EL MUSEO DE ULÍA
DATOS DEL MUSEO DE ULÍA
El Museo de Ulía está ubicado en la Parroquia de Nuestra
Señora de la Asunción, justamente bajo el antiguo coro, en la
plaza de la Constitución. Al pie de la torre del mismo templo.
Se accede al museo por una portada en arco de medio punto.
Está compuesto por dos salas, más bien pequeñas. Una fue
durante siglos osario de la parroquia. El arco estaba tapado y
fue descubierto en 1976 al hacer unas obras en la fachada. La
segunda sala es la antigua algibe de la parroquia. Tiene una
preciosa bóveda del siglo XVI. Ambas salas fueron unidas por una
escalera de ladrillo antiguo. El marco del museo de Ulía es
realmente sugerente y llama la atención de los visitantes por su
originalidad.
El Museo cuenta con cerca de trescientas piezas de arqueología
que fueron catalogadas en su día por la Delegación de Cultura
de Córdoba. El Ayuntamiento de Montemayor conserva un álbum
fotográfico de todo el material existente en el Museo. Y en el
Archivo Parroquial se conserva una copia del inventario.
HISTORIA DEL MUSEO DE ULÍA
El término municipal de Montemayor es pródigo en restos
arqueológicos. Aún hoy día se pueden ver a simple vista sobre
el terreno, restos de cerámicas ibero-romanas y con cierta
frecuencia aparecen monedas de todo tipo, fragmentos de vasijas,
trozos de mármol, hachas de piedra, incluso algunas
inscripciones. Estos descubrimeintos eran mucho mas frecuentes
cuando se tractoreaban las tierras para poner viñeedos. Hasta el
año 1965 casi nadie había hecho caso a esos restos. Algunos
iban a parar a los Museos nacionales, o se vendían a los
anticuarios. En no pocos casos los objetos hallados se
destruían, por la incultura y poca estima. Pero en ese año de
1965 llegó a Montemayor destinado como párroco el autor de este
trabajo, don Pablo Moyano Llamas. Desde el primer momento se dio
cuenta de la riqueza arqueológica de la villa. Lo primero que
hizo fue mentalizar a todo el vecindario de la importancia que
tenían esos restos, dispersos por el suelo de Montemayor.
Hizo una gran campaña entre los niños de las escuelas y
suplicó la colaboración del Ayuntamiento y de las autoridades y
vecinos. Algunas casas y la misma parroquia, guardaban algunas
muestras de esos hallazgos, incluso en algunos domicilios esos
objetos y monedas se guardaban desde tiempo inmemorial. Fueron
los cimientos del Museo de Ulía. Tiempo, sudor y dinero costó
ir recogiendo los más diversos objetos. También algunos de los
que hoy se conservan en las vitrinas fueron comprados en tiendas
de antigüedades, en mercadillos públicos. O simplemente fueron
donados al párroco por personas amigas del mismo, o de
Montemayor.
Primeramente el Museo estuvo instalado en el actual
"Cuartelillo de Hermandades", también ubicado en la
parroquia, bajo la capilla de la Inmaculada Concepción.
Posteriormente -en 1976- al descubrirse el osario de la parroquia
y unirlo al algibe, se trasladó a esas instalaciones donde
quedó definitivamente instalado.
Aunque se trata de dos salas más bien pequeñas sin embargo
puede decirse que el Museo de Ulía es uno de los más sugerentes
y atractivos de nuestra campiña, aparte de ser el más antiguo
de los Museos Locales. Todo el espacio ha sido estupendamente
aprovechado, ya que se hizo una vitrina corrida a lo largo de
toda la primera sala, en ladrillo visto antiguo y cerrada por
amplia y alargada cristalera. También se aprovecharon algunos
huecos en la pared y hasta el mismo brocal por donde se subía el
agua para el consumo de la iglesia se aprovechó para instalar en
él un bien conservado molino romano. En el centro de la primera
sala se colocó una gran vitrina donde se exponen diversos
objetos que iremos describiendo más adelante. En la antigua
algibe se levantaron pedestales para las vasijas y esculturas y
también vitrinas. Queda así, un pequeño, pero bien repleto y
aprovechado Museo donde los vestigios de la antigua Ulía
ibero-romana se exponen a la contemplación y al estudio de los
amantes de la arqueología. Para su mayor aprovechamiento
didáctico sobre la mayoría de los objetos se han colocado
pequeñoos rótulos explicativos y también se hace constar el
lugar de procedencia de los hallazgos y algunas personas
donantes.
