y tañen instrumentos
para haber mantenencia".
De la misma época es la obra
"Razón de amor y denuestos del agua y el vino",
cuyo autor se retrata en la introducción: "Un escolar la
rimó, que siempre dueñas amó". Y en ella se alude a las
cintas de amor que prenden sobre la capa del escolar, por
una de las cuales una dama reconoce al protagonista en la
oscuridad de la noche.
El Arcipreste de Hita
compuso más de diez pliegos de cantares para "escolares que
andan nocherniegos e para muchos otros por puertas
andariegos", y en su "Libro del buen amor"
hace referencia al carácter mendicante de estos estudiantes:
"Señor dat a escolar que vos viene a demandar. Dat limosna o
ración faré por vos oración".
Los jóvenes de todas las condiciones que deseaban estudiar
acudieron a solicitar su beca, y empezaron a frecuentar las
ciudades universitarias de Santiago, Alcalá de Henares y
Salamanca.
Como a veces los becados vivían muy lejos de la universidad,
tenían que arrendar un cuarto dentro de la comunidad, pero
para pagarlo tenían que dejar de comer, algo inconcebible.
Fue entonces que se reunían varios grupos de muchachos
en iguales condiciones y con citarás, tricordios, laudes,
flautas y guitarras; recorrían conventos, calles plazas y
sobre todo mesones y tabernas, que en vez de darles dinero,
les invitaban una botella de jeréz o tintorro, y el
tabernero les daba una mezcla de sobras, llamada sopa boba,
sin cobrarles nada, gracias a su música, simpatía y
picardía.
Debido a esta animosidad fue que, indirectamente, les
llamaron SOPISTAS, predecesores de los actuales tunos; otras
veces no tenían dinero ni para comprarse el tricornio, (
gorro de tres picos ), ni la capa, por lo que recurrían a
algún noble altruista para que les regalara el sombrero y la
capa. Entonces se les comenzó a llamar capigorrones y luego,
nada más, gorrones.
La primera referencia escrita a los sopistas data del
año 1300 y apareció en el " Liber Constitutionem " de la
Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas
nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a
la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y
descanso de la ciudad.
La mayoría de las veces, al regresar de cenar, los
becados venían alegres y cantadores, por lo que los
habitantes del rumbo al escucharlos, echaban cerrojo a
puertas y ventanas, escondían a sus hijas y cebaban las
pistolas corriendo la voz de alarma: " ! Ahí vienen los
tunantes, ahí viene la Tuna ! ".
Fue en el siglo XVI cuando se formaron las
tunas tal y como hoy las conocemos. Los sopistas se
acogieron a la "Instrucción para bachilleres de
pupilos" dictada en 1.538, norma que ofrecía
vivienda a los estudiantes que no podían costearla. En ellas
no podían mezclarse estudios diferentes y eran dirigidas por
los estudiantes más antiguos, a los que se llamaba
"bachilleres de pupilos", pues además debían apoyar
en sus estudios a los bobos o estudiantes nuevos. Estas
casas eran, por sus características, habitadas
mayoritariamente por sopistas, y nunca fueron ejemplo para
el estudio serio, y así en el libro "La vida del
Pícaro Guzmán de Alfarache" encontramos:
" . . . no querían ver libro, ni atender a
lo que habían venido a la Universidad; jamás se les caían
las guitarras de las manos, daban mucho entretenimiento,
cantaban muy bueno sonetillos y siempre tenían de nuevos, y
los sabían hacer muy bien y pasar el instrumento".
Así, los pupilos que querían formar parte
de las camadas sopistas, se convertían en escuderos de estos
a cambio de que les instruyeran en su arte, lo cual permitía
a los sopistas llevar una vida similar a la de los
estudiantes ricos. Los nuevos que esto decidían, debido a su
inexperiencia, eran el centro de la broma en las correrías
de sus maestros, pero una vez terminado el pupilaje, el
nuevo era admitido como uno más, y así en el libro
"Historia de la vida del
Buscón" de Quevedo,
se hace referencia a estas costumbres que todavía hoy
perduran:
"Viva el compañero, y sea admitido en
nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda
tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos!".
Como muy bien expresa D. Emilio de la Cruz
y Aguilar en sus "Chrónicas
de la Tuna", "A pesar del paso y cambio de los
tiempos, los tunos siguen siendo viva credencial de la
juventud de siempre, los mismos antiguos juglares y
trovadores escolares que siguen en el mester, los
entrañables y nocherniegos universitarios que, desde hace
muchos siglos, sucediéndose a sí mismos, recorren rondando
el mundo, cultivan los instrumentos populares y practican un
género de música entroncada directamente con las albadas
medievales o los cantos escolares pobres, testificando así
este fenómeno cultural único . . . "
Por último, recordar a Jiménez Catalán y
Sinués y Urbiola, historiadores de la Universidad de
Zaragoza, cuando decían que:
" . . . de estas comparsas de tunos y
sopistas salieron hombres que gobernaron a España y ocuparon
puestos preeminentes en las letras, la política y el foro".

LA SERENATA
Pero con el paso del tiempo, uno de ellos se
enamoró de una muchacha perteneciente a la clase noble, y no
teniendo recursos para darle un presente, decidió mostrarle
su amor a través de su singular arte: la música.
Acompañado por los tunos, recorrieron la ciudad entonando
melodías de singular alegría hasta llegar al balcón de su
amada.
