La fiesta inagotable.
30 de diciembre de 2002
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"Málaga se crece con las fiestas. O al menos así lo piensan muchos malagueños de ambos sexos, edad y condición social. Yo creo que Málaga ha inventado "La fiesta inagotable" o está apunto de hacerlo. Una fiesta de la que tengamos una remota referencia sobre su principio pero no haya noticia alguna sobre su final. Para mí, que adopté la ciudadanía malagueña como segunda piel, ya saben ustedes que la patria de mi infancia es Úbeda, en la provincia de Jaén, el mundo festivo malagueño me produce una cierta desesperación.

Desde joven pensé que la alegría cansa mucho más que el trabajo aunque debo reconocer que mi trabajo actual consiste en que cuando en Málaga se celebra una fiesta todo se multiplique por el mayor número de decibelios posible. Así que he aprendido a pensar en las fiestas con la sana alegría de los que mueven la caja registradora. No me quejo porque mientras unos se levantan camino del festival yo me consuelo pensando en la nómina. En ese sentido Málaga y yo hemos llegado a un entendimiento cordial.

Cordialidad, sí pero cada uno en su sitio. Mañana habrá que celebrar la noche más vieja del año y como todos los años mueren jóvenes celebraremos su paso a la historia con una fiesta que nos haga olvidar que después de mañana seremos un poco más viejos. Solaparemos nochevieja con año nuevo y nos obligaremos a considerar todo en términos de sencillo optimismo: seamos felices celebrando que nos lo creemos todo.

Antes la fiesta tenía una connotación de premio, de sueño y de esperanza. Ahora es una rueda más de la industria. Unos sueñan con vendernos la felicidad y otros sueñan con que pueden comprarla. El negocio perfecto está en que cuando alguien quiere comprar haya otro que quiera vender y el mal no estaría en querer ser felices sino en no querer saber que nuestra felicidad no guarda, obligatoriamente, relación alguna con la fiesta. Si identificamos fiesta con alegría estaremos en manos de la industria y alguien nos convertirá en peones de sus intereses, es decir en consumidores.

Pero no les voy a proponer una rebeldía que nos lleve a renegar del principio del placer. Si no quisiéramos disfrutar estaríamos a un paso de una enfermedad grave; lo que les propongo solo tiene que ver con recuperar el control de nuestras vidas. (Nadie puede decidir cuándo soy o no soy feliz, cuándo necesito una fiesta para disipar tensiones o cuando el descanso laborar me lleva a la sencilla trama de un buen libro! Por eso mis ortigas de esta semana va a ir a todos esos borregos que han confundido la fiesta inagotable con la Historia interminable, un libro que habla de los hombres grises y del vacío de no saber quién somos.

(Ortigas a mansalva! Para que nadie se habitúe a ser manipulado, a aplaudir cuando alguien levanta una mano, a reír cuando lo exija el guión o a pensar en la litrona cuando se acerca el fin de semana.

Un saludo y hasta las ortigas del lunes que viene."

 

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