El Organismo Psicológico

El Sistema u Organismo
Psicológico está formado por un conjunto de elementos que conectados,
relacionados y coordinados entre sí hacen posible la vida psicológica en el
mundo particular y exclusivo de cada individuo, su mundo psicológico. Estos
elementos (organizados en subsistemas) son: impresiones, emociones,
pensamientos, sentimientos, estados de ánimo, interés, deseo, memoria, rutinas,
instintos..., y se agrupan en los siguientes subsistemas:
Es el nexo, punto común o de
encuentro de todas las operaciones que realiza el Sistema Psicológico.
Aparentemente es el “organizador” de todos los movimientos, pero un estudio más
profundo nos permite verificar que no se trata en modo alguno del director,
jefe o dueño, sino más bien de una marioneta al servicio del resto de
elementos.
Continuamente nos referimos a
él en la vida diaria en los términos de “yo pienso”, “yo siento”, “yo deseo”,
etc. etc. El conocimiento del resto de elementos que componen el sistema y las
relaciones entre los mismos, desvela que el pensamiento se produce “quiera” o
“no quiera” el “yo”, lo mismo ocurre con sentimientos, deseos, estados de
ánimo, gustos, preferencias.....
Tanto personas y sucesos del
mundo exterior o físico como emociones, ideas..., del mundo interior o
psicológico llegan a nosotros a través de “impresiones”. Las impresiones son los
datos o fotografías más simples y pequeños con los que comienza a moverse la
maquinaria psicológica. Así como el cuerpo físico está continuamente
respirando, el psicológico está continuamente recibiendo impresiones. Así como
el aire respirado contiene distintos elementos esenciales para mantener la vida
física, las impresiones recibidas contienen elementos completamente necesarios
para mantener la vida psicológica. Ni un segundo paramos de respirar, ni un
segundo paramos de recibir impresiones. El aparato receptivo es la boca del sistema
psicológico.
Las impresiones recibidas por el aparato receptivo ponen en marcha el proceso asociativo que generalmente conocemos como pensamiento y sentimiento. Pensar es, básicamente asociar o comparar datos. La impresión recibida es asociada o comparada con los datos contenidos en la memoria o almacén del pensador (de su sistema psicológico) tanto los procedentes del conocimiento como los de la experiencia, adquiridos a lo largo de su temporal vida. Para la construcción del pensamiento o proceso asociativo utiliza las rutinas, patrones que fueron adquiridos principalmente el los primeros años de vida, implantados por los educadores -casi siempre sin ser conscientes de sus implicaciones- así como los instintos insertados en su ser vía herencia genética (psicológica). El grado de interés existente en el momento del proceso asociativo tendrá decisiva influencia.
Según sea la impresión recibida
y el proceso asociativo a que dio lugar así será la consecuencia o resultado
generando un determinado “estado de
ánimo”. La vida de la persona, su felicidad o sufrimiento, sus sentimientos, su
equilibrio, armonía... vienen determinados por la suma de sus distintos estados
de ánimo. Si en el mundo físico siempre nos encontramos en un determinado
lugar, en el mundo psicológico siempre nos encontramos en un determinado estado
de ánimo. Tales estados no se producen aleatoria o circunstancialmente sino que
dependen rigurosamente de cómo haya pensado el pensador, es decir de cómo se
hubiera ejecutado el proceso de pensamiento. Sólo quien es capaz de manejar su
pensamiento -generalmente somos manejado por él- puede manejar su estado de
ánimo.
Para enriquecer nuestra
vida es necesario conocernos.
El conocimiento de sí
mismo incluye muy particularmente conocer el propio Organismo Psicológico.
Quien no sabe leer ni
escribir decimos que es, culturalmente, analfabeto.
Por mucha y amplia cultura
que posea quien no se conoce a sí mismo es, psicológicamente, analfabeto.