
Gregorio Fernández o Hernández, como figura en algunos
documentos consultados, nació en Sarria (Lugo) en 1576. Desde
allí se trasladó a Valladolid a comienzos del S. XVII vinculándose
al círculo artístico de Pompeyo Leoni y al escultor Francisco
Rincón (muerto en 1608).

Retrato de Gregorio Fernández
Su primera obra conservada data de 1606 ("Sant Martín y el
pobre", Museo Diocesano, Valladolid) y con ella inicia una
febril actividad que no decaerá durante los treinta años
siguientes, contratando retablos monumentales, pasos
procesionales, esculturas aisladas, obras en madera y alabastro,
y haciendo gala de una genial capacidad para la creación de
modelos que tuvieron gran descendencia en Valladolid y en todo el
norte de España durante el siglo XVII.
Realizó diversos encargos para el País Vasco, Valencia, Galicia
e incluso Portugal o Lima, y en 1635 Felipe IV le consideró
"el escultor de mayor primor que hay en estos mis
reinos".

"Cristo yaciente". Gregorio Fernández.
Alcanzó su estilo sólido de madurez buscando efectos de
iluminación y sobre todo de naturalidad y expresividad que le
convirtieron en el primer gran escultor del barroco español.
Se le considera iniciador del naturalismo estatuario y el más
destacado representante de la imaginería castellana del S. XVII.
Fue el creador de tipos iconográficos como el Cristo Yaciente o
Santa Teresa. Sus obras son la expresión más admirable de
realismo patético y de la piedad cristiana, proponiéndose
aumentar la fe de los hombres a través de la emoción de sus imágenes.
María Elena Gómez-Moreno afirma que su importante actividad
hizo que debiera rodearse de colaboradores como Manuel del Rincón,
Miguel de Elizalde, Juan de Beobide, entre otros.
Fernández murió en Valladolid el año 1636.
En su formación fue importante la figura del artista Pompeyo
Leoni. Este escultor nacido en Milán en 1530, medallista y
pintor, realizó varias obras en Valladolid con motivo de la
venida de la Corte a la ciudad. Fernández se vio influido por el
amplio conocimiento de la Antigüedad que tenía el italiano.
Otro escultor importante fue el maestro del propio Fernández,
Francisco de Rincón.
En lo que se refiere a las diferentes etapas en la que se puede
dividir la obra del autor encontramos dos posibles
clasificaciones:
- La primera clasificación realizada por varios autores es la
siguiente:
- 1ª etapa de 1605 a 1612, en la que sus obras están vinculadas
al estilo propio de la Escuela de Valladolid. Son obras de este
periodo: los retablos de la Iglesia de San Miguel de Valladolid y
de Villaverde de Medina, y la Piedad (Iglesia de San Martín de
Valladolid).
- 2ª etapa de 1612 a 1628. En esta etapa, Fernández está libre
de toda influencia y dirige su propio taller. A esta época
pertenecen el Bautismo de Cristo o nuestro "Ecce Homo".
- La segunda clasificación es mucho más completa y la realiza
J. J. Martín González:
- 1er. periodo (1605-1610): Etapa de primeras obras, algunas de
carácter profano, como las realizadas en la sala de fiestas del
palacio real de Valladolid.
- 2º periodo (1611-1615): Etapa de gran actividad. Obras
religiosas vinculadas a la Contrareforma pero con fuerte
influencia del arte clásico. Aquí encontramos la obra que
estamos analizando.
- 3er. periodo (1616-1620): Con el paso de la Piedad realizado
para la cofradía de las Angustias, el autor evoluciona del
manierismo hacia un naturalismo exacerbado (San Sebastián, Museo
Nacional de Escultura, Valladolid).
- 4º periodo (1621-1625): El autor se afianza en el naturalismo.
Al mismo tiempo, se amplía la clientela hacia fuera de
Valladolid (Bautismo de Cristo, retablo para el Carmen Descalzo
de Valladolid).
- 5º periodo (1626-1630): Es el periodo de mayor actividad del
artista. Abrumado por el trabajo, el taller amplía el número de
colaboradores (Piedad de La Bañeza).
- 6º periodo (1631-1636): Sus colaboradores pasan a tener mayor
protagonismo, ya que su edad avanzada le impide acabar
adecuadamente algunas de sus obras ("El cristo de la
luz", Capillla universitaria, Valladolid).
La obra de Fernández ha servido de influencia para varios
autores en Valladolid (Juan Imberto, Pedro de la Cuadra, Diego de
Anicque, Agustín Castaño, Manuel de Rincón, Francisco Alonso
de los Ríos, Alonso de Rozas), en Salamanca (Sebastián Ducete),
en Madrid (Antón de Morales), en Navarra (Miguel de Elizalde),
en Castilla (Juan de Pobes), en Galicia (Mateo de Prado), en
Asturias, en Portugal e incluso en México (Miguel Jiménez, América
Juan de Rojas).