San Vicente Ferrer y el Compromiso de Caspe
S
an Vicente Ferrer nació en Valencia en el año 1350 y murió en Vannes en 1419. Vive el santo valenciano una época de cambio de siglo de la baja Edad Media a la Edad Moderna. La segunda mitad del S. XIV fue un tiempo de crisis: crisis económica, consecuencia de la peste negra que s extendió por Europa; crisis espiritual que desembocó en el Cisma de la Iglesia, y crisis política, que al término de la Guerra de los Cien Años, produce un cambio transcendental en el orden europeo: la sustitución del Imperio universal por los Estados territoriales de las monarquías autoritarias. Periodo de transición fue el contexto histórico en el que transcurre la vida de San Vicente, el cual ingresó en la orden mendicante de Santo Domingo de Guzmán en 1367 y en 1379 fue nombrado prior del Convento de Predicadores de Valencia.La orden de predicadores de Santo Domingo o frailes dominicos había sido fundada por este Santo en el S. XIII, para combatir la herejía y organizar el estudio del pensamiento filosófico en las Universidades. Sus religiosos ocuparon las más prestigiosas cátedras de las Universidades europeas, encuazando la asimilación de la filosofía griega por el pensamiento cristiano por el camino de la ortodoxia.
Los dominicos asumieron la corriente racionalista dentro de la filosofía escolástica, tendencia que se impuso sobre la corriente mística de los franciscanos. Santo Tomás, el máximo representante de esta tendencia, ocupa la cátedra de Teología de la Sorbona, y realiza la síntesis del pensamiento escolástico y la filosofía aristotélica en su obra la "Suma Theológica". Estos antecedentes forjaron la fuerte personalidad de San Vicente que por su rectitud, su formación espiritual e intelectual, fue llamado por la Iglesia para desempeñar relevantes cargos eclesiásticos cerca del Papa Benedicto XIII en Avignon, el cual quiso nombrarle cardenal, nombramiento que no fue aceptado, así como tampoco aceptó el obispado de Lérida ni el arzobispado de Valencia, pues no quiso apartarse de la misión de su orden: combatir la herejía mediante la predicación.
Después de su estancia en Avignon se dedicó a la evangelización, recorriendo toda la Europa Occidental. Anduvo predicando por Francia, Flandes, Inglaterra, norte de Italia, Escocia....
Por su prestigio intelectual y buen juicio fue solicitado también, por los hombres de estado de su época para dirimir cuestiones de la máxima trascendencia. Una de estas cuestiones fue el Compromiso de Caspe.
En Aragón, a la muerte de D. Martín I el Humano el 31 de mayo de 1410, pretendieron el trono varios candidatos: el Infante de Castilla D. Fernando de Antequera, hijo de Dª Leonor, hermana mayor de D. Martín; D. Jaime, Conde de Urgel, biznieto por línea paterna de Alfonso IV de Aragón; el Duque de Gandia D. Alfonso, primo segundo de D. Martín y nieto por línea paterna de Jaime II: D. Luis, Duque de Calabria, hijo del Rey de Nápoles Luis de Anjou y de Dª. Violante, hija de Juan I de Aragón y sobrina carnal de D. Martín; y finalmente D. Fadrique, hijo natural de D. Martín de Sicilia, legitimado por Benedicto XIII y por quien D. Martín el Humano había mostrado bastante afecto. Todos mandaron embajadas para exponer sus derechos. El que menos interés suscitó fue el Duque de Gandía, pues era anciano y murió pronto. D. Fadrique, menor de edad, tenía pocos partidarios; el Duque de Calabria contaba con el apoyo de los Luna y buscó tambien el de Granada e Inglaterra. D. Fernando de Antequera tenía en Aragón un numeroso partido, la influencia de Castilla, la del Papa Benedicto XIII y la del elemento eclesiástico.
Representantes de los tres Parlamentos, el aragonés, el catalán y el valenciano acordaron, el 15 de febrero de 1412, elegir nueve personas que decidieran acerca de la sucesión en el trono, en el término de dos meses prorrogables por otros dos. Las deliberaciones se tendrían en la villa de Caspe, equidistante de las capitales de los tres Estados. El señorío de la villa se entregaba, durante el tiempo que durasen las deliberaciones, a los nueve compromisarios, con una guardia de tres capitales, uno por cada Estado, con cien hombres bajo sus órdenes cada uno. Se prohibió que nadie se acercase a menos de cuatro leguas de Caspe con más de veinte hombres armados.
