LUIS FILMS. 1973 ESPAÑA/ITALIA 102 minutos |
CEREMONIA SANGRIENTA
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Director : Jorge Grau Interpretes : Lucia Bose Guión : Jorge Grau Juan Tebar Syro Continenza Fotografía : Fernyo Arribas Música: Carlo Savina |
Es éste quizá uno de los títulos más
prestigiosos del boom del cine fantástico español del período, pero, aun reconociendo
que su calidad es bastante superior a la de la media de producciones de la época en este
país, a mí siempre me pareció una película fallida y cuyo resultado final queda por
debajo de las expectativas del espectador. La última revisión del filme ha confirmado
mis impresiones de cuando lo vi por vez primera. |
| En esa localidad residen el marqués Karl (un sádico cuyo mayor placer es ver la sangre que mana de las heridas que sus halcones provocan en las presas) y su esposa, Erzebeth Bathory, quien vive obsesionada con el recuerdo de su tocaya y antepasada, y atormentada porque la vejez la acecha y ya ha perdido la capacidad de atraer físicamente a su marido. |
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Un accidente fortuito (las gotas de sangre de una joven criada caen sobre su mano volviendo más blanca la piel) y los consejos de su pérfida aya, una hechicera anciana (quien le recuerda constantemente cómo la anterior condesa Bathory se mantuvo joven gracias a sus baños en sangre de mujer virgen) van a ser el detonante de los infaustos acontecimientos. El marqués muere de un ataque al corazón y, tras su muerte, se suceden los asesinatos de mujeres jóvenes; mujeres que vemos como el marqués lleva al castillo y degüella en el desván para que su sangre, por un orificio del techo, caiga sobre la bañera del piso inferior, donde la condesa recibe el fluido vital con delectación. Tras una serie de muertes inexplicables, los lugareños deciden ir a la cripta del castillo (es de noche y llevan antorchas, una constante que parece casi obligatoria en las películas del género) y, al abrir el ataúd del marqués no descubren su cadáver, sino el de las jóvenes asesinadas. |
| Poco después veremos cómo Erzebeth Bathory asesina a su marido mientras se entregaba a un rito sádico/sexual con una campesina a la que había seducido. Se celebra un nuevo juicio acusando a (el cadáver de) Karl de vampirismo, y es entonces cuando, sorprendentemente, la condesa confiesa atormentada por los remordimientos (en una escena previa se le habían aparecido en sueños los cadáveres putrefactos de sus víctimas, unos planos lamentables que sólo se explican para justificar la repentina confesión de Erzebeth): todo fue un acuerdo entre ella y su esposo; éste simularía morir y, así, impunemente podría satisfacer sus instintos sádicos y sangrientos mientras ella se aprovechaba de la sangre de las víctimas. Todo fue un acuerdo para satisfacer los intereses de ambos. La condesa es condenada a ser recluida de por vida en sus aposentos (que serán tapiados) teniendo como único contacto con el mundo exterior a su anciana aya (a quien se le corta la lengua). | ![]() |
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Que la película tiene un look más cuidado que el resto de producciones españolas del género de esa época es algo evidente, pero, una vez más, lo que falla es el guión (hay tres guionistas acreditados, entre ellos el director y el habitual Juan Tébar): los acontecimientos suceden no por una progresión lógica sino porque los guionistas lo han decidido así; el arrepentimiento final de la condesa es poco creíble, el personaje del marqués está mal dibujado, hay una serie de ramificaciones que quedan poco explicadas:las investigaciones del primer acusado de vampirismo, un doctor que parecía conocer bebedizos que provocaban una falsa muerte;la maldición del medallón, el pergamino de una tal Carmilla (¿les suena el nombre?) que se cita en una ocasión pero que no vuelve a aparecer en toda la película, etc.. |
| Si a esto añadimos que Jordi Grau
nunca fue un gran director (ni de este género ni de ningún otro, aunque fuera autor de
la muy curiosa NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS) y que además, siguiendo la moda de
la época, usa y abusa de los zooms sin que éstos vengan a cuento, hemos de concluir que
este filme, a pesar -insisto una vez más- de ser mejor que la mayoría de títulos
españoles fantásticos del período, no es ninguna obra maestra. Citemos, como dato curioso, que el papel de marqués seductor de jovencitas fue interpretado por Espartaco Santoni, un actor limitado, pero reputado semental y play-boy que, antes de fallecer, tuvo a bien explicar en sus memorias no sólo qué mujeres famosas pasaron por su lecho, sino también sus gustos, sus vicios, sus perversiones y todo tipo de intimidades muy privadas que levantaron más de una ampolla entre lo más granado del show-business femenino español. |