CRÓNICA DESDE FITERO

(Crónica poética)

                              

Tal como viene siendo habitual desde hace años, durante el primer fin de semana de mayo la redacción del 60 Burras cumple con su cita ineludible en los baños de Fitero, remanso de paz ganado a la Naturaleza para goce y regocijo del alma, delicada melodía de burbujas y masajes en armoniosa sinfonía de chorros y cascadas. Qué paz no tener que padecer a los tontos de gafas de sol y bakalao que infestan nuestras playas. Qué liberación para el espíritu no tener que hacer frente a la lascivia de esas jóvenes de vertiginosas curvas y contorneos sinuosos que llevan al hombre a la concupiscencia del vicio, esas hembras dispuestas siempre a acoger en su seno un pollón que no se lo desearíamos ni al abogado de nuestro peor enemigo. No, amigo lector: en Fitero los únicos contorneos son los provocados por lumbares descalcificadas y hemiplejias irreversibles. Pero a cambio, podemos disfrutar de la presencia de Olivia y de Fabiola, de Juani y de Arantxa, siempre atentas para que puedas degustar  un exquisito ternasco de Aragón con patatas a lo pobre o unas pochas navarras con verdura, todo ello coronado por unos postres que multiplicarán por cinco tu tasa de triglicéridos. ¿Y qué no diremos de su cuasi sempiterna clientela? Es un privilegio poder disfrutar de la palabra y la compañía de Don Josep y Doña Leonor –floristeros de Rubí ya jubilados-, de Don Esteban –durante años alcalde de Quinto de Ebro-, de Don Valentín –su campo de alcachofas ha sido expropiado a causa de la construcción del tercer cinturón-. Y cómo olvidarnos de Don Moisés y Doña Pilar, de Don Tomás y Doña Feli...todos ellos septuagenarios en el mejor de los casos. ¡Y qué conversaciones!: el menú del almuerzo, el menú de la cena, la bondad de los baños y masajes, la conveniencia de la siesta, los deliciosos fardalejos de La Pepa, el campeonato de rana o de bolos junto al frontón –siempre vacío, al igual que la pista de tenis, que las caderas operadas no están para trotes-. No, amigo burrero: en Fitero no hay lugar para la prisa, ... ni para la pausa. Tras la anual estancia protoestival en Fitero, uno vuelve sorprendido de que incluso fuera de Aragón existan paraísos terrenales. Y es que hasta el Calvo deja por unos días la medicación.

 

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