La Favorita

Ópera en cuatro actos (primitivamente tres) con música de Gaetano Donozetti (1.797 - 1.848) quién aprovechó gran parte del material de su ópera "El Ángel de Nisida" compuesta en 1.839 por encargo del Théâtre de la Renaissance de París y que nunca llegaría a estrenarse, para componer "La Favorita". El libreto es de Alphonse Royer y Gustave Vaëz, a partir de un drama, en francés, de Baculard d'Arnaud llamado "Le Comte Comminges". Su estreno, en la versión francesa, que tuvo lugar en la Ópera de París el 2 de diciembre de 1.840; y en su versión italiana en 1.847.

Personajes

ALFONSO XI

FERNANO

BALTASAR

LEONORA

INÉS

GASPAR

Rey de Castilla

Hijo del Prior

Prior del Monasterio.

Favorita del Rey

Amiga de Leonora

Oficial del ejército

Barítono

Tenor

Bajo

Soprano

Soprano

Tenor

 

La acción se desarrolla en España a mediados del siglo XIV


ACTO I.- Cuadro primero. Interior de una celda del Monasterio de Santiago. El novicio Fernando, a punto de recibir las órdenes sagradas que han de instituirle monje de la comunidad, se ve asaltado por horribles dudas acerca de su vocación. Vacilando entre si debe o no seguir adelante en la ruta que ha emprendido, solicita del Padre Baltasar, abate del Monasterio, que le atienda en acto de confesión. El penitente explica al santo varón las extrañas alucinaciones que sufre todas las noches, desfilando ante sus ojos la visión de una hermosa muchacha, bella como un ángel, que perturba su ánimo y le atormenta como un sueño maléfico durante las horas de descanso. El venerable anciano se alarma ante; esas revelaciones, pero, comprendiendo que Fernando es. sincero y no hay maldad en sus palabras, le aconseja que abandone el convento por creer que Dios no le ha predestinado para servirle, sino para otros fines distintos. Al aconsejar así al joven novicio, el Padre Baltasar le releva por completo de sus votos y le otorga su bendición para que tenga mucha ventura en el mundo al cual retorna.

Cuadro segundo. Plazoleta de un frondoso parque cubierto de macizos de plantas tropicales y exóticas flores. En su peregrinaje por los campos castellanos, Fernando ha ido a dar en el real sitio que la corte de Alfonso XI ocupa en la provincia de León. En aquellos parajes de esplendor y maravilla, Leonor, la favorita del Rey, su amiga Inés y otra dama de compañía se hallan cortando flores. Por un azar de la vida, Fernando logra tener acceso hasta aquel reservado recinto, consiguiendo llegar hasta allí con los ojos vendados. A1 descubrirse y contemplar a la hermosa Leonor, reconoce con asombro en ella a la personificación de la irreal y fantasmagórica mujer de sus sueños.

A continuación declara el ex-novicio su pasión a la bella favorita, cuya personalidad desconoce, diciendo que vencerá todos los obstáculos y emprenderá las más arriesgadas aventuras con tal de conseguir enamorarla y ser digno de su amor. Leonora, ante esas impetuosas manifestaciones, ingenuas y sinceras, no se atreve a explicar su extraña posición en la corte, y temiendo que el apasionado doncel pueda descubrir quién es ella en realidad, le entrega un pergamino diciéndole que siga exactamente las instrucciones allí escritas. Y así esquiva la embarazosa situación retirándose seguida de sus acompañantes. A1 leer Fernando el pergamino, ve que es un nombramiento para combatir en el ejército de Castilla y decide ingresar en él para conseguir gloria y honores y poder un día reclamar a la hermosa mujer que encarna el ideal de sus sueños.

ACTO II.- Jardines de un alcázar morisco. El Rey Alfonso, seguido de su séquito, admira los vastos jardines del palacio que recientemente sus tropas han apresado a los árabes que invadían la península. La victoria se debe en gran parte al valor y pericia de Fernando, ascendido por sus propios méritos a jefe de los ejércitos castellanos. El jolgorio de cantos y bailes del alegre tropel que rodea al soberano, se ve turbado por la llegada de un mensaje del Abate Baltasar dando cuenta, en tono de crítica, de que el monarca de una nación católica no puede compartir públicamente su vida con una favorita sin ofender con ello gravemente a la Iglesia y a la honestidad de sus súbditos. Ante el escándalo inevitable, Leonora es presa de gran desconsuelo y suplica a su amo y señor, por respeto al apellido de su padre, que le devuelva su libertad y la olvide. Pero el enamorado soberano se resiste a desprenderse de la bella favorita.

