Ilma. Tuna            
    Ingenieros Agrónomos de Orihuela    
Universidad Miguel Hernández de Elche

 

  Los Orígenes de la Tuna   

 

nl año 1212 bajo el reinado de Alfonso VIII, se fundó en Palencia el primer " Studium genérale ". Con el paso del tiempo estos estudios generales dan lugar a las universidades, que eran privilegio de los jóvenes nacidos de noble cuna, pues las carreras eran muy costosas y estaban fuera del alcance de la gente de medianos recursos.

La Tuna es una institución universitaria de carácter cultural que tiene sus orígenes en las costumbres heredadas de los estudiantes españoles del siglo XIII. ( Siglo de Oro Español ).

En 1348 cuando subió al trono de España Alfonso X, " El Sabio ", la Real Academia Española, por orden suya, lanzó una convocatoria a todos los jóvenes que desearan ingresar a alguna universidad para presentar un examen de ciencias y artes. Aquél que lo aprobara estaría becado. Muchos nobles se sorprendieron porque consideraban inconcebible que gente del populacho se mezclara con hijos de nobles de las más altas esferas.

Para poner remedio a esta nueva situación, la Real Academia decreto que todos los becados llevaran sobre su uniforme una banda de tela con el color de su facultad,  ( La Beca ), para poderse distinguir; y aunque de mala gana, la disposición se acató.

     Los nobles comenzaron a cerrar sus círculos segregando a los becados. Esto propicio que entre los últimos comenzara a nacer una camaradería con la que no importaba de qué región vinieran, y algo común entre ellos era su aversión por los nobles.
    
Los sopistas eran estudiantes pobres que con sus músicas, simpatía y picardías recorrían figones, conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa (cosa que les otorgó el nombre) y de unas monedas que les ayudaban a costear sus estudios. Cuando anochecía y una vez sonaba la campana de queda o recogida, salían a rondar los balcones para enamorar a las féminas que pretendían. Recibían el nombre de sopistas porque de ellos se decía que vivían de la sopa boba; siempre iban provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.

    Era esta la versión española de un fenómeno generalizado en toda Europa durante la Edad Media y que se conoció con el nombre de Goliardos, los cuales representaban la bohemia universitaria viviendo como juglares y trovadores.

    La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1.300 y apareció en el "Liber constitutionem" de la Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.

    En 1.348, Alfonso X "El Sabio", se refiere a los sopistas en "Las Partidas", diciendo: "Esos escholares que trovan y tañen instrumentos para haber mantenencia".

    De la misma época es la obra "Razón de amor y denuestos del agua y el vino", cuyo autor se retrata en la introducción: "Un escolar la rimó, que siempre dueñas amó". Y en ella se alude a las cintas de amor que prenden sobre la capa del escolar, por una de las cuales una dama reconoce al protagonista en la oscuridad de la noche.

     El Arcipreste de Hita compuso más de diez pliegos de cantares para "escolares que andan nocherniegos e para muchos otros por puertas andariegos", y en su "Libro del buen amor" hace referencia al carácter mendicante de estos estudiantes: "Señor dat a escolar que vos viene a demandar. Dat limosna o ración faré por vos oración".

     Los jóvenes de todas las condiciones que deseaban estudiar acudieron a solicitar su beca, y empezaron a frecuentar las ciudades universitarias de Santiago, Alcalá de Henares y Salamanca.
Como a veces los becados vivían muy lejos de la universidad, tenían que arrendar un cuarto dentro de la comunidad, pero para pagarlo tenían que dejar de comer, algo inconcebible.

     Fue entonces que se reunían varios grupos de muchachos en iguales condiciones y con citarás, tricordios, laudes, flautas y guitarras; recorrían conventos, calles plazas y sobre todo mesones y tabernas, que en vez de darles dinero, les invitaban una botella de jeréz o tintorro, y el tabernero les daba una mezcla de sobras, llamada sopa boba, sin cobrarles nada, gracias a su música, simpatía y picardía.

     Debido a esta animosidad fue que, indirectamente, les llamaron SOPISTAS, predecesores de los actuales tunos; otras veces no tenían dinero ni para comprarse el tricornio, ( gorro de tres picos ), ni la capa, por lo que recurrían a algún noble altruista para que les regalara el sombrero y la capa. Entonces se les comenzó a llamar capigorrones y luego, nada más, gorrones.

     La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1300 y apareció en el " Liber Constitutionem " de la Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.

