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A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

Nereida de los mares. La bahía

Quiere condecorarte con la aurora

y la estrella polar. Reina y Señora

del marinero fiel que en ti confía.

 

Tú eres la luz. La excelsa sinfonía.

La venustez radiante y redentora,

que deja traslucir hora tras hora,

la esperanza en la larga travesía.

 

La esperanza en la amarga desventura,

donde todo se torna evanescente

y se llega transido a la frontera.

 

Dirige la insensata singladura

de mi vida vacía y penitente.

Virgen del Carmen. ¡Noble marinera!

 

ANCORADO EN LA BAHÍA

 

¡Qué pena me produce mi velero!

Anclado y sin timón en la bahía,

porque sigue soñando en la utopía

cuando el ancla ha perdido su asidero.

 

Fue un barco emprendedor, presto y austero,

y aunque siempre ha perdido, todavía,

intenta proseguir la travesía

como un bajel apuesto y marinero.

 

Ancorado se pudre su madera

que agita bruscamente el oleaje,

rompiendo sin piedad su singladura.

 

Sólo puede soñar. ¡Sólo le espera!

Terminar este absurdo vasallaje

hundiendo en alta mar su desventura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Correo: Alfonso Cabello Jiménez