Visi.
12 de octubre de 2001
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"Visi se llamaba en realidad MariKarmen Sombra y estuvo casada con un emigrante español en la Alemania de la reconstrucción. (Vivieron en Berlín desde enero de 1950) Su marido, muerto en accidente de trabajo en una fábrica de lavadoras, treinta años después, no la trató bien y ella era remisa a incluirlo en sus recuerdos. Regresó a principios de los ochenta y se estableció en Barcelona gracias a una jugosa indemnización por la muerte del esposo.
Al llegar a Berlín subarrendaron una habitación en una zona de la capital aún debastada por la guerra, un lugar pobre y barato pero minado por las ratas y ensombrecido por la destrucción. Sus vecinos les recibieron con sendos sobrenombres: inveigsen para ella, snaden para el marido. Sin conocer el idioma ellos tradujeron aquellas palabras como "nadie" para él e "invisible" para ella. "Si mi marido era snaden (nadie) yo era menos que snaden, es decir lo invisible". Nos dijo cuando, pese a su edad, unos sesenta y siete años, empezó a ser asidua de la tertulia. Escribía una poesía furiosa y dramática que los más entendidos del grupo asociaban a las formas, más o menos enloquecidas de Leopoldo María Panero. Nadie llama por las noches;/ a cualquier hora de la noche/ y se encuentra con el silencio de mi voz,/ la voz invisible/ que dice siempre lo mismo: no estoy.
No tuvieron hijos. Ella se negó a engendrar pese a que todo iba en la onda del bay boom y los alemanes procreaban a todas horas. "Me cerré al amor -nos contó- y él se cerró a todo lo demás. Fue como si hubiéramos aceptado que él fuera snaden y yo inveigsen". Por eso, al llegar a Barcelona, sola, libre y con una holgada posición económica decidió quitarse la partícula que la invisivilizaba convirtiéndose en alguien real corpóreo y por lo tanto Visi-ble. MariKarmen le sentaba bien pero Visi le gustaba más.
Muchos sábados merendamos en su casa hasta salir ahítos de té verde y pastelillos, residía en un piso recoleto y entrañable próximo al Metro de Bordeta. Degustábamos su repostería a la vez que anécdotas deliciosas. Decía que de los tres cantones suizos en el italiano son peores que los italianos, en el francés peores que los franceses y sólo en el alemán eran igual que los alemanes. Luego, ya en la tertulia, a poco que le tirásemos de la lengua, nos refería sus experiencias. "Una vez pasé la frontera con el Berlín Oriental para asistir, con un grupo de mujeres al estreno de Petruska, un montaje de Sergueí Paulovich, dirigido por Ígor Stravinski. No entiendo de ballet ni de música así que no puedo explicar por qué motivos el bellísimo espectáculo me conmovió". La fantasía musical se vio luego empañada con la fatalidad, el pase colectivo no incluía extranjeros y fue detenida en la frontera y confinada durante cinco días en una celda húmeda y angosta de donde fue rescatada por el marido y el director de la asociación promotora de la visita. No es que hubiera escapado de casa pero temiendo una negativa y creyendo que para el regreso del esposo ya estaría de vuelta, no le había dicho nada.
"El placer de ver y escuchar Petruska no compensó el disgusto; él se fue de casa y estuvo una semana sin aparecer. Cuando volvió lo hizo para dar el asunto por zanjado pero estuvimos sin hablarnos cerca de dos meses. Aquel fue un matrimonio sin comprensión -decía luego y como si esa palabra no fuera suficiente ampliaba-. También fue un matrimonio sin amor. Estábamos justos pero era como si viviéramos uno lejos del otro.
Visi, MariKarmen Sombra, llenó las tertulias de una jovialidad que parecía imperecedera. Luego supimos que escribía novelas de cinco mil páginas y que todo en su interior brillaba con las luces de quien no tuvo nada donde asirse. Vivía como desprendida, fuera de sitio, alejada de las personas y de los lugares que la habrían hecho feliz. Se vino a Barcelona porque le pareció una ciudad a donde van quienes no saben a dónde ir.
Un saludo y hasta la semana que viene".