Ortigas en el corazón.
09 de diciembre de 2002
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"Ocurrió la semana pasada en
Málaga: por la mañana el alcalde colocaba la placa que conmemoraba la muerte
de García Caparrós, aquel joven e inocente malagueño muerto de un disparo el
4 de diciembre de 1977, en una manifestación ciudadana por nuestra autonomía.
¿Se acuerdan verdad?
Entonces las noticias se redactaban así: "Manifestación proautonomista en
Málaga, una dotación de la policía anti disturbios intervino para mantener el
orden y se efectuaron disparos al aire". En aquel tiempo los jóvenes
inquietos como Caparrós volaban y se dio la fatalidad de que el chico pasaba
por allí en el momento en que los grises mantenían el orden a ras de suelo.
Fue una desgracia no tener en cuenta que los grises escoraban hacia el negro y
que entre ellos abundaban los tipos nerviosos y de gatillo fácil; gente oscura
a quienes se les iban las balas sin pensar demasiado. Además, ustedes
recordarán que volar en aquel tiempo estaba, como otras muchas cosas, absoluta
y terminantemente prohibido.
Pero las ortigas de este lunes, amigo Antonio Linares, no van dirigidas a la
oscuridad del pasado; por desgracia para todos la historia de la humanidad esta
sembrada de víctimas necesarias o no; es la cuota que hemos pagado por cuanto
hoy disfrutamos: el alimento, la salud, la justicia, la libertad, el
conocimiento... (Aquí nada es gratis!, y ustedes lo saben tanto como yo. Las
ortigas, decía, me salieron en el corazón cuando me enteré que tras el
descubrimiento de la placa a García Caparrós, por nuestro alcalde, a las pocas
horas ya estaba destrozada. Hay quien se cisca en la ciudad destruyendo a pleno
día y con total impunidad, los símbolos que nos damos para recordar, como
colectivo de personas agradecidas, a los que caen injustamente para que los
demás sigamos adelante. El mal se yergue desafiante, primero asesinando a un
jovenzuelo idealista que había creído al poeta cuando soñó nuestra Ciudad
del paraíso y ahora queriendo romper el recuerdo de su enorme y desdichado
sacrificio.
Una vez más la gente gris y de martillo fácil insisten en sus mazmorras, en
sus delirios de juzgados y desolación. De nuevo en Málaga se agita ese oscuro
fondo de serpientes, ese capacho de víboras precursoras de la peor estirpe
humana. Me preocupa que en nuestra Málaga sensual y a cogedora, sencilla y
amigable, se cobijen los irascibles, los intolerantes, los que llevan dentro la
semilla que destruye la bondad de la inteligencia y del respeto. Yo creo que no
son muchos, que no pueden serlo, (no quiero que lo sean! Aunque deba reconocer
que siguen entre nosotros envenenando la convivencia y cuando tienen
oportunidad, rompiendo los símbolos de nuestro amor a la ciudad y a nosotros
mismos. Para ellos, para enjuagar su cobardía universal, para aliviar sus
instintos de muerte y olvido todas mis ortigas de este lunes. Que desayunen con
ellas, que vivan de sus escozores, que se les levante la piel de sus almas
inmundas y que ni un solo dios les perdone.
En el fondo, todos estos apóstoles de la maldad infinita, no pasan la estatura
de la simpleza unicelular y su furia, su impotencia para pensar y el cariz de su
tendencia a la estupidez les define como jentucilla de medio pelo. Están ahí:
en ese ala indigente, cutre y nostálgica de aquella Málaga hipnotizada por los
fastos de un franquismo reducido a su propia miseria. Para ellos que no falten
las ortigas todos los lunes, ni las ideas que mejoran la vida, ni los sueños
que anuncian un mundo y una Málaga mejor. Los que trabajamos para que eso sea
así impediremos con nuestro tesón y esfuerzo que la Ciudad del paraíso
se convierta en la puerta del infierno.
Saludos y hasta las ortigas del lunes que viene."