En esto aparece el propio abate del monasterio de Santiago, el cual viene personalmente por ser portador de una carta del Santo Padre de Roma en la que se excomulga al Rey Alfonso si no renuncia inmediatamente a su concubina. Ante este mandato apremiante, el monarca se retira colérico a sus habitaciones, prometiendo no obstante obedecer las órdenes del Papa y complacerle en su demanda. Leonora, cubierta de oprobio y vencida una vez más por la vergonzosa timidez que le impide poner en claro su situación, no se atreve aún a confesar al crédulo Fernando su verdadera personalidad.

ACTO III.- Salón del trono en Palacio. E1 Rey Alfonso, totalmente decidido a renunciar a su favorita, recibe con grandes honores y agasajo al victorioso Fernando que regresa triunfante de los campos de batalla. Como recompensa a sus méritos guerreros, el monarca le invita a pedir una merced, a lo cual el enamorado ex novicio replica que no aspira a otra gracia que a la concesión de la mano de Leonora. E1 Rey se la otorga y señala para dentro de una hora la celebración de la ceremonia nupcial que ha de tener lugar en los mismos salones palaciegos.

Leonora, ante el terrible dilema que se le presenta de engañar al esforzado pretendiente o de confesar la humillante verdad y disuadirle de su loco propósito de hacerla su mujer, opta noblemente por lo último. Como le falta valor para realizarlo de palabra y el tiempo urge, escribe un mensaje explicándolo todo y aclarando de una vez su ignominiosa posición en la corte, mensaje que envía a Fernando por mediación de su amiga Inés. Pero al intentar esta dama cumplir el encargo que se le ha encomendado, es detenida por orden del rey.

Aparece Fernando dispuesto tranquilamente para la ceremonia y la contrayente se admira de que su carta no haya producido en su ánimo ningún efecto. Se celebra con toda pompa el acto de la boda en el cual el Rey hace entrega al joven guerrero de Leonora como esposa y de un título de nobleza de la Corona de Castilla. Pero seguidamente, al ser presentada la pareja de recién casados a los cortesanos, éstos los reciben con tanto desdén y frialdad que Fernando se inquieta y trata de inquirir la causa de este insulto. En el preciso instante entra el abate Baltasar, quien, horrorizado de que el enlace se haya verificado, informa al desventurado ex novicio lo que ha habido, de burla y sacrilegio en la ceremonia que acaba de tener lugar. Fernando, enloquecido de ira y dolor, echa en cara al Rey Alfonso su falsedad y desleal comportamiento. Leonora, por su parte, trata en vano de explicarle su manera franca de proceder antes de la boda. El colérico guerrero, vejado por la terrible afrenta de que acaba de ser víctima, se precipita fuera de los muros de aquel palacio donde con tanta injusticia y doblez se le ha tratado. Al salir Fernando prometiendo no poner nunca más los pies en aquel recinto maldito, la favorita se desvanece en los brazos de las damas de la corte.

ACTO IV.- Claustro del monasterio de Santiago. Los monjes reciben con gran júbilo al dolorido Fernando que ha retornado a su antiguo refugio espiritual desengañado del mundo y sus falaces placeres y honores. El coro entona un canto ensalzando los goces y esplendores celestiales. Al quedar solo Fernando, recuerda por un instante su desdichada pasión, y como homenaje postrero a su amor muerto, canta la bel]a aria del "Spirito gentile".

En tanto, aparece refugiándose tras las columnas del claustro la favorita Leonora, la cual ha conseguido introducirse en el convento disfrazada de novicio. Fernando, al verla, intenta huir, pero ella consigue retenerle y le explica el mensaje que le envió por conducto de Inés poco rato antes de efectuarse la desventurada ceremonia nupcial y que, por desgracia, él no recibió. Al mismo tiempo le jura que nunca intentó engañarlo, y si antes no se atrevió a confesarle la verdad sobre su vergonzosa posición en palacio, fue porque le amaba.

Fernando se conmueve ante esa revelación y parece vacilar un momento. Pero la duda no encuentra albergue en su ánimo: el camino que debe seguir está ya trazado por Dios y no puede volverse atrás. Su pasión divina es más fuerte en su corazón que ninguna otra pasión terrenal. Él no puede hacer ya otra cosa más que perdonar a la pecadora y olvidarla para siempre. Y mientras la desdichada favorita desfallece al escuchar las justas palabras que demuestran la firmeza de espíritu de Fernando y la condena a una eterna soledad como una cruel sentencia, éste se aleja para siempre de su lado, uniéndose a la procesión de monjes que desfila bajo el claustro para orar en la capilla del monasterio.

 

Libreto bilingüe completo:

KAREOL

Web La Ópera

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