     La mayoría de las veces, al regresar de cenar, los becados venían alegres y cantadores, por lo que los habitantes del rumbo al escucharlos, echaban cerrojo a puertas y ventanas, escondían a sus hijas y cebaban las pistolas corriendo la voz de alarma: " ! Ahí vienen los tunantes, ahí viene la Tuna ! ".

     Fue en el siglo XVI cuando se formaron las tunas tal y como hoy las conocemos. Los sopistas se acogieron a la "Instrucción para bachilleres de pupilos" dictada en 1.538, norma que ofrecía vivienda a los estudiantes que no podían costearla. En ellas no podían mezclarse estudios diferentes y eran dirigidas por los estudiantes más antiguos, a los que se llamaba "bachilleres de pupilos", pues además debían apoyar en sus estudios a los bobos o estudiantes nuevos. Estas casas eran, por sus características, habitadas mayoritariamente por sopistas, y nunca fueron ejemplo para el estudio serio, y así en el libro "La vida del Pícaro Guzmán de Alfarache" encontramos:

" . . . no querían ver libro, ni atender a lo que habían venido a la Universidad; jamás se les caían las guitarras de las manos, daban mucho entretenimiento, cantaban muy bueno sonetillos y siempre tenían de nuevos, y los sabían hacer muy bien y pasar el instrumento".

     Así, los pupilos que querían formar parte de las camadas sopistas, se convertían en escuderos de estos a cambio de que les instruyeran en su arte, lo cual permitía a los sopistas llevar una vida similar a la de los estudiantes ricos. Los nuevos que esto decidían, debido a su inexperiencia, eran el centro de la broma en las correrías de sus maestros, pero una vez terminado el pupilaje, el nuevo era admitido como uno más, y así en el libro "Historia de la vida del Buscón" de Quevedo, se hace referencia a estas costumbres que todavía hoy perduran:

"Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos!".

     Como muy bien expresa D. Emilio de la Cruz y Aguilar en sus "Chrónicas de la Tuna", "A pesar del paso y cambio de los tiempos, los tunos siguen siendo viva credencial de la juventud de siempre, los mismos antiguos juglares y trovadores escolares que siguen en el mester, los entrañables y nocherniegos universitarios que, desde hace muchos siglos, sucediéndose a sí mismos, recorren rondando el mundo, cultivan los instrumentos populares y practican un género de música entroncada directamente con las albadas medievales o los cantos escolares pobres, testificando así este fenómeno cultural único . . . "

     Por último, recordar a Jiménez Catalán y Sinués y Urbiola, historiadores de la Universidad de Zaragoza, cuando decían que:

" . . . de estas comparsas de tunos y sopistas salieron hombres que gobernaron a España y ocuparon puestos preeminentes en las letras, la política y el foro".

LA SERENATA

Pero con el paso del tiempo, uno de ellos se enamoró de una muchacha perteneciente a la clase noble, y no teniendo recursos para darle un presente, decidió mostrarle su amor a través de su singular arte: la música.

Acompañado por los tunos, recorrieron la ciudad entonando melodías de singular alegría hasta llegar al balcón de su amada.

Posado bajo la ventana, el enamorado mostraba sin recelo sus sentimientos hacia la joven por medio de canciones, seguido por sus amigos durante todo momento. Sorprendida, la doncella se asomaba al balcón para descubrir a aquel extraño grupo. Y mientras que el estudiante complacía a la dueña de sus sueños con su arte, dejaba volar la imaginación, y sin que el se diera cuenta, ponía las bases de lo que seria una parte muy importante de la noble tradición de la tunería, la serenata. Cuando el silencio predominó el lugar debido al cansancio ocasionado por tan notable labor, la joven decidió mostrarle su aceptación, y de esta manera le obsequio un listón de su vestido, que garantizaba que todos los esfuerzos de este tuno no fueron en vano. Y de esta manera se alejó lleno de esperanza, mostrando que para el amor no existen clases sociales ni barreras impenetrables, solo corazones sinceros.

Pronto, las serenatas se hicieron comunes y la escalada a los balcones se convirtió en algo de rigor dando lugar a incontables rumores sobre las intenciones de los tunos, motivando a los padres de las jóvenes a tomar medidas drásticas.

Cuando la noche llegaba a las casas, los habitantes varones se preparaban para proteger a sus damiselas repeliendo de diversas maneras a los tunos invasores, ya fuera con agua fría, disparos al aire e incluso persiguiéndolos para darles una tunda.