La transformación de las salas en Museo se hizo con el
patronazgo de la Delegación de Cultura, siendo titular del mismo
don Manuel Nieto Cumplido. También colaboró el Ayuntamiento,
bajo el mandato de don Antonio Galán Marín quien facilitó
obreros del paro para las obras de reforma.
En el año de 1971, y por un decreto del Vicario general del
Obispado -Sede Vacante- el Museo de Ulía fue declarado Museo
Oficial de la Iglesia de Córdoba. Firmó el decreto el Iltmo.
Sr. don Juan Jurado Ruiz. En esos años de la década de los
sesenta fue cuando el Museo de Ulía conoció su mayor
incremento.
SALA PRIMERA
Como ya hemos dicho el Museo de Ulía consta de dos
salas y ambas están -valga la palabra- atiborradas de objetos.
Esta primera sala tiene una larga vitrina que da la vuelta a las
paredes laterales y de fondo, donde también hay un nicho que en
su tiempo daba acceso al templo parroquial.
Sobre la vitrina de las paredes hay una repisa en ladrillo
visto que también se ha aprovechado para colocar sobre ella
piezas. Sobresale en esa repisa una amplia colección de
proyectiles de piedra. Todos ellos han sido hallados en los
aledaños de Montemayor, y no pocos en los mismos corrales de las
casas. Esos proyectiles nos hablan muy claramente del asedio que
fue sometida la ciudad por las huestes pompeyanas, poco antes de
la batalla de Munda, tal y como nos lo narra el "Bellum
Hispaniensis" de Aulo Hircio. En la segunda sala también
existe una vitrina donde se guardan "glandes", o
proyectiles de plomo. La inmensa mayoría de esos proyectiles se
han encontrado en un cerro, cerca del cementerio, y que lleva el
nombre de "Cerro de la Horca". Esa proliferación de
proyectiles de plomo en ese sitio denota la permanencia
prolongada de un campamento romano. También en ese cerro han
aflorado muchas monedas y ha sido objeto de la preferencia de los
buscadores de metales.
Apenas se abre la puerta del MUSEO, el visitante se topa en el
suelo con una inscripción muy curiosa, que debió formar parte
bien de un frontispicio o de algún monumento. Aunque está muy
incompleta y es casi imposible adivinar el texto, tiene un gran
valor porque en ella se habla de los "ULIENSES". Es la
única encontrada recientemente que cita a los habitantes de la
vieja ULIA, aunque son no pocas las halladas en la antigüedad
que dejan constancia de la ciudad ibero-romana. Puede decirse que
tal vez -y acaso sin tal vez- de ninguna ciudad antigua quede
constancia de tantas inscripciones como de ULIA. En los últimos
años el epigrafista alemán Armin Stiloff ha estudiado a fondo
todas las inscripciones de ULIA, algunas de ellas existentes en
el castillo ducal de Frías. Esta de los "Ulienses" fue
encontrada cerca de "Dos Hermanas". La mejor
inscripción que se conserva en el Museo está ubicada en esta
sala, y justamente en el nicho de la pared. Se trata de una
inscripción en piedra cárdena, lápida sepulcral en la que
curiosamente se han grabado dos nombres de dos apellidos famosos
en las tribus o familias romanas, fallecidos en distintos
tiempos. El primer difunto es de la familia CORNELIA y el segundo
de los CALPURNIOS. La primera es del siglo I y la segunda
posterior. Al hacer el "cursus honorum" del tal
CORNELIO pone "PONTUFEX" en vez de
"PONTIFEX". Fue hallada en la finca de "Rayos y
Matas" por Antonio González Moreno.
En esta sala existen algunas inscripciones más. Una está
consagrada a un hijo de Augusto: CAIO y durante siglos estaba
sirviendo de poste en la antigua cárcel de la villa en el paseo.
