A lo largo de la vida uno quiere conocerse en función de las cosas y acontecimientos que suceden en su entorno. Con frecuencia, la observación se centra sobre la sombra que proyectamos o la que proyectan los demás, pero rara vez sobre la verdadera persona que la proyecta. Es màs sencillo fijarse en la sombra; querer, como los niños, alargarla en función de la posición de la luz.
No se crece así, se crece mirando hacia adentro y proyectando hacia afuera. Antes hay que mirar dentro. No sirve de nada alargar o deformar la sombra que proyectamos si antes no hemos modificado el interior, que es el que en realidad produce la luz que la genera.
El hombre con frecuencia cae en el error de querer imitar los actos ajenos. Se ha fijado exclusivamente en la parte que a él le gusta de los demás, no en su totalidad,sino sólo en la parte más atractiva. Con frecuencia eso lleva a adquirir posturas que hacemos propias, pero que todo el mundo sabe que son postizas, que no son reales.
Si fuéramos un poco más caritativos con nosotros mismos, podríamos encontrar en nuestro interior los valores que permanecen dormidos, por creer que son los demás los que nos tienen que dar su referencia, generamos imagen, sombra y luz.
No es bueno inhibirse. No es bueno minusvalorarse, como tampoco lo es sobrevalorarse; pero siempre, con la observación, se puede encontrar la justa medida de nuestro verdadero momento evolutivo, de nuestra real posición en cada momento de nuestra vida. Adoptar posturas que no son las propias, distorsiona la personalidad de quien así actúa, retrasa su aprendizaje y le cuestra trabajo comprender las cosas que, si no adoptase esa postura, comprendería perfectamente.
Todos, en mayor o menor medida, en un momento de nuestra vida, hemos adoptado posturas que no eran nuestras. Es hora de que cada uno sea su propio juez y se analice con sinceridad y vea en qué momento se encuentra y rechace posturas que no sean suyas. Esa es la imagen que tiene que transmitir, las otras se deben caer como caen las máscaras.
La escala de valores es el marco de referencia en el que nos movemos. Las circunstancias de la vida nos llevan a cambiar, a modificar nuestra posición con respecto a la escala de valores, la cual no se mueve, somos nosotros con respecto a ella. Las cosas se manifiestan por una cierta lógica y todo funciona segúnla ley de causa y efecto. Los intereses materiales, la propia estimación, el orgullo,la vanidad, el egoismo, hacen que cambiemos nuestra posición dentro de esa escala de valores universal donde el amor ocupa un extremo y el egoísmo el contrario. Debemos saber exactamente qué posición ocupamos y porqué hacemos las cosas. Debemos ser conscientes de que a nuestro alrededor hay personas y situaciones que dependen de nuestra actitud, que las cosas materiales siempre deben estar por debajo de las personas y de todos los seres vivos en la escala de valores.
Nada es perenne, nada es inmutable, y mucho menos las cosas materiales. Los grandes imperios han caído y se han generado otros nuevos. Los hombres, la política, la ideología, la religión ha cambiado. Sólo la esencia del hombre permanece inmutable. Esa, la que nos une a los demás, la que hace sentirnos parte de la raza humana, ésa permanece inmutable. Lo demás son coyunturas, circunstancias.
Las personas que nos rodean deberían ser lo más importante en nuestra escala de valores. Los medios de que nos valemos para vivir, para relacionarnos, para viajar, son sólo medios, pero el objetivo, el fin, está en la relación con las personas, en lo que podemos transmitirnos, en lo que podemos darnos, en lo que podemos aprender unos de otros, en lo que nos une.
Partimos del egoísmo como punto opuesto al amor y llegamos al amor, al otro extremo. En medio, la propia palabra lo dice, los medios para llegar a ese objetivo, el soporte material que está en medio, no en el extremo.
Utilicemos nuestra capacidad intelectual, de amor, nuestras energías, todo lo que el Cosmos ha puesto a nuestra disposición, para situarnos correctamente dentro de la escala de valores. Pidamos referencias. Observemos, referenciémonos en los demás pero, sobre todo, mirémonos dentro y veamos si estamos de acuerdo con nosotros mismos. Si no lo estamos, paremos un momento para ver cuál debería ser la posición idónea y tratemos de situarnos ahí lo más pronto posible. Es la única manera en que el hombre conseguirá ser feliz: estando de acuerdo con su conciencia, mirándose dentroy haciendo lo que cree que debe hacer de acuerdoa ella.
El ser humano busca la felicidad sobre todo. Huye del dolor. La felicidad debería estár en las satisfacciones que nos proporciona la relación con los demás. En ningún otro sitio está la felicidad.