Las bodas de Fígaro
Ópera en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791) y texto de Lorenzo Da Ponte basado en la segunda parte de la trilogía creada por Beaumarchais sobre el personaje de Fígaro. Fue estrenada en Viena el 1 de mayo de 1786.
Personajes
| FÍGARO SUSANA CONDE ROSINA CHERUBINO BARTOLO MARCELLINA DON BASILIO BARBARINA DON CURZIO ANTONIO |
Criado del Conde Criada de la condesa y novia de Fígaro Conde de Almaviva. Condesa de Almaviva Paje Doctor, antiguo tutor de Rosina Antiguo amor de Bartolo Maestro de canto Hija de Antonio el jardinero Notario Jardinero, tío de Susana |
Barítono Soprano Barítono Soprano Mezzosoprano Bajo Soprano Tenor Soprano Tenor Bajo |
La acción se desarrolla en España, cerca de Sevilla, en el Castillo del Conde de Almaviva
ACTO I.- Susana está probándose un sombrero.
Fígaro, que va a casarse con ella, está midiendo la habitación
para colocar la cama. Pero Susana insiste en que no se debe
colocar la cama en ese cuarto, porque está muy cerca de la
habitación del Conde y éste no es de fiar. Fígaro promete
entonces que si el Conde quiere bailar ("Se vuol ballare"),
bailará al son que toque Fígaro. Cuando éste se marcha, entra
Bartolo, que en una ocasión fue burlado por Fígaro, y
manifiesta su deseo de venganza. Y si Bartolo está disgustado
con Fígaro, no lo está menos Marcelina con Susana, ya que también
está enamorada de Fígaro. Las dos mujeres cantan un dueto de
fingida cortesía "Via resti servita" ("Acepta mis
deferencias"). Después Marcelina sale de escena.
Entra ahora Cherubino, que declara su pasión por la condesa, que
en realidad es una pasión de adolescente por lo femenino, como
lo pone de manifiesto su canción: "Non so piu" ("Yo
ya no sé"). Se oye ahora la voz del conde y Cherubino (para
quien aquel lugar es prohibido) se esconde en una butaca y Susana
lo cubre con una bata. El Conde solicita a Susana, pero pronto ha
de esconderse también porque se escucha fuera de la estancia la
voz de Don Basilio, un pícaro abbé que es maestro de música
y organista del palacio y correveidile para todo tipo de intrigas.
Resulta así que el Conde está escondido detrás de la butaca y
Cherubino en ella, cubierto por la bata, mientras que Don Basilio
se insinúa a Susana acerca del interés del Conde hacia ella, a
la vez que le da a entender el de Cherubino hacia la Condesa.
Sale entonces el Conde de su escondite y lleno de ira dice que va
a despedir a Cherubino; de cualquier modo, añade. pensaba
hacerlo, por lo que ocurrió hace pocos días: cuando él, el
Conde, iba a visitar a una joven llamada Barbarina, al quitar el
paño que cubría una mesa descubrió a Cherubino, que estaba allí
acurrucado. Al explicar cómo ocurrió y hacer el mismo gesto con
la bata que cubre la butaca, aparece Cherubino. El Conde estalla
en cólera, sobre todo porque piensa que Cherubino no ha
escuchado todo lo que allí se ha dicho; Cherubino. por su parte.
trata de disculparse diciendo que ha hecho todo lo posible por no
oír nada.
La escena se interrumpe con la aparición de Fígaro. acompañado
de un grupo de lugareños, que arrojan flores a los pies del
Conde. Fígaro ha venido a pedir a su señor que les una a él y
a Susana en matrimonio. El Conde promete hacerlo, pero difiere el
momento y dice ahora a Cherubino que debe dejar el castillo y
sentar plaza en el regimiento del propio Conde. Fígaro, entonces,
advierte a Cherubino sobre lo azaroso de la vida militar que le
aguarda y que va a sustituir a sus amorosas correrías: "Non
piu andrai, farfallone amoroso" ("Ya no irás, calavera
amoroso").
