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 LA PELOTA EN EL DESARROLLO PSICOMOTOR

Autor: Pedro Pablo Berruezo Adelantado

Editor: CEPE. Madrid 1995 (2ª edición)

Introducción

Quiero aprovechar estas primeras páginas para intentar justificar la importancia de escribir un libro más o menos extenso, de carácter teórico-práctico sobre la pelota y la trascendencia de su uso en el proceso de maduración psicomotriz infantil.

En resumidas cuentas, me gustaría colmar la curiosidad de quien se introduce en la lectura de este texto respondiendo a unas preguntas fundamentales, a saber: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién? interesa dar vueltas a la pelota (como tema, no como objeto).

Vayamos por partes. Si me he puesto a trabajar sobre este tema es por un interés doble: por una parte el que nace de mi persona y mi práctica profesional como psicomotricista y maestro de educación especial y educación física y por otra parte el deseo de poner de manifiesto de forma clara e inequívoca la importancia de la pelota como instrumento de trabajo educativo, reeducativo o terapéutico en el terreno de la psicomotricidad. Hasta ahora son raros los manuales y textos de psicomotricidad que no incluyen diversos tipos de pelotas entre el material de uso para la práctica psicomotriz. Sin embargo, fuera de la referencia fundamental al bote, lanzamiento y recepción (dentro del desarrollo de la coordinación visomotriz), no se ha prodigado el estudio de las posibilidades reales de la pelota, en el aula, en la sala de juegos, en la sala de psicomotricidad, en el gimnasio, en el patio de recreo, en el campo o simplemente en el cuarto de estar de la propia casa. En cualquier caso, se puede encontrar en la bibliografía la existencia de numerosos ejercicios realizados con pelotas, pero falta, en mi opinión, un estudio detenido y serio acerca del modo en que la pelota puede apoyar el desarrollo de aptitudes motrices, cognitivas y socioafectivas.

Desde el momento en que decidí abordar el tema de la pelota en el desarrollo, lo que al principio parecía algo muy limitado y concreto se fue convirtiendo para mí en algo cada vez más extenso y apasionante. He tenido, pues, que poner límites al tema, centrarme en el desarrollo psicomotor y abandonar otras perspectivas. Tengo la impresión como de haber penetrado en el interior de una casa inmensa y poco aprovechada, con habitaciones incluso desconocidas, pero cuya puerta está en una calle bien céntrica y es conocida por todos. Si se acepta mi metáfora, creo sinceramente que no he pasado del vestíbulo. Tengo, después de escribir este libro, la sensación de que hay mucho por hacer. En realidad no creo ofrecer nada nuevo, quizá una manera personal de percibir el desarrollo a través del protagonismo que la pelota puede tener en el mismo. Creo, sin embargo, que de este trabajo surgen multitud de hipótesis que deben plantearse seriamente y verificarse en la práctica educativa.

Intentando responder a la segunda cuestión de para qué un estudio sobre la pelota, creo que puede resultar enriquecedor el conocimiento de las posibilidades que posee el trabajo (mejor deberíamos decir juego) con pelotas para aprovechar la popularidad de este juguete con fines educativos. La disponibilidad de la pelota, que suele ser un objeto presente en la infancia de casi todos los niños y niñas, y su carácter motivador puede ser aprovechado para facilitar el desarrollo si se conocen las propiedades elicitadoras de la pelota en este sentido.

Este libro puede interesar a las personas curiosas de la psicomotricidad y del desarrollo infantil. Principalmente puede resultar valioso para aquéllas que de forma práctica se dedican a educar a los niños y las niñas. Estoy pensando principalmente en los padres y las madres y en los/as educadores/as (sea cual sea su denominación: maestros/as de educación infantil o primaria, de educación especial o de educación compensatoria, técnicos/as de ludotecas, educadores/as de deficientes, de escuelas infantiles, de medio abierto, monitores/as de aire libre, etc.). Específicamente puede interesar a quienes trabajan sobre el desarrollo motriz en educación, reeducación o terapia como es el caso de psicomotricistas, profesores/as de educación física, fisioterapeutas o monitores/as de preparación deportiva. Finalmente puede hacer aportaciones a quienes desde una vertiente no tan pragmática intervienen en el estudio de la infancia y de la educación cual es el caso de psicólogos/as y pedagogos/as.

También es oportuno que describa en estas líneas el planteamiento de esta obra. El libro está dividido en dos partes. La primera, de carácter teórico, supone un recorrido por el campo de la psicomotricidad de la mano de la pelota. Es decir, en esta primera parte nos ocuparemos de abordar uno por uno los aspectos más comúnmente trabajados en el ámbito psicomotor analizando las aportaciones que puede proporcionar la actividad con pelotas en el desarrollo de dichas capacidades. La segunda parte, de carácter más práctico, intenta aportar pistas para el trabajo con pelotas. Para ello se ofrece una amplia relación de ejercicios diversos con distintos tipos de pelotas indicando cada uno de ellos los objetivos que pretende dentro del amplio espectro del desarrollo psicomotriz. Estos ejercicios pretenden ser una recopilación de lo que otros autores nos ofrecen y de lo que he ido recogiendo a través de la observación del juego infantil y de mi experiencia educativa con niños de lo que ahora es el primer ciclo de primaria y con alumnos y alumnas de un centro específico de educación especial, es decir, gravemente discapacitados.

