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Cada vez me encierro mas en mm mismo. Cada vez soporto peor estar con los mismos hipscritas de siempre. Prefiero estar solo, para no quedarme mirando unos ojos que no sienten nada, para no sentirme mal por saber que tambiin formo parte de esta funcisn tan cruel. A veces voy al parque y me siento en un banco, siempre el mismo, alejado de cualquier ruido que me recuerde que tambiin soy humano, y me quedo allm, sin pensar en nada en especial, fumando, pasando frmo, sintiendo... En frente hay dos arboles casi iguales. Todos los demas tienen delante un pequeqo letrero con el nombre de su especie en latmn, menos estos. Parece que no pertenecen a este parque, como si fuera mentira que estan aqum, como si un viejo enemigo los hubiera plantado ahm para vengarse, o porque simplemente les envidiaba. Creo que son dos sauces. Estan a la derecha del camino por el que vengo hasta mi banco. No hay mas arboles en ese lado. Es una zona muy hzmeda, casi fangosa, a la orilla del pequeqo lago, demasiado como para que sobrevivan algo mas que hierbas y pequeqos arbustos. Ellos llevan aqos allm, desde que los trajeron junto con otros arboles mucho mas bonitos y delicados que acabaron muriendo o siendo trasplantados a otro lado para resguardarlos del rigor del aire helado que en invierno viene desde el lago. Si te quedas mirandolos fijamente, parece que intentan acercarse, salvar los pocos metros que les separan y que a ellos les deben parecer interminables. Debe ser el viento, claro. Ninguna pareja de reciin casados se hace fotografmas a su sombra cuando salen de la iglesia de aqum al lado. Hay otros lugares mas bonitos que iste, y mucho mas accesibles, sin tanto barro. Demasiado barro como para que alguien responsable se acerque. Ese barro que algunos niqos, que se salen del camino para ver de cerca a los cisnes, intentan evitar agarrandose y colgandose de las ramas de los dos sauces. Si que se quejan, no les oigo, pero los escasos pajaros que a veces descansan en ellos, salen asustados cuando alguien arranca un pedazo de vida que despuis tanto cuesta cicatrizar. Sigo pensando que intentan tocarse. No se mueven al son del viento. Es como si quisieran estirarse un poquito para poder alcanzarse. Se sienten solos. Si al menos pudieran rozarse durante un intenso momento... Cada uno intuye que el otro siente lo mismo, pero quieren comprobarlo. Tal vez quieran enredarse y caer juntos al lago, o simplemente asegurarse de que hay alguien a su lado. Sus troncos estan resecos, y sus hojas no estan muertas pero sm camdas como esperando una primavera que nunca llega, para florecer, Creo que estan vivos por dentro, mas que los grandes pinos que permanecen quietos, impasibles, distantes, orgullosos de su impresionante aspecto, a mi espalda. Todos los veranos, cuando parece que por fin han crecido lo suficiente como para que una pequeqa rafaga de viento haga posible lo que desean, aparece alguien y se lleva unas ramas para adornar su casa, regalarselas a algzn amigo, o venderlas en el mercado. Entonces sus hojas se juntan, los tallos se encogen, y apenas dejan pasar la luz. Mi banco queda a la sombra, una sombra triste, y los dos sauces, otra vez solos, pero con menos esperanza cada otoqo que pasa, sabiendo que no vale la pena volver a intentarlo para que alguien los utilice sin preguntarles lo que quieren. Sin embargo, desde hace semanas, algunos rayos de luz pueden atravesar sus copas. Es demasiado pronto, no tiene sentido. Se balancean al ritmo marcado por la veleta de la vieja iglesia. Pero no se tocan. Supongo que todo era producto de mi desmedida imaginacisn. O quizas debajo de ese barro, sus ramces ya estan juntas y esta primavera sepamos csmo son sus flores. |