Junto a las ortigas nacen las rosas.
20 de enero de 2003
---------------------------

 

"A despecho de Sevilla Málaga es una ciudad abierta, solidaria y sobre todo con una fe tozuda en la diversidad. El turismo nos está enseñando mucho y más que aprenderemos porque dentro de nada seremos la megápolis mayor del sur de Europa. (Que Madrid, Barcelona y sobre todo Sevilla se aten los machos porque esta Málaga de principios de siglo viene pisando muy fuerte!

Lo siento por los nostálgicos de aquella Málaga suburbial y primeriza recogida sobre las ruinas de un polo industrial truncado a primeros del siglo XX por el temor insolidario de vascos y catalanes, que para evitar la sana competencia compraron la esperanza de nuestra industria para cerrarla por cien años. Claro que ellos no sabían que de ese modo, tan cruel, preservaban nuestras riquezas naturales para que un siglo más tarde la provincia lleve camino de convertirse en la California europea. El sábado pasado comprando en el mercado de Huelin escuchaba las quejas de un malagueño que por edad (seguramente próximo a los setenta) se lamentaba por la pérdida de una Málaga lenta y ociosa que se lamías las heridas en el silencio de un caciquismo obtuso por arriba y demasiado servil por abajo.

Nos faltan algunos hervores, es verdad y una cierta pasada por la mentalidad europea de alemanes y franceses... porque, si les digo la verdad, hace tiempo que son los vascos y catalanes, con más ojo clínico, quienes se han venido ya a vivir con nosotros; por no hablarles del retorno de los emigrantes que, empezando por mí mismo somos legión. Pero nos falta; sí, sí; nos falta perder un provincianismo retribuido por la mediocridad de una clase empresarial recortada por sus carencias y temores. Aún queda en Málaga mucho empresario con mentalidad trilera. Me refiero a ese defraudador nato, listo para ejercer la triquiñuela (legal o no) y que esconde al estúpido de vuelo corto, al insolidario tenaz y sin escrúpulos que nos pasaría a todos por el forro... si pudiera. Como esto se les está poniendo cada vez más difícil se conforman con las catacumbas de la estafa a la Seguridad Social, o a las haciendas locales, con todo el riesgo que ello supone. Por eso se cabrea, se cabrea como un mono y la paga con el pobre empleado al que, en un alarde de ignorancia supina y de inconcebible necedad confunde con aquellos criados de primeros del siglo pasado.

Pese a que estamos lanzados hacia adelante y, como pasaba los otros días con ese malagueño de Huelin, detecto la tendencia de un cierto retroceso hacia el pasado caciquil. Hace nada un amigo me comentaba haber firmado con una entidad de crédito local una hipoteca por veinticinco años para comprar el piso donde nacerán sus hijos."Ahora - me dijo- dependo en gran medida de mi empresa y como parece que han detectado, que estoy pillado por donde más duele, me están apretando las clavijas". Solo nos faltaba que a ese empresario feroz y desaprensivo de antaño le demos un balón de oxígeno, (ahora que empezábamos a domesticarlo demostrándole que el progreso, la cultura y la Ley son nuestras únicas garantía de futuro! Muy apesadumbrado, este amigo me decía: "Ya no es bastante con ser un buen profesional, ahora hay que decir sí a todo. )Qué garantiza mi hipoteca, el techo de mí familia o la esclavitud de mi dignidad?"

Y aquí están las ortigas de esta semana, vamos a enviárselas por el correo aéreo de las ondas a todos esos empresarios mentecatos que confunden el sentido del tren del progreso. Sé que para el auténtico hombre de empresa ese tren circula en dirección Málaga-Europa y que para los otros lo hace en el sentido Málaga-Marruecos. Joderán, molestarán, entorpecerán, pero no tanto y ya lo dice el refrán: Mezcladas andan las cosas, junto a las ortigas nacen las rosas.

Un saludo y hasta las ortigas de la semana que viene."

 

Volver atrás