El Gran Magic Circus.
5  de octubre de 2001
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"Estarán de acuerdo conmigo en que 1981 entró con mal pie. Aquel teniente coronel malagueño, ¿)cómo se llamaba? (Ah sí! Tejero Molina; ya solo recuerdo eso... fue un disgusto de los gordos y una noche de fantasmas que por suerte para todos acabaron sin sábana.

Un mes después conocí a Franchesco Tolosi, un emigrante almeriense, desplazado a Barcelona hacia el año cincuenta y tantos. Ya no recuerdo quien lo trajo a las tertulias solo que desde el primer momento aquel hombre, ya cuarentón, entrecano, soltero, luchador y sobre todo rebelde, consiguió de todos nosotros el respeto y la admiración de los genuinos hombres de izquierdas.

Su integración en Cataluña era total, hablaba y escribía en un catalán más que correcto y militaba en el PSUC (Partit Socialista, Unificat de Cataluña) dominado por el viejo PC.

Franchesco escribía una poesía combativa, que a veces rayaba en lo panfletario y él resolvía siempre con alusiones a la rebeldía y a la clase obrera. Podía ser un poeta mediocre pero era una excelente persona pese a su desprecio visceral por los curas comunistas.

Marzo se acababa cuando llegó al Teatro Romea de Barcelona la troupe del Gran Magic Circus, dirigido por el francés Jerome Savary, con una obra que causó sensación. Franchesco, que había conseguido (no sé cómo) una credencial de prensa me esperaba esa tarde a la salida del trabajo (Lepanto esquina Industria). Quería hacerme pasar como fotógrafo en una entrevista que pensaba hacer al director de la obra, una vez pasada la última función. Le dije, "sí, claro" y nos fuimos a por mi Werlisa Color, una cámara barata con la que temí no dar el pego.

Pero funcionó, nos presentamos y nos hicieron pasar entre bambalinas, el teatro estaba a rebosar. Vimos la obra entre los y las artistas y eso no fue impedimento para la emoción, la risa, el llanto, la ironía desternillante. Las jóvenes pasaban por delante con sus senos desnudos, sus cancanes y lentejuelas... fue inolvidable. No conservo ni una sola foto de las que hice no sé si porque Franchesco se hizo cargo del carrete o porque con los nervios no salieron aprovechables. Fue una obra provocadora, al estilo de lo que hoy hace, cada vez que viene a Málaga Leo Basic.

Durante la entrevista Jerome Savary estuvo deslumbrante con los medios. Ahí me enteré que la obra se llamaba Las melodías de la desgracia, un compendio exuberante, multicolor y desquiciado de humor negro, melodrama y teatralidad; según su director muy alejado del teatro de Grotowski y del Living Theatre. Savary era un excéntrico y aunque había hecho obras de Arrabal como Laberinto esa noche lo puso a caer de un burro. "No olviden -dijo- que a menudo el provocador es un imbécil pagado por la policía". Iba de lo genial a lo más necio sin darnos tiempo a saber si hablaba en broma o en serio. Eso sí amaba lo que hacía y se entregaba a sus montajes como un suicida a los mares de la muerte.

"El teatro -dijo- ha de ser el último refugio del diálogo entre los seres humanos en un momento en que la tecnología es vehículo del lenguaje y en el que desaparecen tabernas e iglesias". Mi amigo Franchesco y yo salimos flotando de allí. Habíamos aprendido un concepto nuevo, lifeshow, el show de la vida.

Caminamos hasta Plaza de España donde yo cogería un autobús y él otro. Franchesco era un espíritu libre, un solitario así que me extrañó oírle decir: "En noches así, con un estado de ánimo como el que me ha dejado la obra, uno echa de menos la compañía de una mujer inteligente". Enseguida precisó: "Sí hombre, inteligente. Ya sabes, una mujer capaz de oír cuanto me bulle ahora por la cabeza y entender todo lo que siento... pero que ni yo mismo sería capaz de explicar. )Crees que hay mujeres así?" No me dejó responder. "Puede que las haya, no diré que no, sólo digo que no he conocido a ninguna. Están por todas partes pero inteligentes hay pocas"..

Los auténticos solitarios nunca están tristes y cuando le vi partir supe que esa noche lo estaba.

Un saludo y hasta la semana que viene".

 

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