Pero los tunos, bastante astutos, buscaron la manera de evitar estos enfrentamientos sin tener que dejar de visitar a sus amadas, y comenzaron a usar las capas negras para esconderse entre las sombras de las noches. Propiciando a que los llamaran los murciélagos, debido a que podían desaparecer en la obscuridad.

El procedimiento de los estudiantes era bastante peculiar: comenzaban la serenata y cuando los protectores salían a perseguirlos, el enamorado, envuelto con su capa, se agazapaba en el umbral de una puerta para después salir y continuar el cortejo, mientras que los celosos hombres eran alejados por sus compañeros, que con el mismo truco desaparecían sin dejar rastro.

LOS GORRONES (CUCHARA Y TENEDOR)

Los nobles, para cobrar venganza, tuvieron la idea de humillar a los sopistas, invitándolos a tocar en sus fiestas como si fueran sus sirvientes, pero la situación se volvió contra ellos; los murciélagos tocaban, cantaban y bailaban la pandereta, y como pago de su actuación se les daba de comer las sobras de la reunión.

Pero pronto los tunos tuvieron la audacia de llevar bajo la capa un tazón, provistos siempre de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión; o cuando el anfitrión no los veía, echaban mano y se servían a lo grande. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.

Luego, mientras los nobles charlaban sobre la buena idea de traer a esos humildes a que los divirtieran, los sopistas se llevaban a las muchachas a los rincones apartados para hablarles de amor; y cuando los familiares se percataban de la ausencia de hijas y gorrones, alarmados comenzaban a buscarlos, para encontrar que la joven tenía una flor entre las manos, y los murciélagos ya habían desaparecido.

Era esta la versión española de un fenómeno generalizado en toda Europa durante la Edad Media y que se conoció con el nombre de Goliardos, los cuales representaban la bohemia universitaria viviendo como juglares y trovadores.

LOS NOVATOS

El periodo de Iniciación

Una de las tradiciones más arraigadas en el mundo de la Estudiantina es el periodo de aprendizaje, que permite a todo el que deseé pertenecer a dicha institución, adquirir la experiencia y el grado de madurez necesarios para sobrevivir a los múltiples avatares que el destino puede depararle.

Esta costumbre viene heredada de los orígenes de la Tuna, jóvenes estudiantes que acudían a la Universidad, y que se ponían en tutela de los ya veteranos para conocer los secretos de la vida universitaria, y adquirir destreza en sus empresas, a cambio de prestarles ayuda en sus menesteres.

En la Antigüedad.

Ciertamente, los tratos dados a los recién llegados en los Colegios y Universidades Españoles por parte de sus compañeros eran un tanto especiales:

El recién llegado, se encontraba ante un mundo que no conocía, y un tanto hostil, frente a la alegría del resto de sus compañeros: Ante la magnitud de éstas perspectivas, el recién incorporado se solía acoger a la tutela de algún veterano, que le protegiera de excesos y escarnios, y que le sirviera de guía durante su aprendizaje, tras lo cual, pasaba a formar parte de ese grupo de estudiantes:

El periodo de Aprendizaje.

En la actualidad, las cosas ya no son tan graves, y lo que la Tuna ofrece, es una perspectiva ante la vida universitaria más fresca, desenfadada, divertida y sobre todo diferente. Este periodo, en el cual, el recién llegado y aspirante a Tuno suele ser denominado novato, aprendiz, NUEVO, etc., suele durar alrededor de un año, ( dependiendo de las habilidades de dicho novato ), y con él, se pretende que adquiera la suficiente soltura musical y vital para llevar adelante las empresas que como tuno pudiera emprender.

Durante éste periodo, tendrá que pasar por:

Una Prueba de Ingreso: Requisito imprescindible para que cualquier estudiante sea admitido como aprendiz y aceptado como miembro provisional de la Tuna:

Un Viaje de Novatos: En el que tendrá que demostrar prácticamente los conocimientos adquiridos durante su etapa de aprendizaje.

Un Examen Final: Uno de los momentos más importantes de la vida de un tuno, es en el que su Tuna le concede la beca que la distingue y le reconoce como miembro activo, con lo que tiene derecho a gozar de las mismas prebendas que el resto de los Tunos como un veterano más

 

 

" Antiqua Tunantescum Vitae et Hodiernum Juglaris "

 

                     

 

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Actualizado el 26-03-2007

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