EL ORIGEN DE UN CAMINO :
Alfonso II, apodado el Casto, reina en el
territorio astur entre los años 791 y 842. Con sus campañas
militares fuera de Galicia y Asturias solidifica su expansión,
estableciendo nuevas fronteras en las entonces casi desiertas
tierras colindantes al Duero, el Valle del Duero y afirma definitivamente
la independencia de su reino. Se consolida el Reino Astur.
En su reinado tuvo lugar un hecho transcendental
y significativo para la historia, tanto entonces como ahora,
el “milagroso descubrimiento” de la tumba del Apóstol Santiago
el Mayor, quién habría sido el evangelizador de España, en El
Padrón, Galicia, y la extensa divulgación de este acontecimiento.
El sepulcro de Santiago se convertiría en un lugar de culto
y fieles de todo el mundo peregrinarían hasta allí para honrar
la tumba del Apóstol. Santiago de Compostela se convertía así
en ciudad de peregrinación, después de Roma y Jerusalén, y el
Camino de Santiago en el ITINERARIO CULTURAL que todavía es
hoy día.
El culto a Santiago había sido propiciado
antes, en el 786, reinaba Mauregato, al descubrir el “Breviarum”,
del año 600, que detallaba los lugares que debían de evangelizar
los Apósteles. Santiago el Mayor sería el encargado de divulgar
la palabra de Dios en España. A raíz de este hallazgo, Beato
de Liébana, abad del Monasterio de Santo Toribio de Liébana,
erudito e intelectual de la época, escribe el Himno Jacobeo,
“O Dei Verbum” invocando a Santiago como patrono y protector
de España. Los musulmanes gobernaban el resto de la Península,
“Al-Andalus”. De ahí el valor y simbolismo de aquel descubrimiento.
En torno al 810 surge la leyenda del descubrimiento
del sepulcro del Apóstol Santiago, cerca de Iria Flavia (Padrón)
en Galicia. Enterado de ello, nuestro monarca, Alfonso II, acude
de inmediato a honrar el lugar del hallazgo. La ruta que siguió
entonces es la que hoy se conoce como CAMINO PRIMITIVO, Oviedo-Santiago,
por ser la primera que se conoce. Ya en Santiago mandó construir
un templo, de piedra y barro, en honor del Apóstol.
Alfonso III también visitaría el sepulcro
de Santiago y le honraría construyendo otro templo mejor, de
piedra labrada y columnas de mármol, sobre el anterior de Alfonso
II después de ordenar su derribo. Éste sería destruido por los
musulmanes.
En las excavaciones arqueológicas realizadas
en la Catedral de Santiago no apareció la tumba de Santiago,
pero sí la de Teodomiro, arzobispo de entonces, y los cimientos
de las 2 primitivas iglesias.