ACTO II.- La Condesa, en su habitación, se lamenta del desvío amoroso de su marido: "Porgi. amor, qualche ristoro" ("Dame, amor, algún remedio"). Entra en escena Susana y dice a la Condesa que el Conde tiene pretensiones sobre ella y entonces las dos urden un plan para chasquearle. Aparece Cherubino y canta a la Condesa una romanza que expresa su adolescente amor por ella: "Voi che sapete che cosa e amor" ("Vos que sabéis qué es el amor?"). Entonces la Condesa y Susana piensan utilizar a Cherubino para realizar su plan, citando al Conde a una entrevista con Susana y enviando en su lugar a Cherubino disfrazado. A este fin las dos comienzan a vestir a Cherubino. tras cerrar prudentemente primero la puerta de la estancia. Pero entonces se escucha afuera la voz del Conde. Cherubino escapa a otra habitación interior y la Condesa no puede evitar su confusión cuando hace entrar a su esposo. Entretanto también Susana se ha escondido en una alcoba.
La actitud nerviosa de la Condesa aumenta las sospechas que ya
tenía el Conde; pero la Condesa insiste en que en la habitación
contigua, que está cerrada, solamente está Susana, probándose
un traje. El Conde no lo cree y dice que va a buscar herramientas
para forzar la puerta, a la vez que obliga a la Condesa a acompañarle
para que no pueda abrir al que estuviese oculto. Mientras los
condes están fuera de escena, Susana sale de la alcoba en la que
había estado escondida y va a liberar a Cherubino de su
escondite, pero al no poder salir del lugar en que están,
Cherubino salta por una ventana y Susana entra en la alcoba en la
que había estado escondido Cherubino.
Vuelven el Conde y la Condesa. Ésta. pensando que Cherubino está
aún oculto en la habitación contigua se lo dice al Conde y le
pide perdón. El Conde, furioso y espada en mano, abre la puerta
y aparece Susana para sorpresa, no sólo del Conde, sino también
de la Condesa. Cuando se recobra de la impresión. La Condesa
dice a su esposo que su "confesión, fue una artimaña para
avergonzar al Conde y que, por supuesto quien había estado todo
el tiempo en aquella habitación había sido Susana. Avergonzado
por sus celos, es ahora el Conde quien pide perdón a la Condesa.
Antonio, el jardinero. tío de Susana, aparece todo enfadado
porque alguien saltó desde la ventana y estropeó sus plantas Fígaro.
que ha entrado en escena. dice que fue él quien saltó pero
Antonio le pone en un aprieto al mostrar un papel que se le cayó
a la persona que saltó por la venta: el papel es la credencial
de Cherubino. Aunque Fígaro dice que Cherubino se lo había dado,
porque le faltaba un sello, el Conde no queda con vencido. Ahora
se presentan como aliados suyos, en este momento en que duda de Fígaro
Marcelina, Bartolo y Basilio quienes plantean ante el conde la
demanda de la primera, que pretende que Fígaro se case con ella
en compensación de una deuda que no le ha pagado. La complicación
de este nuevo caso queda en el aire cuando cae el telón del
segundo acto.
ACTO III.- Susana, siempre pensando en
chancear al Con de, promete a éste en un dueto encontrarse con
él en el jardín aunque alguna confusión entre "sí"
y "no" no deja de levanta las sospechas del Conde,
sospechas que aumentan porque h; oído el diálogo que Susana, al
salir, ha mantenido con Fígaro Y desahoga su ira: "Vedro,
mentr'io sospiro, felice il servo mio?": ("¿Veré
feliz a mi criado en tanto que yo sufro?")
Ahora Marcelina, acompañada por Don Bartolo y Curcio exigen a Fígaro
el cumplimiento de su promesa de casarse con Marcelina. Fígaro,
entonces, dice que él es de familia noble no puede contraer
matrimonio sin la autorización de sus padres. Como testimonio de
la nobleza de su cuna dice que no sólo puede mostrar los finos
pañales en los que fue hallado sino también una curiosa señal
en su brazo derecho. Al ver la señal, Marcelina, muy excitada,
dice que Fígaro es su hijo, desaparecido al poco de nacer y lo
que resulta más sorprendente Bartolo es el padre de Fígaro.
Sigue a esto un sexteto de cómica reconciliación; incluso el
Conde se ve, en cierto modo, reducido a la impotencia ante el
hecho. Fígaro abraza a su recién encontrada madre, Marcelina.
Cuando entra Susana, a quien la Condesa ha dado el dinero de la
deuda pendiente de Fígaro con Marcelina, y ve abrazados a la
madre y al hijo, desconocedora de lo ocurrido, se dirige airada a
Fígaro y le golpea en el rostro. Marcelina entonces explica a
Susana la situación. y ésta repite: "Sua madre?"
