La guerra de los sexos.
26 de noviembre de 2002
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"El mal no tiene sexo, es decir
tiene todos los sexos. En lo que a los hombres sensatos se refiere hemos de
reconocer que se pecó de haberlo atribuido, unilateralmente a la mujer, casi
desde el principio de los tiempos (Adán y Eva) a la primera mitad del siglo XX
(finales de la era industrial). Hoy aceptamos este hecho por sensatez y porque,
para vergüenza nuestra fue una constante en la historia de la humanidad. Pero
el signo de los tiempos tiende a invertirse y son estos los momentos en los que
el péndulo lleva camino de irse a la banda contraria y el mal empieza a ser
atribuido, unilateralmente al hombre, que es visto, sin matices, como la
encarnación del enemigo universal. Alguien debe tomar la palabra y decir que
esta visión artera, malintencionada, obtusa y fuera de toda razón se debe a
los sectores ultra feministas en expansión, a su ánimo revanchista, a su
imposibilidad para pesar y a su carencia de escrúpulos.
Movimientos cada vez más amplios de mujeres, que solo pretendían concienciar y
ayudar a liberarse del yugo machista, enseñan hoy técnicas para dar la vuelta
a la tortilla. La teoría no parece mala: que el verdugo acabe siendo víctima y
que la víctima triunfe como verduga. Un atajo para llegar a LA GUERRA DE LOS
SEXOS. No me entusiasma, la verdad, entre otras cosas porque las guerras siempre
son injustas y lo normal será que quienes nunca fuimos verdugos acabemos siendo
víctimas. (Ah si yo les contara! Estas nuevas mujeres dando mandobles a diestro
y siniestro, como elefantes en una cacharrería o peor, como sus homólogos
masculinos, tienen todos los méritos para inaugurar la sección que hoy estreno
en Onda 8, "Desayuno con ortigas". Algunas pensarán que no les hace
falta, que ya tienen bastante veneno dentro, pero yo las invito como el premio
adecuado a la desvergüenza, a la deslealtad, al pensamiento cero, a la
estupidez límite, a la seguridad de que muchos hombres descubrimos muy tarde a
la arpía que dormía a nuestro lado y que en modo alguno merecíamos.
El mal no es solo femenino, (pero también es femenino! Un hombre taimado causa
el mal en su entorno del mismo modo que lo causaría una mujer, pero sus
consecuencias aún serán diferentes. Desde mediados del siglo pasado y con la
incorporación femenina al trabajo productivo todo irá teniendo una nueva
sociología, pero los cambios serán lentos y no han hecho más que empezar. En
un esquema machista (en retroceso, pero no cancelado del todo) la mujer
representa el hogar y el hombre el mantenimiento, por eso cuando una familia se
rompe por causa masculina el hogar permanece y todo se soluciona
proporcionándole un nuevo proveedor. En cambio si es ella quien rompe la
familia el llamado hombre testicular tenderá a creer que todo se ha destruido y
ese será un dolor inasumible.
Es como dar vueltas en torno a los errores sin mirarlos del todo pero sin poder
apartarnos de ellos. El trabajo fuera del hogar no está pensado para liberar a
nadie sino, como mucho, para cambiar una esclavitud por otra. La vida fuera de
casa es dura y es dura dentro porque la vida de la mayoría suele ser así. El
machista puede ser un borde pero no es idiota, en cambio la feminista es mala
porque es tonta, tonta del culo, esa clase de tonta que se cae de tonta y su
peligro supera cualquier maldad porque el malvado a veces se cansa o duerme o se
va de vacaciones, y las tontas del capirote las petardas bobaliconas del
feminismo bochornoso, esas torpes de nunca acabar son incasables.
Un saludo y hasta las ortigas del lunes que viene".