Posado bajo la ventana,
el enamorado mostraba sin recelo sus sentimientos hacia la
joven por medio de canciones, seguido por sus amigos durante
todo momento. Sorprendida, la doncella se asomaba al balcón
para descubrir a aquel extraño grupo. Y mientras que el
estudiante complacía a la dueña de sus sueños con su arte,
dejaba volar la imaginación, y sin que el se diera cuenta,
ponía las bases de lo que seria una parte muy importante de
la noble tradición de la tunería, la serenata. Cuando el
silencio predominó el lugar debido al cansancio ocasionado
por tan notable labor, la joven decidió mostrarle su
aceptación, y de esta manera le obsequio un listón de su
vestido, que garantizaba que todos los esfuerzos de este
tuno no fueron en vano. Y de esta manera se alejó lleno de
esperanza, mostrando que para el amor no existen clases
sociales ni barreras impenetrables, solo corazones sinceros.
Pronto, las serenatas se hicieron comunes y la escalada a
los balcones se convirtió en algo de rigor dando lugar a
incontables rumores sobre las intenciones de los tunos,
motivando a los padres de las jóvenes a tomar medidas
drásticas.
Cuando la noche llegaba a las casas, los habitantes varones
se preparaban para proteger a sus damiselas repeliendo de
diversas maneras a los tunos invasores, ya fuera con agua
fría, disparos al aire e incluso persiguiéndolos para darles
una tunda.
Pero los tunos, bastante astutos, buscaron la manera de
evitar estos enfrentamientos sin tener que dejar de visitar
a sus amadas, y comenzaron a usar las capas negras para
esconderse entre las sombras de las noches. Propiciando a
que los llamaran los murciélagos, debido a que podían
desaparecer en la obscuridad.
El procedimiento de los estudiantes era bastante peculiar:
comenzaban la serenata y cuando los protectores salían a
perseguirlos, el enamorado, envuelto con su capa, se
agazapaba en el umbral de una puerta para después salir y
continuar el cortejo, mientras que los celosos hombres eran
alejados por sus compañeros, que con el mismo truco
desaparecían sin dejar rastro.
LOS GORRONES (CUCHARA Y TENEDOR)
Los nobles, para cobrar
venganza, tuvieron la idea de humillar a los sopistas,
invitándolos a tocar en sus fiestas como si fueran sus
sirvientes, pero la situación se volvió contra ellos; los
murciélagos tocaban, cantaban y bailaban la pandereta, y
como pago de su actuación se les daba de comer las sobras de
la reunión.
Pero pronto los tunos tuvieron la audacia de llevar bajo la
capa un tazón, provistos siempre de cuchara y tenedor de
madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde
se les presentaba la ocasión; o cuando el anfitrión no los
veía, echaban mano y se servían a lo grande. Estos cubiertos
de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la
actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.
Luego, mientras los nobles charlaban sobre la buena idea de
traer a esos humildes a que los divirtieran, los sopistas se
llevaban a las muchachas a los rincones apartados para
hablarles de amor; y cuando los familiares se percataban de
la ausencia de hijas y gorrones, alarmados comenzaban a
buscarlos, para encontrar que la joven tenía una flor entre
las manos, y los murciélagos ya habían desaparecido.
Era esta la versión española de un fenómeno generalizado en
toda Europa durante la Edad Media y que se conoció con el
nombre de Goliardos, los cuales representaban la bohemia
universitaria viviendo como juglares y trovadores.
LOS NOVATOS
El
periodo de Iniciación
Una de las tradiciones más arraigadas en el mundo de la
Estudiantina es el periodo de aprendizaje, que permite a
todo el que deseé pertenecer a dicha institución, adquirir
la experiencia y el grado de madurez necesarios para
sobrevivir a los múltiples avatares que el destino puede
depararle.
Esta costumbre viene heredada de los orígenes de la Tuna,
jóvenes estudiantes que acudían a la Universidad, y que se
ponían en tutela de los ya veteranos para conocer los
secretos de la vida universitaria, y adquirir destreza en
sus empresas, a cambio de prestarles ayuda en sus
menesteres.
En la Antigüedad.
Ciertamente, los tratos dados a los recién llegados en los
Colegios y Universidades Españoles por parte de sus
compañeros eran un tanto especiales:
El recién llegado, se encontraba ante un mundo que no
conocía, y un tanto hostil, frente a la alegría del resto de
sus compañeros: Ante la magnitud de éstas perspectivas, el
recién incorporado se solía acoger a la tutela de algún
veterano, que le protegiera de excesos y escarnios, y que le
sirviera de guía durante su aprendizaje, tras lo cual,
pasaba a formar parte de ese grupo de estudiantes:
El periodo de Aprendizaje.
En la actualidad, las cosas ya no son tan graves, y lo que
la Tuna ofrece, es una perspectiva ante la vida
universitaria más fresca, desenfadada, divertida y sobre
todo diferente. Este periodo, en el cual, el recién llegado
y aspirante a Tuno suele ser denominado novato, aprendiz,
NUEVO, etc., suele durar alrededor de un año, ( dependiendo
de las habilidades de dicho novato ), y con él, se pretende
que adquiera la suficiente soltura musical y vital para
llevar adelante las empresas que como tuno pudiera
emprender.
Durante éste periodo, tendrá que pasar por:
Una Prueba de Ingreso: Requisito imprescindible para que
cualquier estudiante sea admitido como aprendiz y aceptado
como miembro provisional de la Tuna:
Un Viaje de Novatos: En el que tendrá que demostrar
prácticamente los conocimientos adquiridos durante su etapa
de aprendizaje.
Un Examen Final: Uno de los momentos más importantes de la
vida de un tuno, es en el que su Tuna le concede la beca que
la distingue y le reconoce como miembro activo, con lo que
tiene derecho a gozar de las mismas prebendas que el resto
de los Tunos como un veterano más

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