LA PSICOMOTRICIDAD EN ESPAÑA: DE UN PASADO DE INCOMPRENSIÓN A UN FUTURO DE ESPERANZA.

Pedro Pablo Berruezo Adelantado

PSICOMOTRICIDAD. Revista de Estudios y Experiencias. Nº 53, 1996. vol. 2, pp. 57-64

 

La psicomotricidad se introduce en España a partir de las ideas de Wallon y Ajuriaguerra. Las primeras traducciones de los autores franceses van calando sobre todo entre los docentes que incorporan la idea de la psicomotricidad como un instrumento de cambio en las escuelas. Este movimiento se inicia en la década de los setenta, y desde los primeros momentos, las ideas psicomotrices se aceptan mucho más entre los profesionales de la educación que entre los profesionales sanitarios.

La influencia francesa es fundamental en el desarrollo de la psicomotricidad en España. Autores como Bergès, Soubiran, Lapierre, Aucouturier, Le Boulch o Vayer introducen sus ideas a través de cursos, jornadas o coloquios y, desde luego, a través de la lectura de sus libros. Sólo de un modo más tardío aparecen otro tipo de influencias y más con un carácter investigador que aplicado (autores rusos, o anglosajones). Así pues, la referencia fundamental, hasta la aparición de obras y experiencias propias, sigue siendo la que proviene de Francia.

Y ello resulta paradójico si tenemos en cuenta que la corriente oficial francesa se decanta claramente hacia el ámbito sanitario, reeducativo o clínico, y sin embargo en España la psicomotricidad encuentra mayor acogida en el sector educativo, tanto de la educación especial (lo cual parece razonable) como, sobretodo, en la educación infantil. Ello se debe principalmente a la gran labor de difusión entre los docentes que iniciaron y mantienen Lapierre y Aucouturier y sus respectivas escuelas.

Hay una fecha clave que determina la definitiva introducción de la psicomotricidad en España: el Congreso Internacional de Psicomotricidad, organizado por la Organización Internacional de la Psicomotricidad (OIP) y celebrado en Madrid en 1980. A partir de esta fecha la formación empieza a realizarse en España a través de institutos, como CITAP, la Escuela Internacional de Psicomotricidad, la Escuela de Expresión y Psicomotricidad, u otros centros especializados en completar la formación académica de los profesionales educativos o sanitarios en determinados aspectos, técnicas o conocimientos de la psicomotricidad. La formación siempre, hasta el momento, recae en manos privadas y se busca un mayor reconocimiento a través de vinculaciones con universidades o institutos nacionales o de países donde los estudios de psicomotricista tengan validez oficial. La formación orienta a los profesionales hacia diversas tendencias de aplicación, lo que hasta ahora no ha facilitado la consideración de la psicomotricidad como algo unitario y ha impedido el progreso profesional de un colectivo que ni siquiera ha sido capaz de organizarse como tal y definir sus competencias y su campo de actuación.

Quizá el hecho de la integración escolar que se produce en España desde 1985 determine también el impulso que la psicomotricidad, como medio de atención de las necesidades especiales de ciertos alumnos, ha recibido en nuestro país. Aunque se mantiene la educación especializada para necesidades educativas graves se establece que, siempre que sea posible, la respuesta educativa se proporcionará en el marco de la escuela ordinaria, respetando las diferencias individuales, pero partiendo del principio de que cualquier niño o niña es educable. Tanto en los centros específicos de educación especial como en los equipos de apoyo, aunque no de manera oficial, en muchos casos se incorpora la psicomotricidad y al psicomotricista como medio y como profesional especializado en determinadas acciones o procesos de reeducación.

Fruto de este interés creciente y del mantenimiento de las relaciones entre las personas formadas o que desempeñan su trabajo alrededor de la psicomotricidad y la defensa común de sus intereses surge el asociacionismo. Se crean en España varias asociaciones de psicomotricidad. Desgraciadamente, estas asociaciones nacen con un ámbito muy limitado de influencia (a veces una única escuela de formación) y por ello surgen en excesivo número para la escasa cantidad de personas a las que van dirigidas, de modo paralelo y, paradójicamente, compitiendo entre sí.

La realidad actual es clara: en España la psicomotricidad no es una carrera universitaria ni existe titulación oficial para llegar a ser psicomotricista. Consecuentemente, en teoría, no existe la posibilidad de trabajar como psicomotricista pues esta profesión no se encuentra en el catálogo de las profesiones que se pueden ejercer en nuestro país.

