Belmar P.C./Bravo Murillo

1965

ESPAÑA

85 minutos

 

UN VAMPIRO PARA DOS

G

 

Director :

Pedro Lazaga

Interpretes :

Fernando Fernan Gomez

Gracita Morales

José Luís Lopez Vazquez

Trini Alonso

Goyo Lebrero

Guión :

José María Palacio

Pedro Lazaga

Fotografía :

Eloy Mella

Música:

Antón García Abril

 

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Que el cine español trató poco el cine fantástico hasta la eclosión del mismo a finales de los 60 no es ninguna novedad, como tampoco lo es el constatar que la abundante (y a menudo penosa) comedia hispana no solía inspirarse en el cine de terror para hacer sus parodias y sus chistes chuscos; por todo ello, UN VAMPIRO PARA DOS es una simpática excepción que, además, no carece totalmente de interés, por los motivos que a continuación intentaremos explicar.

Siempre se ha dicho, a menudo para justificar su ínfima calidad, que la comedia española de los años 60 y 70 es un fidelísimo retrato sociólogico de la España de la época.

La película que ahora nos ocupa es una buena muestra de la veracidad de tal afirmación, sobre todo en sus escenas iniciales. José Luis López Vázquez y Gracita Morales son un matrimonio que vive en la España de los "planes de desarrollo" y del "milagro económico" de mediados de los 60: ambos trabajan en el metro de Madrid y sus turnos de horario les impiden llevar una vida marital normal, teniendo en cuenta, además, que el hombre tiene pluriempleo, algo bastante frecuente en aquellos años (además de su trabajo principal, es vigilante nocturno en una obra y árbitro de fútbol). Ambos deciden, como previamente ya han hecho algunos conocidos suyos, irse a trabajar a Alemania, paradigma de la modernidad, de la eficiencia y donde se cobran "sueldos europeos" (sic). Al llegar a su destino se dirigen a la Casa de España en Düsseldorf, donde les dan la dirección de un empleo que nadie quiere: sirvientes en el castillo del barón Rosenthal. Al mostrar el papel donde les han anotado la dirección, todos los habitantes de la ciudad huyen horrorizados, hasta que finalemente un taxista decide acercarles: el taxista ha luchado en España con la legión Cóndor, con Rommel en el Afrika Korps, en el frente soviético y ha sido prisionero de Stalin. "Esto no puede ser peor", dice.

A las afueras de la mansión acude un coche fúnebre para recogerlos (la referencia a DRÁCULA es evidente), el coche está conducido por Wolf, un sirviente del barón que durante el día se metamorfosea en perro guardián del ataúd de su señor. Ya desde el primer momento observamos algo extraño en el castillo, pero nuestros protagonistas no parecen advertir lo evidente: el barón Rosenthal (Fernando Fernán Gómez) es un vampiro. A medida que avanza el metraje vemos que realmente es un vampiro de pacotilla: su alimento fundamental es el plasma sanguíneo que adquiere en las farmacias, y sus intentos de seducir a jóvenes rollizas se saldan con el fracaso más absoluto. Una noche se siente atraído por la cena que están preparando sus nuevos sirvientes españoles: sangre frita y sangría. Ante tal perversión el agregado militar del castillo (sic) avisa a Nosferata , la hermana del barón residente en Inglaterra, quien acudirá a Alemania acompañada de su cohorte de vampiras (¿lesbianas?) para arreglar el asunto. Unas oportunas sopas de ajo resuelven momentáneamente la situación y nuestro matrimonio, acompañado de Wolf, inicia la huida perseguido por Rosenthal, quien será destruido, en la frontera española, por el brillante reflejo provocado por el tricornio acharolado de un típico/tópico guardia civil con mostacho. Eludo comentarles el ridículo final anticlimático del filme, que no tiene maldita la gracia.

Frente a algún acierto puntual en la recreación del ambiente tétrico del castillo del barón, el film, como suele ser habitual en las parodias, adolece de trazos de humor zafio y facilón; sirvan como ejemplo los eructos provocados por la sopa de ajo que ahuyentan a la vampira o las recreaciones burlescas de canciones tradicionales: así Asturias, patria querida se transforma en Hungría, patria querida y Desde Santurce a Bilbao vengo por toda la oriila se ha convertido en Desde el Báltico al Mar Negro vengo por todo el Danubio. Lamentable. También a lo largo de todo el filme se nos dice machaconamente que como España no hay nada, que en Alemania serán más ricos y más eficientes, pero llueve mucho y no tienen paella, sangría ni toros (!) y varias veces se repite la expresión "¡Qué bonita es España". Y es que, aunque pobres y atrasados, en nuestro país no había vampiros y encima estaba la Guardia Civil para protegernos. Que éramos la envidia de todo el mundo, vamos. En fin, cosas del cine español de la época y del triunfalismo franquista.

 

DRACULA Y  EL CINE  DE VAMPIROS - http://www.teleline.es/personal/prometeo/dracul.htm