Las restantes son también lápidas sepulcrales. Una de un tal
Cayo Hermes, encontrada en el pago denominado "El
Cañuelo", uno de los "lugares arqueol¢gicos" de
Montemayor, más interesante por haber existido allí una
lujosísima villa donde han aflorado numerosísimos restos e
infinidad de monedas. La otra inscripción sepulcral apareció en
la calle Barrera y está consagrada a una dama, denominada
SURIACA.
También en el nicho existe otra pequeña inscripción sepulcral
de un niño llamado FRIGITO, del cual se dan detalles de los
años y meses y días, pero sin completar esos datos. La
conotación "receptus" con que termina la inscripción
que está siendo estudiada por Stiloff y que mide tan solo como
media mano.
En diversos rincones de esa sala se conservan dos formidables
tinajas romanas halladas también en la finca "Rayos y
Matas". Al filo de la pared se encuentran los más variados
objetos, tales como fragmentos de mosáicos, ruedas de molino, un
dintel de puerta tallado con motivos ornamentales, basas de
columnas, un arado de piedra, alguna que otra vasija y una piedra
soporte de inscripción sepulcral.
La vitrina que recorre las paredes laterales y del fondo en esta
sala, es no menos interesante. En ella se pueden observan algunos
fósiles y alguna piedra lisa donde están como petrificadas
diversas ramas de árboles. El hallazgo de esos fósiles es
bastante frecuente en los cerros que rodean el Montemayor actual.
Hay unos colmillos de anfibio encontrados en una cantera de
arena, cerca del cementerio. Junto a esos restos fósiles, la
vitrina conserva y guarda otros muchos utensilios de todo tipo.
Vasijas, platos -hay un plato de bronce del "Cañuelo",
muy interesante-, vasijas, platitos miniatura, objetos de
labranza en hierro, una colección de pesas de telares y algunos
restos de cañerías de plomo de "La Zargadilla". Paso
por alto algunos objetos de menor importancia.
Esta primera sala, tiene una vitrina central donde se guardan
estupendas colecciones. Vale la pena resaltar ante todo la
colección de monedas. Aunque no pocas están en mal estado de
conservación, constituyen un espléndido testimonio de la
riqueza numismática de ULIA. Es precisamente esta moneda la más
interesante, como es lógico. El Museo conserva siete u ocho
monedas de este tipo. El profesor Gómez Moreno las incluye entre
las turdetanas. Todas las del Museo son del mismo tipo. En su
anverso tiene una cabeza de diosa y bajo ella una media Luna. Se
trata de un tipo mixto de moneda, con modelos indígenas pero con
inscripción latina. En el reverso tiene dos ramas de olivo y la
inscripción ULIA. La espiga de trigo y las ramas de olivo
denotan los cultivos de la tierra.
La amplia colección de monedas abarca desde algunas ibéricas a
los siglos III y IV de nuestra era. Muy interesantes son también
un pequeño guerrero en bronce hallado en el "Cañuelo"
y un racimo de uvas, también en bronce procedente del mismo
pago.
Tal vez lo más interesante de esta vitrina, donde se mezclan
cosas de diversos tiempos sean algunas puntas de flecha y lanza
de la época del bronce. Algunas de estas puntas de flecha pueden
tener varios cientos de años antes de Cristo, tal vez siete u
ocho siglos, y han sido halladas en las laderas de Montemayor.
Hay algunas piezas del paleolítico y útiles de silex, pero no
todos ellos han sido encontrados en Montemayor. Lástima de la
vasija de tipo campaniforme, sólo se conserve de ella una parte
no muy grande. Está decorada con líneas incisas.
Desgraciadamente de las figuras ibéricas encontradas en
Montemayor el Museo sólo conserva una cabeza incompleta de
caballo, hallada en el "Cerro de la Alcoba". Dos
figuras -un guerrero y un carnero encontrado en el jardín del
Castillo- se encuentran en el patio central del mismo. En el
Museo de Córdoba se conserva un toro de carácter funerario del
siglo IV antes de Cristo. Procede del Cerro de la Alcoba.
