Anoche disfruté de una buena película donde el protagonista decía que lo maravilloso del piano es que sólo tiene 88 teclas, y puedes contarlas, así que es finito, y como tal te permite que la música que puedes crear en él sea infinita, al igual que tú. Pero hay veces en las que las circunstancias te hacen perder el rumbo y ni ves las teclas, ni el infinito. Hay gente que de tanto creer que su instrumento es un monstruo horrible e intercambiable por una palmadita en la espalda y dos billetes azules, consigue que tu piano se convierta en esa pareja que, de tanto quererla, necesitas dejar de verla por un tiempo. Así que hice la maleta y me dispuse a emprender un viaje hacia el infinito, para buscar todos y cada uno de esos momentos que a veces pensamos que sólo fueron un bonito sueño porque nuestra propia imaginación hace que veamos la vida más grande de lo que es.
Y la carretera hizo el resto, se encargó de llevarme hasta uno de los tantos maravillosos lugares de Asturias, un pueblecito llamado Grado. El verano en los pueblos de España siempre tuvo un sabor especial, así que Grado no iba a ser menos, con el único detalle de que esa noche era más especial que ninguno, pues tenía el honor de recibir a los Burning y, por ellos, a muchos de los que desde cualquier lugar, por lejos que esté, los seguimos fielmente allá donde vayan. Tres grupos acompañaban esa noche a los Stones españoles: La Traición, Los Bruscos y Madera Rock. Por fin pude escuchar en directo esa gran canción, "La Silueta de Risi", y os puedo asegurar que con ella pasó una de esas brisas de viento que te ponen los pelos de punta. Desde aquí te deseo, Carlos, salud y sueños en esta vida y mucho rock'n'roll, porque lo mereces.
El cielo fue piadoso con nosotros y dejó de derramar lágrimas por esa noche para que, por fin, los Burning nos hicieran sonreír una vez más. Efectivamente, los Burning forman parte de esas ochenta y ocho teclas y lo que me hacen sentir cada vez que los veo en directo sigue siendo infinito. Creedme si os digo que empezar la noche después de un largo viaje y una corta esperanza escuchando "No pares de gritar", es una de las mejores recetas contra el desencanto y la inercia. Nuestros chicos se portaron una vez más tal y como esperábamos, y tuvieron, como siempre, detalles de esos con los que siempre nos sorprenden. Pasaron por todas esas canciones que tanto echamos de menos cuando pasamos más de dos días sin escucharlas: "Es decisión", "Mueve tus caderas", "Soy un preso", "Estrella fugaz", "No es extraño que tú estés loca por mí", "Una noche sin ti", "Miéntelas", "Como un huracán"... todas esas canciones que entran por la puerta de atrás, se acercan a ti sin hacer ruido, te hacen cosquillas en la nuca y te abrazan tan, tan fuerte, que después de dos horas de concierto sientes que quizá sea realmente cierto que no estamos tan solos en este mundo de locos, para los que el r'n'r es una forma de vida y la amistad vale más que un puñado de buenas canciones, lo cual es ya mucho cuando se trata de los Burning...
...Y es que un abrazo hay veces que vale más que mil palabras. Como fan fue un placer volver a llenarme el corazón de buena música y grandes historias de amor, de amistad, de noche y de fuerza. Y como parte de una familia tan grande como el corazón de los que la forman, sigue siendo un placer saber que todavía hay quien es capaz de escuchar antes de mirar o agradecer que cuando subas a un escenario lo hagas de corazón, cosa que desde hace algún tiempo se echa demasiado de menos por los escenarios de todo el país.
Burning siguen siendo una de las mejores bandas de r'n'r de este país: Johnny le da a su público más de lo que le pedía; Carlos continua bordando sus coros y dándole armonía con el bajo, de una de las formas más elegantes que he visto nunca, a las rotundas baquetas de Cacho; y Eduardo pone la dinamita y sigue haciendo de todos ellos una banda de r'n'r con una clase y una calidad indiscutible y admirable.
Gracias a Carlos, Yolanda y Jorge, por darme la oportunidad de compartir con vosotros una gran noche de r'n'r; gracias a Ricardo por estar allí en alma y hacerme guardar otro concierto más en ese sitio donde no se borran los recuerdos; gracias en especial a Miguel por recordarme que cada vez que dé un paso hacia delante, el suelo estará firme; y gracias a los Burning, por cantarme una vez más al oído que todo es decisión, dónde está el lugar donde la luna brilla más, y esa canción de los dos... Ahora tengo algo más de lo que tenía: un "by-pass", una camiseta y un abrazo.
Mónica Merino.