A pesar de ello la psicomotricidad existe como puede deducirse de diferentes hechos:

· En algunas facultades de psicología o educación se incluye como materia del plan de estudios o como área dentro de materias tales como técnicas de reeducación.

· La reeducación psicomotriz se encuentra entre las prestaciones que pueden solicitar las personas que tienen calificación de minusvalía en el sistema de servicios sociales.

· El propio Instituto de Servicios Sociales tiene contratados a profesionales ocupando plazas de psicomotricista, para realizar diagnóstico y orientar el tratamiento en el ámbito de la psicomotricidad.

· El Ministerio de Educación acaba de crear una profesión denominada Técnico Superior en Educación Infantil (nivel de formación profesional) entre cuyas competencias se encuentra "aplicar la educación psicomotriz como la necesidad de exploración del ser humano que le lleva al conocimiento de sí mismo y de su entorno", y para cuya formación recibe enseñanzas de una materia denominada "la psicomotricidad y la práctica psicomotriz".

· La presencia editorial de la psicomotricidad es innegable en nuestro país. Cada año se publican nuevas obras de psicomotricidad, sobretodo propuestas de trabajo práctico. Desde 1981 CITAP publica la revista PSICOMOTRICIDAD de manera ininterrumpida y ahora, quince años después, acaba de aparecer una nueva revista de psicomotricidad editada por la Asociación Profesional de Psicomotricistas, ambas pretenden ampliar la difusión de los estudios y las experiencias en psicomotricidad tanto entre los psicomotricistas como entre otros colectivos profesionales interesados.

Las dificultades que han impedido un mejor desarrollo de la psicomotricidad en España pueden ser varias, algunas ya mencionadas:

· La falta de entendimiento entre los profesionales formados en distintas tendencias dentro de la psicomotricidad.

· La escasa delimitación del campo de trabajo en colisión con otros profesionales como fisioterapeutas o profesores de educación física.

· La confusión terminológica que se mantiene en torno al término psicomotricidad, que se entiende simultáneamente como una disciplina (la ciencia del movimiento), como una técnica (la práctica o terapia psicomotriz) y como sinónimo de la actividad corporal (destreza psicomotriz).

· La dispersión de los profesionales formados y su escasa conciencia colectiva que ha impedido contar con propuestas claras para la creación de la figura profesional.

Estamos convencidos de que esta situación va a cambiar y estamos haciendo todo lo posible para que así sea. Aprovechando el impulso del Forum Europeo de Psicomotricidad, hemos iniciado una serie de encuentros con las asociaciones de psicomotricidad del país. Fruto de estos encuentros ya disponemos de una única definición de psicomotricidad suscrita por las asociaciones que van a constituir la Federación de Asociaciones de Psicomotricidad del Estado Español y que ha partido de la definición elaborada por el Forum Europeo, introduciendo matices que la ajustan más a las peculiaridades de la psicomotricidad en nuestro país (véanse cuadros).

DEFINICIÓN DE PSICOMOTRICIDAD

Basado en una visión global de la persona, el término "psicomotricidad" integra las interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensoriomotrices en la capacidad de ser y de expresarse en un contexto psicosocial. La psicomotricidad, así definida, desempeña un papel fundamental en el desarrollo armónico de la personalidad.

Partiendo de esta concepción se desarrollan distintas formas de intervención psicomotriz que encuentran su aplicación, cualquiera que sea la edad, en los ámbitos preventivo, educativo, reeducativo y terapéutico.

Estas prácticas psicomotrices han de conducir a la formación, a la titulación y al perfeccionamiento profesionales y constituir cada vez más el objeto de investigaciones científicas.

Esta definición se redactó, inspirada en la definición elaborada por el Forum Europeo de Psicomotricidad (Brujas, enero de 1996), en Madrid el 27 de abril de 1996, y fue suscrita por las siguientes asociaciones:

  • Asociación Canaria de Psicomotricidad,

  • Asociación de Psicomotricistas del Estado Español,

  • Asociación Española de Psicomotricidad,

  • Asociación para el Desarrollo de la Práctica Psicomotriz,

  • Asociación para el Estudio de la Comunicación,

  • Asociación Profesional de Psicomotricistas.

 

 

FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DE PSICOMOTRICISTAS DEL ESTADO ESPAÑOL

Las asociaciones que están trabajando conjuntamente para vincularse a través de la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español son:

· Asociación Canaria de Psicomotricidad.

