(o... ¿qué necesita un ordenador de mi?)
(este artículo fue publicado originalmente en el número de Abril del 96
de la revista CISEM del Club Informático Salmantino en Multisistemas)
Aunque parezca exagerado, no
está fuera de lugar tener en cuenta la doble pregunta del título
antes de embarcarse en un tema tan complejo como la compra de un nuevo
ordenador, especialmente si es el primero.
Puede resultar difícil
comprarse cualquier otro electrodoméstico: una lavadora, un frigorífico,
un televisor o un vídeo, pero en el caso de la informática,
la decisión se vuelve más y más compleja. No todo
el mundo sabe qué es la RAM y la ROM (suena más
a productos lácteos), lo que son los Megas y los Gigas
(¿tiene algo que ver con los Power Rangers?), la Super VGA
(¿la hermana pequeña de Superman?) y otros complicados términos
como IDE, SCSI, AMD, Cyrix, CD-ROM (¿CD-qué?), Fax-Módem
(lo de fax me suena), Tritón (bicho marino), Wavetable
(tabla de surf), SB 16, Centronics, RS-232 (Este me lo sé:
era el robot de la guerra de las galaxias), Fast ATA-me (la de Almodóvar),
etc
Una vez que uno ha decidido
entre PC y Mac, hay que pensar en la configuración:
qué procesador, cuánta memoria RAM, cuántos
Mb de disco duro, qué tamaño de monitor, teclado
Win95, de membrana o mecánico, etc. Pero hay más: qué
tarjeta gráfica (con o sin S3, con o sin VRAM, etc), qué
placa madre (huy qué familiar), SIMMs de cuántos
contactos (nada de líneas eróticas), tarjeta de sonido
si ó no, CD-ROM si o no, fax-módem si o no...
La garantía y el servicio técnico tampoco son asuntos desdeñables.
Si antes eran buenos los discos
duros de la marca X, ahora resulta que son pésimos, y que vienen
mejor los de la marca Y. Muchas veces, la calidad de un componente (y de
la información) depende de qué marca distribuya el vendedor
que te lo explique.
Y cuando uno está razonablemente
seguro de su elección, se entera de que hay Pentiums falsos, y para
descubrirlos, tiene que arriesgarse a perder la garantía; de que
hay memorias cachés que no existen más que en la factura;
y sospecha muchas cosas más que, indudablemente, sólo descubrirá
cuando sea demasiado tarde.
Y después está
el proceloso tema del software. Igual que decimos Danone en vez
de yogur, decimos Wordperfect en vez de procesador de
textos, Lotus en vez de hoja de cálculo y dBase
III (ó IV ó V) en vez de sistema de gestión
de base de datos. Cuando un "novato" compra su primer ordenador,
frecuentemente cree que a cambio de sus casi 200.000 pts de inversión,
en su flamante disco duro de al menos 800 Mb están incluidos todos
los programas que ha visto en todos los ordenadores de su oficina, amigos
y demás familia. Cuando el vendedor le dice que con el MS-DOS, el
precio subre otras x-mil pts, y con Windows otras y-mil, pone cara de póker.
Que no se me entienda mal, no
estoy tratando de ridiculizar a los nuevos usuarios, sino todo lo contrario.
Recordemos que casi un 70% de los propietarios de un video no sabe
programarlo para grabar ese programa super interesante que ponen justo
el día que no están en casa. Y el lógico: pasar de
un tipo de electrodomésticos donde cada botón significa una
cosa determinada a un sistema programable donde un mismo botón (o
tecla) sirve para propósitos muy diferentes dependiendo de lo que
se haya hecho antes, resulta bastante complicado para la mayoría
de los usuarios. Abrieron brecha los relojes digitales, que, con sólo
tres pulsadores, ofrecen la fecha, hora, alarmas, cronómetro, etc.
Pero en el mundo informático, las cosas se complican mucho más,
gracias a la enorme versatilidad de semejante engendro electrónico.
"Muchas veces, la calidad de un componente
depende de qué marca distribuya
el vendedor que te lo explique."
Cuando se usa (como es mayoritario
en este país) software pirata, no disponemos de manuales que nos
expliquen el manejo, ni ayuda telefónica que nos resuelva las dudas.
Así pues, es habitual ver a usuarios que aprovechan el software
sólo al 20 ó 30 % de sus posibilidades, aunque también
a otros que usan software con el 500 ó 600% de sus necesidades.
El mercado informático
ha experimentado (o, mejor dicho, sufrido) una gran caída de precios,
que ha llevado a adquirir, por el mismo precio, equipos mucho más
potentes y equipados. ¿Es esto una buena noticia para los usuarios?
No está tan claro que esta feroz competencia resulte beneficiosa.
Para reducir costes, imprescindible si se quiere tener cuota de mercado,
los fabricantes y los distribuidores han tenido que afinar donde era imposible.
Nunca antes los componentes de los ordenadores han sido tan sospechosos;
nunca antes ha habido tantas incompatibilidades entre productos de diferentes
empresas; nunca antes ha habido tantos fallos de componentes (por suerte,
durante el periodo de garantía)
Ya no se pueden comprar máquinas
por debajo del 486 a 100 Mhz, ni discos duros menores de 850 Mb, ni monitores
entrelazados. Los márgenes comerciales eran demasiado pequeños.
Así pues, el precio mínimo de un ordenador se mantiene, por
lo que sigue habiendo una buena cantidad de potenciales usuarios que no
se puede permitir la adquisición.
Los requisitos de los programas
(especialmente de los juegos) siguen creciendo; ya no bastan 4 Mb, ahora
se necesita un 486 con 8 Mb, tarjeta de sonido y CD-ROM, además
de 20 ó 30 Mb de disco duro libre. También otros programas
han subido sus requerimientos: dBase V para Windows necesita más
de 6 Mb, Windows 95 no se apaña com 4 Mb, etc... Siempre nos hemos
quejado de que los programas iban lentos, y, cuando mejoran las máquinas,
nos dan programas cada vez más complejos, que consumen más
recursos del ordenador, y acabamos trabajando tan despacio como antes.
Pero ¿quién
necesita esos programas?. ¿No basta con aplicaciones menos exigentes?.
¿Es necesario que todo sea multimedia e interactivo?. Sin
llegar a la exageración de encender el ordenador para apuntar un
n£mero de teléfono o para calcular cuál es el 50% de
100, es probable que, por motivos comerciales, estemos construyendo
un usuario a la medida del mercado y la tecnología disponible, y
no al revés.
Página diseñada originalmente por David Martín Pascual
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