También aparecieron allí dos leones funerarios que fueron
llevados como si procedieran de La Rambla en tiempos de la
República. Consta también una cabeza de caballo aparecida en
"Las Cabezas del Rey", en el camino de Montemayor a
Montilla. Y de algunas figuras destrozadas por la ignorancia, y
que denotan sobradamente la proliferación de figuras ibéricas
nacidas del suelo de Montemayor.
También es abundante esta vitrina central de la primera sala en
pequeñas piezas de bronce, la mayor parte de ellas romanas:
anillos, fígulas, hebillas, adornos, botones. También medidas
de peso en plomo y en ladrillo. Una de las piezas de plomo tiene
más bien figura de idolillo.
En esta sala del MUSEO DE ULIA -y aunque no tiene nada que ver
con la arqueología- se conserva una bula papal en pergamino y el
documento del año 1517 en que se nos deja constancia de la
traída de una reliquia desde Roma, por D. Antonio de Aranda, del
mártir San Acacio, general romano, que sería nombrado Patrono
de Montemayor en 1634, aunque se veneraba en la villa desde el
año de su llegada.
SALA SEGUNDA
Como se ha dicho la sala segunda del
Museo está constituída por la antigua algibe de la parroquia, y
es muy posiblemente del siglo XVI, es decir, se construye cuando
se hace la iglesia. Está hecha en ladrillo antiguo, piedra y
cal. Una argamasa durísima de gran espesor. Como era muy honda
debió de rellenarse en más de tres o cuatro metros para poderla
unir a la sala primera. Se ha respetado su estructura
fundamental. Se hizo un pequeño tunel de ladrillo antiguo -como
también se dijo- y su alumbrado se embelleció tapando las
bombillas con tejas morunas. Esta sala constituye el "sancta
Santorum" del Museo de Ulía, en primer lugar por su
configuración tan original, con su bóveda y su clarabolla -hoy
tapiada- por donde no hace muchos años entraba el agua de la
calle y de los tejados de la Iglesia.
Decía que era el "Sancta Santorum" del Museo. Me gusta
llamarla la "sala de las esculturas". Y con razón.
Allí se conservan las mejores piezas del Museo. Las que dan
testimonio sobre todo de la grandeza de la ULIA ROMANA.
Cuando la Paz de Augusto se consolida, la
campiña cordobesa se convierte en centro apetecido por muchas
familias de rancia estirpe. Apellidos de renombre. Aquellos
patricios intentaron -y a bien que lo consiguieron- trasladar a
esta "Corduba" el lujo y la opulencia de que gozaban en
la Roma Imperia
l.
Sedientos de tierras fecundas, las descubrieron en esta Bética
de fuertes contrastes. Pero decidieron asentarse -muchos de
ellos- en estos pagos donde construyeron espléndidas
"vil-las" que no tenían que envidiar en absoluto a
muchas casas solariegas de la Urbe y de las restantes ciudades de
Italia. Nada faltaba en aquellas casas de labranza, que eran a la
par, cortijos y palacios. Así se explica que no les faltara de
nada: desde sus cañerías de agua, sus jardines con fuentes y
estátuas de mármol, sus patios con mosáicos, sus piscinas y
sus termas. No eran tontos esos patricios. Siempre buscaban
ubicar sus residencia cerca de los rios, los manantiales, las
vaguadas donde el agua era más fácil de conseguir.
Las fértiles tierras de Ulía fueron un marco ideal para la
construcción de esas villas. Los vertigios que hasta nosotros
han llegado son lo suficientemente expresivos. Y eso sin contar
las imnumerables piezas perdidas o llevadas a otros Museos en
tiempos pasados. Hoy donde se asentaban aquellas casas de
labranza, a cuyo servicio había siempre un enjambre de esclavos,
se ubican las huertas "Cañuelo","Brocal",
"Pilones", "Alcoba", Cacería",
"Conde", "Zargadilla",...
Esta segunda sala del Museo de Ulía conserva en sus pedestales
de ladrillo viejo, una pequeña pero impresionante colección de
esculturas. Resulta difícil decidir cúal es la mejor de ellas.
Frente a la escalera, y en primer término, está el
"Sátiro" de la Zargadilla. Según parece en el Museo
de Barcelona existe otra igual. Le falta la cabeza y tiene
alrededor del torax una piel de cabra. Mide cerca de un metro.
