A LA VIRGEN DEL CARMEN
Nereida de los mares. La bahía
Quiere condecorarte con la aurora
y la estrella polar.
Reina y Señora
del marinero fiel que
en ti confía.
Tú eres la luz. La excelsa sinfonía.
La venustez radiante y redentora,
que deja traslucir hora tras hora,
la esperanza en la
larga travesía.
La esperanza en la amarga desventura,
donde todo se torna evanescente
y se llega transido a
la frontera.
Dirige la insensata singladura
de mi vida vacía y
penitente.
Virgen del Carmen. ¡Noble marinera!
ANCORADO EN LA BAHÍA
¡Qué pena me produce mi velero!
Anclado y sin timón en la bahía,
porque sigue soñando en la utopía
cuando el ancla ha
perdido su asidero.
Fue un barco emprendedor, presto y austero,
y aunque siempre ha perdido, todavía,
intenta proseguir la travesía
como un bajel apuesto
y marinero.
Ancorado se pudre su madera
que agita bruscamente el oleaje,
rompiendo sin piedad
su singladura.
Sólo puede soñar. ¡Sólo le espera!
Terminar este absurdo vasallaje
hundiendo en alta mar
su desventura.
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