Los compromisarios desigandos fueron: por Aragón, Domingo Ram, Obispo de Huesca; Francés de Aranda, donado por la Cartuja de Porta Coeli y Berenguer de Bardají, letrado; por Cataluña, Pedro Sagarriga, arzobispo de Tarragona, Guillen de Vallseca, letrado y Bernardo de Gualbes, letrado y conseller de Barcelona. Por Valencia, Bonifacio Ferrer, prior general de la Cartuja; el maestro fray Vicente Ferrer, dominico y el letrado Giner Rabasa, que fue sustituido por Pedro Beltrán.
El 18 de abril se reunieron los compromisarios en el castillo de Caspe, donde oyeron los alegatos de los pretendientes. Desde el principio, la controversia parecía limitada a dos de los aspirantes: D. Fernando de Antequera y el Conde de Urgel. El primer compromisario que habló fue S. Vicente, a favor de D. Fernando al que debía adjudicarse el trono "por justicia, según Dios y en su conciencia", palabras de San Vicente, según Zurita. El arzobispo de Tarragona creía "más útil" la elección de D. Fernando, aunque preferentes el derecho del Conde de Urgel y el del Duque de Gandía, con el inconveniente de que los dos eran iguales. A esta opinión se adhirió Vallseca. Pedro Beltrán declaró que no estaba en condiciones de fallar.

El Compromiso de Caspe, óleo de Salvador Viniegra
El 24 de junio se procedió a la votación. Votó el primero S. Vicente en favor de D. Fernando y a su voto se adhirieron su hermano Bonifacio Ferrer, los aragoneses Francés de Aranda, Berenguer de Bardají, el obispo de Huesca y el catalán Bernardo de Gualbes con las siguientes palabras:" In omnibus et per omnia adhero voto et intencione praedicti domini magistri Vicenti".
El arzobispo de Tarragona no votó a D. Fernando, aunque creía más conveniente su elección; Vallseca se declaró abiertamente por el Conde de Urgel. Quedó, pues, elegido el infante de Castilla D. Fernando de Antequera, hijo mayor de la hermana mayor de D. Martín I el Humano, por seis votos contra dos y una abstención.
La designación de Fernando de Antequera correspondió así a dos reinos, Aragón y Valencia, al apoyo de la Iglesia a través de Benedicto XIII y por medio del cartujo Bonifacio Ferrer y el dominico Vicente Ferrer, y a la burguesía barcelonesa representada por el conseller Bernardo de Gualbes. La elección no obedecía tanto a razones de legalidad como de utilidad. Pues un interés económico vinculaba a la burguesía catalana con Fernando de Antequera; la lana castellana de La Mesta, en manos del poderoso Infante de la casa de Trastámara, necesaria para su industria textil, y encontrar nuevos mercados para sus productos. D. Fernando obtuvo en Caspe la unanimidad aragonesa, la mayoría valenciana con los dos votos de la Iglesia y la minoría catalana con el voto del burgués Bernardo de Gualbes. Al apoyar la causa de Fernando, la burguesía catalana hizo triunfar, con la nueva dinastía, la fórmula pactista como derecho constitucional de la Corona de Aragón. Esta oligarquía se hizo pagar los servicios prestados en Caspe. Las Cortes d 1413 regularizarían y darían forma estable y permanente a la Diputación del General o Generalidad y ello consagró el triunfo del principio pactista.
Según P. Vilar la sentencia de Caspe puso fin a dos hechos políticos: la primacía de Cataluña en la Corona de Aragón y la colaboración de la monarquía aragonesa con las clases dirigentes de Cataluña. Ahora se impondría el desquite de Aragón y Valencia, ésta con su gran resurgir económico y cultural sobre una Cataluña hundida en la crisis de la baja Edad Media.
En la historiagrafía el fallo de Caspe continúa siendo polémico. Para M. Dualde es una clara muestra de la madurez política de los Estados de la Corona. Para Menendez Pidal el "antequerismo" es como un factor básico del "visigotismo" en la formación de la unidad española. Vicens Vives ha visto en el fallo de Caspe el desplazamiento de la oligarquía feudal catalana, representada por el Conde de Urgel, por la burguesía barcelonesa.
De este modo la rama menor de la casa de Trastámara quedó instalada también en la Corona de Aragón. El establecimiento de una misma dinastía en Castilla y Aragón fue un poderoso factor en el camino de la unificación española.
Se hicieron doumentos notariales de las deliberaciones del fallo de Caspe, que fueron leídos solemnemente el 28 de junio de 1412, después de un sermón de San Vicente. La sentencia fue muy celebrada en Aragón, menos en Valencia y mucho menos en Cataluña. Este descontento trató de paliarlo San Vicente con un nuevo sermón exaltando las virtudes de D. Fernando, el cual había demostrado ampliamente su valía y dotes de gobierno durante su regencia en Castilla, en la minoría de su sobrino Juan II, hijo de su hermano Enrique III.
Mª Soledad Llixiona Belda