"Suo padre?": ("¿Su madre? ¿,Su padre?") e
insiste en que se lo confirmen.
Salen todos entonces y entra en escena la Condesa, recordando los
días de su pasada felicidad: "Dove sono?" ("¿Dónde
están?") y preguntándose si podrá volver a ganar el amor
de su esposo. Sigue pensando en la trama que ha urdido para
castigarlo: la falsa cita con Susana. que servirá de trampa. y
dicta a Susana una carta para el Conde, ofreciéndole el
encuentro; en el "Dueto de la Carta". Susana repite lo
que le dicta la Condesa.
Entra ahora un grupo de campesinas ofreciendo flores a la Condesa;
entre ellos está Cherubino disfrazado de mujer. Antonio y el
Conde lo descubren, pero entonces Barbarina recuerda que el Conde
le había prometido darle lo que pidiera y que Cherubino está
disponible.
Ahora Fígaro anuncia que va a comenzar la ceremonia y el baile,
y dos parejas felices piden la bendición del Conde: las parejas
son Fígaro y Susana, pero también Bartolo y Marcelina, que han
decidido unirse en matrimonio. Mientras se baila el fandango,
Susana pasa al conde una notita, la que ella escribió al dictado
de la Condesa, fijando una cita para la noche. El plan de la
Condesa es que cuando el Conde acuda a la cita se encuentre no
con Susana, ni con Cherubino, como se pensó al principio, sino
con la propia Condesa, para lo cual Susana y la Condesa
intercambian sus vestidos.
En este acto, se prefiere a veces un orden alternativo de números
musicales, basados en la conjetura de que Mozart debió utilizar
una secuencia de los acontecimientos más lógica (como en la
comedia), pero estaba condicionado porque en el reparto original
una cantante tenía que hacer dos papeles y no habría tiempo
suficiente para cambiar de vestidos.
ACTO IV.- En el jardín del palacio Fígaro
se encuentra con Barbarina. El Conde ha confiado a la joven el
encargo de devolver a Susana, como confirmación de la cita, el
broche que sellaba la nota, pero Barbarina lo ha perdido y anda
buscándolo Entonces, Fígaro conoce que Susana va a tener una
cita con el Conde, pero ignora el plan que han tomado las mujeres.
Furioso con su esposa, su infiel esposa, piensa él, invita a
Bartolo y a Basilio a ser testigos del vergonzoso encuentro de
Susana con el Conde. Y ahora les advierte sobre la infidelidad de
las mujeres: "Aprite un po quelli occhi" ("Abrid
un poco vuestros ojos").
Cuando Fígaro se retira. entran la Condesa y Susana, cada una
disfrazada con la ropa de la otra. Susana canta su esperanza en
las delicias del amor: "Deh vieni. non tardar" ("Oh.
ven, no tardes"). Y se da cuenta de que el celoso Fígaro la
está viendo.
Comienza ahora el complicado encuentro, complicado aún más
porque también Cherubino tiene allí una cita con Barbarina.
Cherubino ve a la Condesa. La toma por Susana e intenta besarla.
Llega en ese preciso momento el Conde y es a él a quien besa
Cherubino. y el golpe que el Conde quiere dar a Cherubino lo
recibe Fígaro, que también interviene en ese preciso instante.
Ahora el Conde suplica a la que supone que es Susana que le
conceda su amor. Fígaro quiere pagar al Conde con la misma
moneda y corteja a Susana, imaginándose que es la Condesa, y
cuando Susana olvida el "complot" y no finge la voz, Fígaro
la reconoce y le declara su apasionado amor, que llena de furor a
Susana, quien no se da cuenta que ha sido reconocida por Fígaro.
Sale Susana de su error y la pareja se abraza apasionadamente, lo
que llena ahora de ira al Conde que, naturalmente, confunde a
Susana con la Condesa. Cuando se prepara a descubrirlos, aparece
la Condesa, con lo que el Conde queda en una violenta situación.
El Conde, en fin, pide excusas y perdón a su esposa, tanto por
sus infundadas sospechas como por su mala conducta hasta entonces.
La Condesa le perdona y todos comienzan una alegre fiesta que
durará toda la noche.
Índice (volver al índice)