Otra pieza de
singular belleza es la "Venus de Montemayor". Sólo se
conserva la cabeza, y es también de la Zargadilla. Como todas
las de este pago fue donada al museo por Doña Antonia Carmona
Carmona. Se trata de un rostro bellísimo, de finura y elegancia
extraordinaria, con un peinado, no menos sugestivo. Tiene una
pequeña rotura ocasionada por los arados.
No menor mérito tiene el león. Una pieza excepcionalmente
esculpida donde la melena, y la fiereza están admirablemente
reflejadas. Está casi entero, a falta de la parte inferior de
las patas.
Reseñemos también dos piezas de singular valor: un niño con
una especie de caracola, que debió ser figura ornamental de un
jardín, el de "Zargadilla". Y también una pequeña
cabeza en miniatura de Hermes, conservada en una vitrina.
Sobre un pedestal un retrato de un noble patricio, al parecer de
la familia Claudia. Todas las esculturas romanas del Museo de
Ulía se pueden ubicar en el siglo I después de Cristo. Se
desconoce el lugar exacto de su procedencia.
Sobre otro pedestal se expone una cabeza incompleta de caballo
ibérico, hallada en la calle Arenal, al derribar una tapia, pero
al parecer también procede del Cerro de la Alcoba, por desgracia
hoy desmantelado en gran parte. Allí debió existir una gran
necrópolis ibérica, dado los restos aparecidos en el decurso
del tiempo.
Singular pieza también una máscara de Baco, de la cual sólo se
conserva un trozo de rostro, con sus racimos y sus ojos hundidos,
que debieron ser de cristal. Fue encontrada en el llamado
"Arroyón", en un vaciadero de escombros.
Pero no son estas las únicas piezas de la sala, aunque si las
más importantes. En distintos rincones de la sala se conservan
algunas vasijas, halladas casi todas dentro del actual casco de
Montemayor, algunos morteros de piedra cárdena. Tal vez la
vasija más importante sea una de barro negro, con algunos huesos
dentro, descubierta por un servidor, cuando un arado fondeaba la
tierra para poner viñeedos. Puede tener varios siglos antes de
Cristo. En ese lugar "Cerro de la Alcoba" afloran
muchos restos de ese tipo.
También se muestran otras urnas cinerarias, todas romanas. Muy
interesante es una base de columna, en m rmol de Carrara,
preciosamente tallado y que denota el lujo de la villa -o villas-
existentes en "El Cañuelo", en los siglos primeros de
la era cristiana. También se conservan varios otros capiteles,
pero estos más sencillos y lisos.
Además de las esculturas, la sala tiene tres vitrinas. En una se
guarda una colección de "glandes", algunos lacrimales,
la cabecita de Hermes, otra pequeña bastante deteriorada, y una
piedra grande donde se pueden ver perfectamente dibujados los
rasgos de un pez. ¿Se trata del pez cristiano? Yo pienso que si.
Estariamos entonces ante el vestigio más antiguo de la Ulía
cristiana, que también la evangelización llegó pronto a su
fecunda campiña, como sabemos por otros testimonios, y entre
ellos la pequeña inscripción de la sala primera del niño
"Frigito". En el patio del castillo Ducal se conserva
otra lápida sepulcral romana de una tal "Lucia Segris"
en la que se lee perfectamente "cum potuero veniam"
(cuando pueda volver contigo), que denota -yo al menos
pienso eso- una decidida esperanza en la otra vida. En cuanto a
los lacrimales los hay de cerámica y de cristal. Están
intactos.
Otra vitrina de esta sala est dedicada a guardar una no
pequeña colección de lucernas. La mayoría de ellas son
romanas. La más bonita y valiosa es una que tiene los mismos
atributos que la moneda de Ulía: la espiga y el racimo de
aceitunas, con un círculo central. Otra lucerna muy interesante
es una árabe que conserva una inscripción alrededor. Los
entendidos dicen que pone "El Reino para Dios". Todas
ellas han sido encontradas en los alrededores de Montemayor.
Y nos queda todavía la vitrina mayor de esta segunda sala.