Esto de ofrecer ejercicios o fichas de trabajo puede suponer una ventaja y un inconveniente. Me explicaré. Hay quienes buscan los ejercicios como agua de mayo para su práctica educativa porque solucionan directamente el problema de qué hacer con los niños y las niñas en el aula, o en casa. Hay una forma muy extendida de entender directivamente la práctica educativa que consiste en proponer en todo momento a los niños y niñas lo que tienen que hacer. Soy consciente de que, proporcionando una batería de ejercicios, puedo contribuir a mantener ese modo de educar tan poco creativo y sobre todo tan poco respetuoso con las necesidades e intereses del niño o la niña. Hay otra forma menos directiva de entender la educación que parte no de la imposición de la persona adulta sino de la sugerencia del niño o la niña. Es desde luego una forma de actuar que requiere mayor dominio de las situaciones por parte de la persona adulta y que mal llevada puede originar lagunas en el desarrollo o en la consecución de los aprendizajes.

No me atrevo a afirmar que una forma sea mala y otra buena. Sí que pienso que hay momentos, sujetos y aprendizajes que requieren nuestra intervención directiva si queremos que se produzcan. Sin embargo es apasionante dejarse llevar por los motivos e intereses del niño o la niña y sugerirle actividades en los momentos precisos en que es capaz y está dispuesto a realizarlas. Oigamos de vez en cuando al niño o la niña y que él o ella sea quien protagonice su maduración, pero no les abandonemos exclusivamente a su suerte en dicho camino. La presencia de la persona adulta es fundamental aunque su intervención no siempre sea necesaria. Esto es considerablemente más difícil que aplicar unas actividades previamente programadas sin considerar las circunstancias del sujeto educativo.

En psicomotricidad hay representantes de ambas tendencias. Personalmente creo, como ya he dicho, que hay procesos de adquisición que se producen casi sin intervención del sujeto adulto por el propio empuje de la maduración convenientemente estimulada y hay, por otra parte, procesos que requieren la concurrencia directa de la persona adulta y su intervención programada y gradualmente dosificada para que se pueda lograr su consecución. Igualmente hay que decir que con sujetos normales, inteligentes, es menos necesaria la participación directiva y con sujetos deficientes hay que guiar más de cerca el desarrollo psicomotor.

Tras este quizá demasiado largo paréntesis, lo que quería manifestar es que la parte práctica podrá tener el uso que cada uno o una quiera darle. Mi intención es dar pistas para el trabajo y no exclusivamente ofrecer unas fichas de ejercicios directamente aplicables, aunque para quienes busquen eso, porque entienden de esa forma la psicomotricidad, evidentemente creo que encontrarán lo que desean.

Finalmente en una introducción es donde se aprovecha para hacer los agradecimientos y donde se nombra a personas que el que escribe conoce y que el o la que lee normalmente no, y que halagan la vanidad de quienes ven su nombre escrito. Desde luego, es evidente que hay personas (amigos/as, colegas, compañeros/as, niños/as, familiares), así como instituciones, que, sabiéndolo o no, han influido en mis ideas o en mi trabajo y han tenido, por tanto, algo o mucho que ver con la publicación de este libro. Sin su intervención éste no existiría o simplemente sería distinto. Bien, quiero, pues, agradecer de corazón su colaboración a todas las personas que se han entusiasmado con mi idea de escribir sobre la pelota y a todas las que de forma más o menos directa me han ayudado con sus aportaciones, sus críticas o su actividad con la pelota. Gracias a su apoyo mi proyecto se ha desarrollado sin grandes dificultades. Estoy seguro que se alegrarán mucho de que este libro vea la luz.

Cartagena, enero de 1990.

Cinco años después tengo el honor de ver cómo este libro se reedita. Esto me enorgullece como autor, puesto que creo que mi idea ha podido resultar interesante a muchas personas, pero sobre todo porque confirma mi sospecha de que hay algo que nos atrae o nos vincula a la pelota (la esfera) y hace que desarrollar las posibilidades educativas de este objeto tan asequible y atractivo resulte, en cierto modo cautivador; como cautivador es y ha sido para mí jugar y hacer propuestas de trabajo con la pelota.

Esta reedición me proporciona la ocasión de reanudar los ya expresados y efectuar nuevos agradecimientos, para ser algo más explícito. Agradezco a mi editor su apoyo y confianza no sólo en mí sino en las personas que como yo se atreven a escribir sobre psicomotricidad. Agradezco a las personas que han leído este libro las sugerencias y críticas que me han hecho. Esta reedición, para bien o para mal, no cambia sustancialmente de la primera, actualiza algunas referencias bibliográficas y corrige errores o imprecisiones, pero no amplía la batería de actividades propuestas. Agradezco a mis compañeros y compañeras, tanto los/as que se ocupan de la formación como los/as que se ocupan de la educación o del abordaje psicomotor, el apoyo a mis propuestas. Finalmente agradezco a mis amigos y amigas y a mi familia, la más próxima y la más extensa, su continua e incuestionable fe en mí y en las cosas que hago. Creo, sinceramente, que todas las personas que se alegran de esta reedición tanto como yo mismo merecen mi agradecimiento.

Cartagena, septiembre de 1995.

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