El centro de la tragedia.
13 de enero de 2003
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"Decía la semana pasada que
Andalucía es una fiesta porque empezando por ilusión sin límites tenemos de
todo y en tal cantidad que nos creemos en el derecho a celebrar nuestra suerte
con una fiesta inagotable. Y sobre fiestas (también lo he contado no hace
mucho) nuestra Málaga se lleva la palma. Si al sevillano le gusta Atener@
(digamos... acumular, amontonar, acaparar, hincharse) y al jaenero Aser@ (algo
así como meter la fiesta dentro, soñarla, interiorizarla, concentrarla en un
beso, en un fuerte apretón de manos, en una sonrisa) al malagueño le chifla
sacársela del cuerpo, proyectarla, convertirla en un gran artificio jolgórico
pirotécnico, es decir y resumiendo:(disfrutar! Si fuera verdad que Andalucía
es una fiesta, la gente de Málaga es la que mejor partido sabe sacarle.
De pronto y en medio de tanta suerte, en el centro mismo de nuestra sanísima
alegría, una vecina nuestra (precisamente en calle Andalucía) decide
contribuir al fiestorro con una bombona de butano y convertirse ella misma en un
fenomenal cohete que revienta con el piso, el bloque, incluso la ciudad. Y lo
más cachondo de todo (sigo empleando los términos propios del festival) es que
esta pobre señora quiso mandar todo al carajo por unos recibos impagados que
terminaban en un desahucio con todas las de la Ley.
Por lo que hemos sabido, la prensa ha dado mucha información, esta mujer no era
una mala persona, incluso he leído que no estaba loca, que vestía
correctamente, vivía con decoro y se llevaba bien con sus vecinos. El
problemilla (digámoslo en sus justos términos) es que se atrasaba en los pagos
del alquiler y el propietario se la quería sacar de encima desde hacía tiempo.
A lo mejor, esos políticos que se lamentaban de la desgracia unas horas
después del gran (bum! Debían ir pensando en un sistema (siempre de buen
rollo) para disuadir a los caseros de que en fiestas, por lo menos en fiestas,
no se presione a los inquilinos hasta el punto de hacerles pensar en el suicidio
colectivo. Recuerden que en la explosión de la bombona esta señora se llevó
por delante a un peatón que pasaba por la calle (probablemente rumiando qué
hacer con su propia fiesta) y que la tragedia pudo llegar a tener proporciones
dantescas.
Lo cierto es que cuando hablaba la semana pasada de que Andalucía es una fiesta
no me refería a la fiesta interminable de la semana anterior... uno se pone a
escribir y sin querer mezcla churras con merinas. Las fiestas no son mi
especialidad, como jaenero tiendo a buscar el doble fondo de las cosas y a
pensar en qué puedo llevarme al corazón.
Por eso hoy no sé que hacer. )A quién le endiño el varetazo de ortigas? )Se
las metemos en la caja a la pobre señora (víctima de un ataque de nervios,
algo peor que los de las chicas Almodóvar) para que se acuerde del escozor de
la vida? )Se las damos al propietario de la vivienda para señalarle, con unos
buenos verdugones, que la propiedad de las cosas no debe estar reñida con la
humanidad que nos debemos unos a otros? )Les atizamos con ellas unos azotes en
las nalgas a los regidores municipales, para que dejen de pensar en términos de
una Málaga enloquecida, superficial y folclórica?
Quizá lo mejor sea dejar unas pocas ortigas en cada sitio aunque sólo sea para
recordarnos a todos que los extremos se tocan y que cuando la fiesta no tiene
límites se llega justo al centro de la tragedia. De niño yo sabía que la risa
y el llanto están íntimamente unidos y que, como si fuéramos barcos, la
superficie se abre de pronto para llevarnos al fondo de la catástrofe.
Un saludo y hasta las ortigas de la semana que viene."