· Asociación de Psicomotricistas del Estado Español.

· Asociación Española de Psicomotricistas.

· Asociación para el Desarrollo de la Práctica Psicomotriz.

· Asociación para el Estudio de la Comunicación.

· Asociación Profesional Castellano-Leonesa de Psicomotricidad.*

· Asociación Profesional de Psicomotricistas.

* Esta asociación se ha integrado recientemente en el grupo que viene trabajando a lo largo de todo el año 1996, por esta razón no se encuentra entre las que elaboraron la definición presentada anteriormente.

Desde las asociaciones estamos convencidos de que hay especificidad en el ámbito de trabajo y en el tipo de abordaje, lo que justifica plenamente la existencia de un profesional con competencias propias. Su trabajo se desarrollaría tanto en el campo de la prevención o la educación, como en el de la reeducación o terapia y la administración podría incorporar a los psicomotricistas tanto en determinados servicios de la sanidad, como en la educación o en los servicios sociales, puesto que su trabajo no se reduce a la patología ni a la infancia.

La intervención psicomotriz se dirige tanto a sujetos sanos como a quienes padecen cualquier tipo de trastorno, limitación o discapacidad, cualquiera que sea su edad, y consiste en un planteamiento preventivo, educativo o terapéutico realizado a partir de la vivencia corporal. El trabajo puede desarrollarse individual o colectivamente y tanto en práctica privada (liberal) como integrado en estructuras institucionales educativas o socio-sanitarias.

El trabajo preventivo se desarrollaría tanto en centros de estimulación, como en hogares o escuelas infantiles teniendo por finalidad la evitación de trastornos o la reducción de previsibles consecuencias de factores de riesgo, igualmente se puede hacer un trabajo preventivo de situaciones que afectan a la vivencia del cuerpo como es el embarazo y parto o la degeneración de la tercera edad.

El trabajo educativo se centraría en las escuelas de educación infantil y primaria, e iría orientado tanto a la atención a los trastornos como a conducir el desarrollo por los cauces de la adaptación y el ajuste a los aprendizajes.

El trabajo reeducativo o terapéutico se orientaría a los casos patológicos, bien a la rehabilitación de síndromes psicomotores, como a trastornos psicomotores secundarios a otra alteración. La terapia psicomotriz puede hacerse en cualquier edad y ha de orientarse no tanto a la adquisición funcional de destrezas como a la integración personal y mejora de las relaciones con el mundo que rodea al individuo.

Esto significa que tanto la sanidad, como la educación o los servicios sociales tienen que implicarse en la consideración socioprofesional del psicomotricista, e igualmente, en la formación de este profesional deberá atenderse a este amplio espectro de necesidades, e incluso posibilitar la especialización, bien en bandas de edad, en técnicas o en servicios.

Si bien creemos que deben ser los psicomotricistas los que asuman la tarea de definir el perfil profesional del psicomotricista y elaborar una propuesta de formación básica, es interesante que se distinga la educación psicomotriz de la terapia psicomotriz. En realidad no porque se trate de cosas totalmente diferentes, sino porque hay que orientar la lucha en un doble sentido: por una parte por el reconocimiento de la psicomotricidad, como instrumento educativo e incluirla en la formación de los maestros y educadores para que, al igual que se ocupan de otros temas sin ser profesionales de ellos (matemáticas, ciencias naturales, etc.), puedan incorporar con conocimiento la práctica de la psicomotricidad en los ámbitos educativos; por otra parte por el reconocimiento de la figura profesional del psicomotricista, que desarrolla como actividad fundamental la intervención (terapia) psicomotriz, y cuyo trabajo se halla ligado a la patología, al tratamiento de disfunciones, alteraciones o discapacidades, y por tanto enmarcado en el ámbito de la clínica, la atención sanitaria, la educación especial o los servicios sociales.

En definitiva, los y las psicomotricistas españoles creemos que ha llegado el momento de plantear a la administración propuestas serias que conduzcan a la oficialización de la profesión de psicomotricista y para ello buscamos la unidad de todas las asociaciones y solicitamos el apoyo de las asociaciones y organismos integrados en el Forum Europeo de Psicomotricidad. Esperamos que en un breve plazo de tiempo, nuestra situación pueda cambiar para bien de la psicomotricidad y de todas las personas que pueden beneficiarse de su aplicación.

 

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