Rodeandola se han puesto no pocos restos de cerámica, sobre todo
ibérica, y otros trozos, aun más antiguos, tal vez cerámicas
de los siglos VII ó VIII antes de Cristo.
Esta última vitrina del Museo conserva objetos muy diversos. Y
tal vez los más antiguos, porque contienen algunas hachas de
piedra tallada, y también alguna pulimentada. Son signo de la
presencia del Paleolítico y del Neolítico en Montemayor. Sin
duda alguna la pieza más valiosa es un hacha de bronce, de
grandes dimensiones, un poco toscamente fundida y queapareció en
el "Cerro de la Alcoba" junto con alguna escultura que
se hizo polvo, al arrojarla como material de construcción,
partiéndola. Junto a ella había una fígula y unas puntas muy
pequeñas de bronce también.
Pieza curiosa es un pequeño ídolo de hueso, que tiene los ojos
y la boca señalados con círculos, muy bien dibujados. Es
idéntico a otros de ese tipo aparecidos en Carmona. Se desconoce
el lugar exacto de su origen.
Pieza curiosa de esta vitrina es una especie de huevo petrificado
y un rosario o collar de vertebras de animal, que debió servir
de adorno para las damas de hace dos mil quinientos años.
En el antiguo brocal de la algibe, por donde se sacaba agua para
la limpeza del templo parroquial está colocado un molino romano,
con su base y su piedra de moler. Un ejemplar de gran tamaño, y
que se conserva casi entero. Detrás de él, unas tégulas y otro
mortero romano, hallado en "Los Alamillos".
Este es el Museo de Ulía. Como dije han sido infinitas las
piezas arqueológicas que han ido a parar a otros museos. Otras
se perdieron para siempre, por culpa de la ignorancia, y otras
por la mala voluntad de quienes no comprendieron que el mejor
destino de esos restos es las vitrinas de los Museos Locales. En
esas dos salas, y en esas modestas vitrinas está, no ya,
una parte nada despreciable de nuestro patrimonio: est una
buena parte de nuestra historia. Contemplar una escultura, poner
los ojos en una inscripción, tomar en las manos un trozo de
mosaico o una moneda es revivir el pasado, es entroncar
gozosamente con nuestras raíces más lejanas. Desde la Edad de
Piedra al Bronce, desde el mundo Ibérico al Romano, desde la
dominación musulmana a los tiempos más modernos, cada raza y
hasta cada generación nos ha dejado su huella.
El Museo de Ulía no es historia muerta. Es el latido de cien
generaciones, de muchos pueblos y gentes que prefirieron estos
pagos para vivir y morir. Cada uno de esos objetos es palabra
viva, testimonio fehaciente, escritura eterna que nos habla muy a
las claras de sudor, guerras, gratitud, amor y progreso. El
latido de los pueblos se proyecta incólume en esas vitrinas, por
encima de los siglos y de todos los avatares de los tiempos. Por
eso a un Museo -por pequeño que sea- se debe uno acercar con el
alma abierta, sedienta de saber. De bucear un poco en la historia
local, seguros de descubrir en ella, tesoros incalculables. Un
museo es siempre un manantial de agua limpia donde el alma sale
henchida, y con una formidable lección aprendida: donde saciamos
la sed y nos abrimos a la gratitud. Porque somos deudores de
todos ellos.
Montemayor tiene en el Museo de Ulía y en su castillo sus
raíces más antiguas. Y para el visitante ser siempre un
regalo para los ojos y el espíritu. Los hijos de la antigua
Ulía lo muestran con orgullo. Y también con gratitud, porque
toda visita les honra. El visitante será siempre ya, su
pregonero.
Pablo Moyano Llamas.
BIBLIOGRAFIA
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1979
- Alicia María Cantó: "Inscripciones inéditas
andaluzas", Revista Habis, 1977. Pag. 407.
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Córdoba 1983.
- Moyano Llamas, Pablo: "El mundo de Ulía". B.R.A.
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- Moyano Llamas, Pablo: "Lugares arqueológicos de
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- Moyano Llamas, Pablo: "Montemayor, retazos de
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- Varios: "Los pueblos de Córdoba, Montemayor".
Córdoba 1993.